viernes, 24 de marzo de 2006

Condiciones para una rendición

De la serie: «Pequeños bocaditos»

Oía ayer en un telediario de esos, a alguien que decía algo así como (disculpadme la imprecisión de la memoria, creo que respeto el sentido del discurso): «Ya no podemos hacer nada por los que han llegado tarde. Ahora se trata de que nadie llegue tarde nunca más». Esa persona hablaba del proceso que, con mejor o peor fortuna futura se inicia hoy. Esa persona no era un rojo peligrosísimo, ni un sicario de Carod Rovira, ni un antiglobalización, ni nada de eso. Esa persona hablaba con la misma autoridad moral que las víctimas de terrorismo porque es una víctima del terrorismo: me refiero a la hija de Ernest Lluch. Así que, señor Zaplana, cierre de una puta vez el jodido periódico y métaselo -háganos ese favor- por el culo.

La parroquia pepera está desconcertada, entre la espada de su historial de perrera sostenido hasta hoy mismo (aunque hoy ya balbuceante y desorientado) y la pared de un posible futuro de fin digno del terrorismo en el que ellos no tuvieran protagonismo, atrapados en su estúpido sostenella y no enmendalla. Lo dije el otro día: cada cual recoge lo que siembra y en esta ocasión San Joderse cayó en miércoles. En miércoles, 22 de marzo de 2006. Imposible, eso sí, no hacer mención del impresentable pepero vasco esparciendo mierda y mezclando al estatut catalán en la conspiración judeo-masónica; tampoco hay que dejar de mentar al otro impresentable (¡y pensar que dentro de dos años puede ser President de la Generalitat..!) que venía a decir lo mismo, pero en sentido contrario de la marcha. Quizá el 18 de junio, señor Mas, algunos recordemos sus asociaciones de ideas y nos cepillemos, con mucha más alegría que tristeza, su mierda de estatut.

Y mientras los perros -todos ellos- se lanzan a por el hueso de la paz después de haber roído ávidamente el hueso de los muertos, los ciudadanos pensamos, creo, que lo que viene va a ser difícil, que vamos a tener que tragar muchas cosas y que las heridas tardarán en restañarse una generación, quizá más.

Es hora de recordar al Gobierno que está negociando una rendición, no un armisticio. Es hora de recordar al Gobierno que son ellos los que han de pasar por el aro. Podemos hablar de sus presos, podemos hablar de la legalización de sus partidos y de las casas de tolerancia esas, las herrikotabernas; pero ni un paso más allá. No negociación política.

La guerra la hemos ganado nosotros, los españoles. Ellos la han perdido. Vae victis. Cuando firmen la rendición, quizá -sólo quizá y no todo el mundo- podremos más o menos hacer ver que olvidamos y empezar de nuevo haciendo ver (simple simulación, otra vez) que no ha pasado nada. Ya veremos. Pero todo eso, después de la rendición. Las contrapartidas, a rendición firmada y arrojadas las armas a los pies de los Ingenieros militares o de los TEDAX de la Guardia Civil. Antes, ni agua.

Es necesario el ejemplo histórico de que quede muy claro que nosotros (los españoles, todos, incluidos los vascos, por supuesto) hemos ganado. Y ellos, los hijos de la gran puta, han perdido.

Eso sí que es innegociable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada