sábado, 25 de marzo de 2006

Malinowsky

De la serie: «Correo ordinario»

Iba esta mañana rambleando (todos los sábados de primavera por la mañana los dedico a la Barcelona antigua) rodeado de guiris por todas partes. Ya es sabido por los barceloneses que el señor Clos nos ha robado la ciudad para entregársela a estos turistas de un día que vienen en esas enormes cajas de zapatos -a las que osan llamar «barcos», tan marineras como un ladrillo-, a beneficio del gremio de la restauración basurilla ramblera que se está calzando las botas mientras la población local aborigen huye el fin de semana y los de la sobrevenida hacen de camareros sirviendo a los barrigudos nórdicos enormes tanques de café aguado o litronas en jarra (que esas sí que son del agrado de nuestro poncio y no las reprime a urbanazo limpio). Solamente alivia de esta náusea sudorosa y cocida la gracia de las italianas, que son como una chispa de picante en un plato más bien insulso y bastante pasadillo. Si no fuera por las piedras de los franceses y las voces cantarinas y alegres de las italianas, no sé qué sería de Europa.

Bueno, pues eso, que iba Rambla abajo y a la altura del Liceo me encuentro con el puestecillo de un poeta. Sí, sí, de un poeta. No de un vendedor de artesanía, de entradas para el flamenco o de mecheros modelo compañero dame un duro, sino un poeta, de los que escriben poemas, esas cosas que son frases que riman y miden armónicamente, al menos las de algunos. Y los vende a la antigua usanza, o sea in situ. Un eurillo, eurillo y medio o dos y toma, aquí tienes un poema escrito en un pliego de tamaño DIN A-4, plastificado -me ha parecido- e impreso con láser.

Aprovechando que tengo -creo- pinta de guiri yo mismo, me pongo a fotografiarlo -beautiful, typical!- y el hombre vestido a guisa de gaucho urbanícola -Malinowsky, creo recordar que se llama, o algo así- se me amostaza: «No use las fotos para copiar el material; es inmoral», me dice. Se me viene a la cabeza espetarle la bitácora entera. Pero no. Nada me produciría más placer que provocarle una contrariedad al Teddy (él mismo, con su sopa boba se ha clasificado solito como artículo de consumo), pero no a un hombre que está trabajando. Y como está trabajando, no tendrá tiempo -aparte de ganas- de escuchar mi sermón sobre cultura libre y cultura en libertad.

Hago otra cosa. Le dejo mi tarjeta. «Mañana -le digo- entra en esa URL y lee. Si hay algo que no te gusta -sobreentendiendo que sea algún contenido del que él sea autor-, me lo dices y lo quito». Me responde que él no es tecnológico, que no entra en Internet. Claro. Por eso hay visiones interesantes sobre la cultura que él ignora.

Espero que esa curiosidad que tenemos todos por saber qué dicen de nosotros en un sitio determinado (¿morbo? ¿ego?) le lleve hasta aquí y vea que he cumplido mi palabra. Él ya cuenta con ello: al entregarle la tarjeta y hacerle mi ofrecimiento, después de decir que lo de Internet no iba con él ha acabado con un «'tá bien» que parece querer decir «no iré a comprobarlo, pero te creo».

Los alrededores del Pla de la Boqueria y las proximidades del Liceo suelen ser zona de acampada para poetas. Para unos pocos, no vaya nadie a pensar que está lleno. Hay otro que iba muy frecuentemente -espero que todavía siga yendo y que sea que no coincidimos- que es Eduardo Mazo; este, más que poeta es pensador. Vende también sus libros autoeditados en un puestecito parecido al de Malinowsky; consisten en una serie de pensamientos en frases muy cortas, en el estilo de Pascal, de Ramón Gómez de la Serna o, más modernamente, de Perich. A mazo le he comprado un par de libros, «Prohibido morir» y «Autorizado a vivir». No creo que le den nunca un premio de los gordos, como él, alegremente, admite de forma implícita:

¿Quieres elevarte intelectualmente?
Cierra este libro y abre uno de Borges

Y a Malinowsky, por si se decide a entrar en Internet y llega a leer esto (¡ánimo, valiente!), sólo una reflexión: imagina que veinte amigos te copiamos toda tu producción. Uno, la cuelga de Internet; otro, la regala al lado de un distribuidor de prensa gratuita; otro más, la vende en la librería de su padre; otro, monta un tenderete y vende tu obra en la Rambla, junto a la Diagonal; los demás, la van vendiendo por los mercadillos semanales de diferentes pueblos. ¿Tú que crees? ¿Venderías menos? ¿O venderías más? Piénsalo, solamente. Mira aquí, en la red, la cantidad de gente que se está ganando la vida razonablemente bien y eso que regala su obra; mientras tanto, muchísimos pasan estrecheces vendiendo la suya.

Sé verdaderamente librepensador. Tu trabajo es escribir; tú eres poeta, no mercachifle. No te dejes llevar por modelos que están ya muertos. Hay más posibilidades. Hay más mundo.

Hace años, cuando veía a gente como Mazo o como tú, Malinowsky, pensaba: «quizá no sean grandes escritores; quizá no pasen a la historia de la literatura o del pensamiento; pero... ¡qué bien nos iría que hubiera algunos más como ellos! Digamos... dos o tres millones más».

Y... ¿sabes una cosa? Los había, sólo que no lo sabía. Los he encontrado en la red. Y me dan -nos dan a todos- su obra. No me dicen que copiarles es inmoral: me dicen todo lo contrario, que les copie, que les divulgue, que les lleve a los confines del mundo, que los suba hasta las mismas estrellas, si puedo.


Todos los poetas cantan al mar,
pero cuando se van a bañar,
ponen primero el pie para saber si el agua está fría

(Eduardo Mazo - «Prohibido morir»)

Ven con nosotros, Malinowsky, amigo, compañero...

5 comentarios:

  1. Me ha gustado este artículo. A ver si tenemos el placer de que Malinowski se pase por aquí y, quien sabe, consiga una nueva forma de ganarse la vida.

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  2. Se trata de un poeta itinerante. Yo me topé con su puesto en San Sebastián, en el paseo de la concha. Había colgado un cartel en el que se leía: aguante fidel. Llevaba unas barbas marineras muy propicias, como en la foto que has puesto. Me gusta encontrar gente así. Le dan vida a la calle. Me evocan una época de romanticismo y revolución.

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  3. Llevo siguiendo la obra de Malinowski desde hace años, realmente, es un poeta magnífico, sus composiciones dan mucho que pensar y, lo más importante, él vive según lo que escribe, ha realizado varias huelgas de hambre en el mundo, porque como él dice : "en los ojos del hambre, reconozco la vergüenza del ser civilizado", Un personaje impresionante, sus librillos valen poco y son una joya, de verdad

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  4. Me ha encantado. Hacía días que no sabía nada de este poeta y me ha recordado la primera vez que lo vi, sentado en su sillita, con su abundante barba y sin dejar de escribir. Me compré su libro, que ya conocía y unas cuantas poesías a modo de postal que guardo en mi casa dedicadas por él como oro en paño.
    Pero considero que la forma que tiene de ganarse la vida es mucho más pura, mucho más esencial que si lo hiciera vendiendo su obra por todas las librerías. Eso es lo que le hace único.

    Yo lo vi en Zaragoza, ciudad en la que vivo, y espero volver a encontrármelo este año en las fiestas del Pilar, como todos los años, sentado en su sillita, con su abundante barba y sin dejar de escribir.

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  5. Él no quiere llegar a más gente. Puede que prefiera ver la cara de aquellos que le van a leer. Que prime ese contacto al hecho de vender más o ser más conocido. No creo que busque reconocimiento. Simplemente tiene una filosofía muy distinta a la del autor de este blog, y no por ello menos válida. Personalmente me alegra que haya gente que se mantiene al margen de esta vorágine que se nos presenta como el único modo de llegar a los demás. O que defiende la cantidad frente a la calidad. Y, al margen de que Malinowski pueda o no ser un gran poeta, lo que está claro es que resulta cercano. Y, en los tiempos que corren, resulta demasiado extraño...

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