lunes, 13 de marzo de 2006

Zaragoza mon amour

De la serie: «Correo ordinario»

Hace muchos años que conozco Zaragoza. Se pierde en la noche de mi más remota memoria la primera vez que puse el pie ahí (tendría seis, siete, quizá ocho años, no más). Ahora, hace unos diecisiete que voy por allí con cierta frecuencia, entre noviazgo y matrimonio con una hija de la tierra y raro es el año en que no nos dejamos caer al menos un par de veces. Incluso hemos llegado a ir solamente a comer y pasear un poco, ida y vuelta en el día, pero eso lo hacemos menos; no me disuaden los seiscientos y pico kilómetros entre ida y vuelta (me gusta conducir) sino el atraco de que es objeto el bolsillo entre gasolina y autopista (40 euros de peajes y cincuenta litros de gasolina). Veremos si vamos con más frecuencia cuando me haya jubilado, que igual para entonces el AVE ya habrá llegado a Barcelona (espero no morirme -si es posible, de viejo- sin verlo).

Y, sin embargo, Zaragoza no me gustó nunca: siempre me pareció una ciudad provinciana, pacata, cerrada y, en definitiva, fea. Pero de hace cinco años para acá, esto ha dado un vuelco. De pronto (sí, sí, de pronto) Zaragoza se ha convertido en una ciudad abierta y amplia, bonita, amable y emprendedora. De aquella Zaragoza de pura «Nobleza baturra» (chufla, chufla...) se ha pasado, prácticamente de la noche a la mañana, a una ciudad europea en todo el amplio significado de la palabra. Avenidillas con más pretenciosidad que otra cosa, se han convertido en estupendos paseos (¡qué preciosidad el de la Independencia!), se han limpiado o restaurado y, en definitiva, dignificado monumentos (quien se vaya de Zaragoza sin visitar el Palacio de la Aljafería merecería no volver más) y hasta han descubierto alguno (el anfiteatro romano) que han armonizado con un arquitectura moderna que sorprende gratamente. Tengo muchas ganas de ver cómo quedarán para el 2008 estas riberas del Ebro tan prometedoras.

¿A qué viene ahora ese panegírico de Zaragoza? Hombre, nunca está de más divulgar el valor de una cosa bonita (de la que, por cierto, aún no se ha apropiado la $GAE), pero, en realidad, sí que viene a cuento de algo: viene a cuento del discurso pronunciado hace pocos días por el alcalde Belloch en Sevilla exponiendo su visión de la Zaragoza del futuro y que
recoge íntegro David de Ugarte. Y en ese discurso se habla de cosas perfectamente incardinadas en el contexto de esta bitácora. Veamos...

Hay varios párrafos del discurso que me interesa destacar:

«El mundo vive una nueva hora de las ciudades. Reviven las metrópolis en su protagonismo. Ciudades cosmopolitas, andables y bonitas que saben despuntar en medio ambiente, tecnología y vida cultural. Ciudades que han sabido entender que la cultura de la diversidad y la comprensión del medioambiente desde la calidad de vida son los principales atractores de capital humano y tecnológico en el nuevo mundo de las redes ciudadanas»


Hermoso y prometedor. Y no es solamente una idea de Belloch: Pasqual Maragall, en su etapa de alcalde de Barcelona, ya esgrimió esa idea y no fue el primero; también la ha acogido Clos y, por una vez y sin que siente precedente, cabe reconocerle -si nos olvidamos de sus fòrrums y de sus veintidós c@tástrofes urbanísticas- algunos movimientos útiles en este sentido.

Pero yo me pregunto: ¿y el medio rural? ¿Qué vida se piensa diseñar fuera de las metrópoli si, como cabe esperar, éstas ganan paso a las territorialidades con frontera para dar paso a redes abiertas de comunidades humana? ¿Van a ser los habitantes de los núcleos alejados de grandes conurbaciones simples guardabosques de parques naturales temáticos al servicio del urbanita?

A mí me parece que ese proyecto global de ciudades en red debe prever un espacio igualmente digno para los ciudadanos no metropolitanos.

«Pero no nos engañemos, [la Expo] no es la versión “verde” de los habituales proyectos urbanísticos faraónicos a los que nos tiene acostumbrados la derecha.»
.

Con perdón por las disculpas, señor Belloch, deje tranquila la cagarela con la derecha. Venga, si no, a Barcelona, a ver lo que ha hecho su camarada anestesista.

«Hoy reindustrializar el centro no quiere decir volver a llenar de chimeneas los tejados, despertar con sirenas y verter al río los desechos. Hace tiempo que cuajan nuevos modelos sobre las nuevas industrias de la información y el conocimiento. Modelos que no necesitan grandes factorías pegadas a las autopistas, sino oficinas con alta conectividad. Modelos que nos permiten apostar por nuestros jóvenes, animarles a impulsar pequeñas empresas innovadoras. En el centro necesitamos terrazas, cafés, intercambio y conversación, no mega parkings y grandes superficies».

¡Perfecto! Sí señor. ¡Ah, qué bonito es esto de la alta conectividad! Y yo estoy muy de acuerdo, ya lo creo que sí. Como todos los que, cada cual desde su posición, creen que el producto europeo del futuro -del futuro más inmediato- está en la tecnología (en la tecnología, en el conocimiento, no en la venta de copias ni en la simple explotación de patentes). Por tanto, querido alcalde, coja usted a su camarada preboste de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones y sacúdale un poco las neuronas a ver si se entera de esto que usted dice y de que muchas ciudades norteamericanas y europeas están construyendo ya materialmente esa red quizá porque no tienen el obstáculo aberrante de una CMT haciendo de mamporrera de la Telefoníca, cosa que nos está dejando atrás. Otra vez.

«Reciclando como terminales viejos ordenadores, utilizando software libre como sistema operativo, por poco más de 1000 euros en material, estamos equipando cibercentros de alta conectividad por toda la ciudad y dentro de poco, en colaboración con la Caja de Ahorros, en todos los colegios concertados. Una arquitectura innovadora que hemos desarrollado escuchando a nuestra propia gente y que en el futuro hará posible que cualquier ciudadano, y espero que todos los jóvenes zaragozanos, tengan un ordenador virtual propio al que podrán conectarse y trabajar desde cualquier rincón de la ciudad: en terminales públicos, cibercentros o desde su terminal en casa»

¡Que gran definición de lo que es neutralidad tecnológica podría constituir este sencillo párrafo! ¿Por qué no se lo explica a sus colegas de la prebostía de ese partido al que, digno de mejor causa, pertenece usted? Así no necesitarían tomar apuntes al dictado de la Rosa de España.

«No creo que sea un mal modelo para el país».

No lo es, en absoluto. Pero en las más altas cúspides de su dichoso partido aún no han pasado de la máquina de vapor (ni del segundo de primaria de la de ahora) y todavía prestan oídos a vagos, a mercachifles, a especuladores, a titiriteros, a vividores y a pencos de patio de Monipodio.

Sí, señor alcalde, a mí también me gustaría esa España zaragozana que usted nos pinta de una forma tan apasionada, tan apasionante y, además, tan posible. Pero más allá del Ebro ya no manda usted; más allá del Ebro, con mando en plaza desde el Bidasoa hasta el Guadalquivir más los dos archipiélagos, está Zap I El anodino, está Montilla y está Dixie.

Y con esta gente, está claro, los ciudadanos no nos comemos un rosco.

Telefoníca y la $GAE sí, por supuesto.

2 comentarios:

  1. 1000 pavos dan para un ordenador nuevo, no uno reciclado.
    Lo de Benlloch es un brindis al sol. El día que haga algo para tocarle las narices a los poderes fácticos ya hablaremos. Si tiene arrestos que ponga WiFi en toda Zaragoza y que deje de llevarles clientes a Timofónica.

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  2. Lo de los 1.000 euros, yo lo interpreto -a lo mejor mal- como que con ese dinero no es que compren una máquina sino que equipan un telecentro a base de material reciclado. Tampoco sé cuál es el nivel de equipamiento de esos telecentros ni sé qué entiende Belloch por "alta conectividad". Pero, al lado de lo que hacen sus colegas de todos los partidos y, sobre todo, los camaradas del suyo, me parece suficiente para darle, cuando menos, el beneficio de la duda.

    Lo del WiFi en toda Zaragoza, me atrevo a aventurar que ya le gustaría. A él y algún que otro alcalde de España. Pero ninguno puede. Ya lo intentó Clos. Aquí el problema no es directamente la Telefoníca sino esa increíble rémora que es la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. Alucina pensar que un organismo que, en teoría, está para que el mercado no sea un campo abierto para buitres, sea el principal promotor de la necrofagia.

    Pero esto es España, amigo...

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