De la serie: «Pequeños bocaditos»
Uno escribe sus cosas y sus vivencias. A veces escribe cosas aparentemente disparatadas y entonces relee y se pregunta... ¿son realidades o son percepciones? Porque, claro, muchas veces lo que uno percibe es real, pero sólo para él. Otras veces es real en términos absolutos, material, palpable. Como los despropósitos de la Caixa que describí en su día, no hace mucho.
Uno relee y piensa: ¿no será una simple sensación en vez de una realidad? ¿Cómo puede una entidad tenida por seria ser tan burda, tan torpe, tan estúpidamente codiciosa, por más que sea una entidad financiera? ¿Cómo se puede llamar idiota al cliente de una manera tan descarada y tan vil? ¿Está regida la Caixa por músicos afectos al poder fáctico de la $GAE en vez de por economistas brillantes y de acrisolados conocimientos?
Luego vienen los hechos -escritos y descritos por otros- y ve que no se ha equivocado, que el hecho de que la Caixa sea una de las principales entidades financieras de este país en vez de un cuchitril de pringados no es más que la pueba palpable de que los ciudadanos de este país -y muy especialmente, en este caso, los catalanes- somos tontos del culo.
Y así nos luce el pelo.
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