jueves, 31 de agosto de 2006

¡Voto a bríos, leche!

De la serie: «Pequeños bocaditos»

Mañana -ya hoy para la mayoría de mis seis o siete asiduos- es «el día de Alatriste». Muchos centenares de miles de españoles -no exagero ni un corneta- estábamos esperando tal día como agua de mayo, pese al agobio de la antipática, odiosa, abominable y asfixiante propaganda de la tele berluscoña. No es tanta la ilusión por ver la película -hay prisa pero también hay que joderse: gracias a Dios, habrá tiros, bombas y puñaladas para verla lo más pronto posible- como por verla ahí puesta. Lo demás, ya llegará.

Mañana puede ser -espero que sea- el día en que alguien nos enseñe que en este puto país se puede hacer buen cine, buen cine en serio, sin necesidad de que la ministra de [in]Cultura se ponga la chupa de cuero. Y buen cine con mensaje. Con mensaje no de niño gilipollas comiendo mierda en la posguerra civil sino con un mensaje que nos está haciendo falta, un mensaje que nos dice que hubo una vez en que este país fue grande. Grande de verdad y sin necesidad de Aurora Bautista, de Alfredo Mayo, del gobernador civil de la provincia y del obispo de la diócesis.

Pero no grande porque tuviéramos grandes reyes, o grandes dirigentes. Al contrario: tras la muerte del segundo Felipe, nuestro reyes y dirigentes fueron tan pisacharcos, tan lerdos, tan analfabetos, tan traidores, tan cagapalanganas y tan capullos como los actuales. Bueno, tanto como los actuales no, pero casi. Y, aunque iniciando su decadencia, este país -al que ya va volviendo a ser hora de llamar de nuevo España, con Ñ de coño- siguió siendo grande simplemente porque sus paisanos -por aquel entonces llamados ya españoles, aunque el rey lo fuera coloquialmente de Castilla- echaron p'alante a pura y viva fuerza de cojones. Sin más. Puteados, jodidos y descalzos, pero con dos cojones -y en no pocos casos algunos importantes ovarios- de acero al molibdeno-vanadio. Más cornás da el hambre.

En este país carente de líderes, ya no competentes, sino simplemente en quienes pueda uno confiar aunque sean idiotas, quizá hayamos de buscar un estandarte en cinco novelas y una película. Visto lo visto, no sería, en absoluto, la peor propuesta. De cualquier modo, algo hay que hacer para salir de esa especie de síndrome Vietnam que nos aqueja desde hace trescientos años.

Sólo cabe esperar que no se materialice el único de mis temores al respecto y es el de que los hechos acaben dando la razón a los del burro ario y esa magnífica catarsis de capa y espada sólo sirva para que los del toro coñaquero se suban aún más a la parra en su estúpido y antipático patrioterismo gallináceo a la moda manolo el del bombo.

Nos vemos uno de estos días en el cine. Así, de paso, sabré cómo es, después de más de veinte años.

Sin que siente precedente.

2 comentarios:

  1. hola javi, soy marcos desde leon. y la verdad que aqui la pelicula ha provocado una autentica expectacion(incluido el regalo de entradas para las sesiones de hoy), con la presencia a dia de hoy del director y de los actores en el teatro emperador a partir de las 9 de la noche. Todo ello patrocinado por Viggo Mortensen, el cual se ha enamorado de esta provincia(Leon), incluida su gastronomia( sobre todo la morcilla que tu tambien tuvistes oportunidad de probar hace poco, etc)convirtiendose en abanderado nuestro en todo el mundo. Tal es el cariño de este actor, que lleva a sus actos publicos en todo el mundo, una bandera y un pin de Leon.Por unanimidad de los representastes politicos de aqui, se le va a entregar la insignia de oro de la ciudad y se le nombrara hijo adoptivo.¿Seria posible que algun dia este americano-argentino se convierta en un gran alcalde, ante la inoperancia de los politicos de aqui para evitar la desertizacion poblacional e industrial que sufrimos?. un saludo

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  2. Bueno, para los lectores que no lo sepan, Marcos es un comerciante de artículos informáticos de León al que conocí con ocasión del Encuentro Nacional de Internautas y con el que, en compañía de su encantadora esposa, pasamos unos compañeros de la AI y yo, en esa ocasión, una velada de gratísimo recuerdo.

    Marcos y su mujer, como tantos otros miles de pequeños comerciantes españoles, están sufriendo el acoso bestial de la $GAE y lo están sobrellevando con arrojo y coraje, y con toda la eficacia que les permiten sus pobres medios y nuestro modesto apoyo, abandonados como están, como todos nosotros, por una clase política indigna, despreciable, fernandoseptimesca, vil y vomitiva.

    Marcos y su familia, a imagen de tantísimos como ellos, son verdaderos alatristes de este cutre y penoso inicio del XXI español, y, como nuestro tan admirado capitán, sostienen un combate desigual por su supervivencia pero, sobre todo, por su dignidad.

    Que Marcos se enorgullezca de Alatriste y de lo que representa, no es sino una amplificación del verdadero mensaje de fondo que Pérez-Reverte nos ha transmitido pero que no es inédito, pues puede perfectamente subsumirse en aquella tan conocida estrofa el Poema de Mío Cid:

    ¡Dios, qué buen vasallo
    si oviera buen señor!


    Sólo nos queda, como generala a rebato, tener bien presente que Mío Cid recordó al señor lo buen vasallo que era a hostia limpia. En cabeza [de moro] ajena, pero a mandoblazo y tente tieso.

    Algún día, algún día...

    Mientras tanto, aquí queda el comentario de Marcos y el abrazo, estrecho y entrañable, que le envío con mi amistad y mi solidaridad.

    Somos más y somos mejores.

    Ganaremos.

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