De la serie: «Pequeños bocaditos»
Si lo políticamente correcto ya es un concepto intrínsecamente gilipollas, cabe la posibilidad -no sin gran esfuerzo y arduo entrenamiento en el campo de la estupidez- de elevar a magnitudes astronómicas esa cualidad tan propia del asunto. En esa útil labor, el campeonato del mundo hay que adjudicárselo sin el menor género de dudas a Izquierda Unida, puntera en la acrobacia lingüística del compañeros y compañeras, frutos y frutas, camarados y camaradas, dispensador general del buen rollito coordinado por el más triste actor político de este país que tanto se lo merece, el acreditado don Gaspar.
Orgasmos de felicidad deben recorrer las diferentes directivas tras la solemne metedura de pata (o salida de la misma del tiesto, según se mire) de la muy pueblerina sección de ese desgraciado partidillo (o lo que sea) en la población de Santa Marta, provincia de Salamanca, que en una acción de claro vasallaje y de alucinante sometimiento -de verdad que es que hay que verlo para creerlo- a la $GAE, denuncia ante ésta el hecho de que en los ordenadores del Ayuntamiento de esa población se hayan instalado programes P2P, como indicó -ciega de indignación- la directora de la Escuela Municipal de Música del lugar en un escrito en petición de amparo que presentó en el Ayuntamiento.
Ciega, desde luego, por varias razones: en primer lugar, porque los programas P2P no son ilegales; en segundo lugar, porque bajarse música desde ellos no es, a fecha de hoy, ilegal si es para uso privado (aunque sí es inapropiado y sancionable si la descarga se efectúa con los medios, en horarios y por trabajadores de una Administración pública); en tercer lugar, porque los programas P2P son muy útiles para el tráfico de documentación pública y comercial y para otros muchísimos y prácticos usos que no tienen nada que ver con los derechos económicos de autor.
De hecho, los programas P2P no están prohibidos en casi ningún país. No lo están, desde luego, en España ni -proyectos de ley en mano- van a estarlo en un futuro a corto y medio plazo, por lo menos.
Pero la cagada de la dama en cuestión no es suficiente y la horda local de IU se cubre de mierda agachando la testuz ante la autoridad... musical, por supuesto.
Menos mal que el futuro político de estos pringados es más negro que el casco del Titanic porque si no, lo íbamos a tener crudo, crudo, crudo...
O cruda.
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ACTUALIZACIÓN 18:00 HORAS
Quien se pica, ajos come. Si se pincha el enlace a la sucursal de IU en Salamanca, la nota ha desaparecido. Parece que a alguien le ha dado vergüenza, es bueno saber que aún les queda quien la tiene (¿en qué nevera lo tenían en reserva?).
Pero no va a ser bastante, porque nos quedamos sin saber si se trata de alguien que se ha acordado del asunto de la vergüenza o del habitual politicastro que ha decidido echar tierra encima del asunto no se les vaya a ir de las manos.
Si es lo primero, exigimos rectificación y disculpas públicas. Por si es lo segundo, el texto íntegro que han colgado durante la mañana de hoy está aquí
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ACTUALIZACIÓN DOMINGO, 2 DE ABRIL 22:30 HORAS
Regreso del fin de semana y veo que IU ha rectificado. Algo es algo: otros no hacen ni eso.
Bueno, pues nada, a seguir así, con la militancia defendiendo una cosa y los cargos públicos del partido votando otra, según la propia nota de rectificación (esta gente es increíble). Hay que reconocer que con eso de que las bases digan y quieran unas cosas y don Gaspar diga y vote otras dice mucho de la democracia interna: cada cual puede opinar lo que quiera sin temor a ser represaliado ni expulsado ni nada de nada; el jefe, de todas maneras, hará lo que le dé la gana en el Congreso de los Diputados. Por cierto, la señora esa, la Bardem... ¿forma parte de las bases o forma parte del mando?
viernes, 31 de marzo de 2006
jueves, 30 de marzo de 2006
Corrupción, función y contradicción
De la serie: «Los jueves, paella»
¿Quién la tiene más larga? No, no piense mal el lector: piense aún peor, porque no estoy emulando la pregunta favorita de las vedettes ajamonadas de revista ambulante referida a la cosa susceptible de Viagra sino a la desvergüenza creciente de los políticos. Esto parece ya una carrera de relevos: de las filesas sociatas a los tresporcientos convergentes y ahora a las cuotas de protección republicanas y eso sin salir de Catalunya. Luego está el panorama al nivel de toda España. Y a eso hay que sumar alcaldadas (en las administraciones locales, se va hasta aquí de mierda) y el escándalo de esta semana -de ayer mismo- con el Ayuntamiento de Marbella no es sino la vistosísima punta de un iceberg enorme. Pero no hay novedad, señora baronesa, un escándalo tapa a otro y así de unos para otros vamos tirando alegremente mientras el gilipollas del ciudadano de mierda, además de tragar todos los marrones que le metemos en los parlamentos diversos, paga el gusto, las ganas y la cama. Cornut i pagar el beure, decimos aquí, y creo que se entiende.
Encima, para mayor mofa, befa y escarnio, salen los listillos a decir que esto no puede ser y que hay que modificar el sistema de financiación de los partidos. Pero ¿qué mierda de modificación de nada? Los partidos lo que tienen que hacer es lo que hacemos todos los ciudadanos y todas las empresas que aún pueden llamarse así: vivir con lo que hay. Que en el caso de los partidos no es poco: ya no sólo son las subvenciones directas sino, sobre todo, las indirectas (fundaciones, secciones juveniles y un etcétera muuuuy largo de correas de transmisión) y conste que sólo hablo de lo que sale en los boletines oficiales. Luego están las prácticas paramafiosas y no sólo me refiero a las cartitas de ERC sino también a misteriosos y cuantiosísimos créditos bancarios con muchísimos años de morosidad sin que nadie en tan santas instituciones filantrópicas tenga la menor intención de activar al cobrador del frac (lo tienen ocupado ejecutando las hipotecas de quienes no pueden con estas mensualidades brutales y leoninas) y vete a saber cuánta porquería más habrá debajo de la alfombra..
La única modificación que tiene que haber en la financiación de los partidos es estrechar aún más un caudal excesivamente generoso. Menos liberados y menos vividores. Entre las entidades de gestión de derechos económicos de autor, los partidos y los sindicatos hay tal cantidad de gente que vive del cuento que no me extraña que luego no quede para las pensiones de los que han trabajado toda su vida, porque los cuatro que quedamos en lo de pegarle al asunto de las ocho horas ya no damos para más.
Lo de ERC, además, más que decepción es casi sorpresa. Sorpresa a dos bandas. Su opción política nunca me gustó pero sí me parecían gente inteligente, capaz e íntegra. La inteligencia y la capacidad se me cayeron desde el principio cuando el Carod empezó a hacer tontolculeces (yo ya tenía una pista previa vivida personalmente, algún día la explicaré, pero no la valoré debidamente); en lo de la integridad, tampoco hicimos caso de algún indicio en helicóptero -bah, una tontería, después de todo- y ahora nos llueve lo de las cartitas. Y espera.
Luego los políticos se quejan de la opinión que tenemos de ellos los ciudadanos y tienen el morro de decir, los tíos, que somos desproporcionados e injustos. Como el otro.
____________________
El ministro Sevilla se descolgó ayer en el Congreso con [declaraciones sobre] el proyecto de ley que, según viene a decir, nos va a meter en cintura a los funcionarios (por cierto, e incidentalmente, CCOO y CSI-CSIF han enviado una nota de prensa diciendo que de qué va y qué se enrolla, que este asunto aún está en la mesa de negociación y no se ha cerrado todavía).
Bien, dando por bueno lo que dijo el ministro, ya me gustaría, ya, que lo llevase adelante tal como lo contó. Porque una de las cosas que en mi actividad sindical siempre he intentado obtener -y en vano- es la relación de cargas de trabajo que corresponde a cada puesto de ídem. Siempre se me ha contestado [se nos ha contestado: otros sindicalistas, de mi organización y de las otras, también estaban en ello] que esto era imposible. Imposible no lo es, aunque sí un trabajo de chinos.
Pues si el ministro Sevilla quiere meternos en cintura -y sigo diciendo que le apoyo entusiásticamente en tan loable intención así enunciada- lo primero que tendrá que hacer es esta lista de cargas, puesto de trabajo por puesto de trabajo. De otra manera, ¿cómo va a fijar criterios objetivos para premiar o castigar a los funcionarios? Para decirme que produzco poco y, por tanto, suprimirme complementos o mandarme con la música a otro puesto de trabajo, tendrá que constar en algún sitio lo que tendré que producir como mínimo ¿no? Y me interesa que exista esa constancia porque si mi trabajo mejora ese rendimiento, podré apoyarme en ello para exigir, incluso judicialmente, mejoras retributivas o de otra índole.
Todo lo que no cumpla ese requisito deja de ser objetivo y entonces ya estamos en lo de siempre, mucho de lo cual tiene bastante que ver con lo que decía en la entrada anterior. En las administraciones públicas -en todas- funciona el viejo precepto «Al amigo, el culo; al enemigo, por el culo; y al indiferente, la legislación vigente». Y la legislación vigente, tal como está o tal como la quiere dejar el ministro -que va a acabar siendo lo mismo-, ya sabemos lo que perpetúa: una función pública desprestigiada ante la ciudadanía (con su razón, ojo, que no todo son viejos chistes: hay verdaderamente algunos perros por ahí sueltos) y desmotivada ante la falta de incentivos y de diseño de una carrera profesional para sus trabajadores.
Contra lo que mucha gente piensa, la vida no se nos acaba con un puesto de trabajo asegurado, para muchos, al menos; todos tenemos aspiraciones, todos queremos ocupar puestos con funciones mejores, más interesantes, más creativas... y, por supuesto, dentro de lo que se puede esperar razonablemente, mejor pagados; y esto, hoy, en las administraciones públicas españolas, es prácticamente imposible, entre una organización y una legislación que están obsoletas no ahora sino hace un cuarto de siglo (y quizá aún me quede corto), unas corruptelas pequeñas extendidísimas y una gran corrupción mucho más restringida, pero no menos lacerante.
Y, por lo que veo, esto no lo va a arreglar la ley del ministro Sevilla. Otra vez será.
Dentro de dos o trescientos años.
____________________
«Yo soy yo y mi circunstancia», dijo Ortega y Gasset, el eminente metafísico. A mí, salvando las enormes distancias con tan eximio pensador, me cuadra más el «Yo soy yo y mis contradicciones». Más próximo, quizá, a Valle Inclán y su paradoja. Bueno, dejemos la filosofía y la literatura tranquilas antes de que el lector se me escape a Petardas.com y vayamos al grano.
Me desgañito en esta bitácora clamando por el boicot a la música española (nada de discos, nada de conciertos, ni siquiera P2P), al cine español (nada de salas, nada de DVD, nada de P2P) y a la Biblia en pasta, en la seguridad de que si lo hiciéramos todos meteríamos en cintura mejor y más rápido que el ministro Sevilla a unos cuantos que viven mejor que los funcionarios de los chistes: la silla asegurada, como los funcionarios de los chistes; sin dar golpe, como los funcionarios de los chistes; y metiéndose fortunas en el bolsillo, no como los funcionarios de los chistes (y menos aún que los de la realidad). Y he vestido este clamor de tintes muy dramáticos (como que los tiene).
Y, mira por dónde, yo mismo voy a quebrar esa regla que tanto propugno. Sí, sí, tranquilizo a mi conciencia diciéndole que se trata de una excepción, que una y nada más, como Santo Tomás, que responde a intereses y objetivos más elevados y toda la cagarela con que uno se justifica cuando se atiza un bourbon de tres decilitros contraviniendo frontalmente a la cuenta de transaminasas del último análisis. Pero aunque lo pinte de verde, como el pedo del chiste, quiebro la regla sacrosanta. Bueno, me explico más o acabará siendo verdad lo de las petardas.
He tomado la determinación de ir a ver «Capitán Alatriste» tan pronto como la estrenen. No por devoción a don Arturo (todas mis admiraciones son insuficientes para tan herético quebranto), no porque me gusten las pelis de capa y espada, chis chas, teneos, bribón, voto a bríos (que me gustan, pero sigue siendo razón insuficiente), ni siquiera porque parece una notable excepción al cine basura habitual en estos pagos (además, ni siquiera habla de la guerra civil de mierda, que es otro importante valor añadido). Aunque esto está pendiente de confirmación, sólo está claro que se ha invertido muchísima pasta en la producción, lo cual es un dato razonablemente positivo pero que tampoco garantiza nada (después de todo, «Pretty woman» también costó un Perú). Pero es que el alatristismo es algo más que la afición por un género literario o que la adhesión a la tipología literaria de un señor. Yo veo el alatristismo no como una militancia (no exageremos) pero sí como la reivindicación de una forma -crítica también, desde luego- de afrontar la esencia misma de esta pobre y jodida España, con sus defectos, con su asqueroso olor a ajo, a pies y a barrecha, pero también con el genio que la lanzó al mundo.
No es un problema de nacionalismo -odio el nacionalismo- sino de simple fidelidad histórica que nos la desvista del falso oropel el viejo aquel y que nos llenan de mierda ahora a beneficio de otras glorias nacionales que apenas dan para conmemorar los aniversarios de las patadas en el culo recibidas.
Hay una España -que no es esta, desde luego- con la que puedo identificarme como referencia y como raíz personal (no es que quiera volver a tiempos pasados) y Alatriste es un vehículo que me lleva rápido hacia ella.
Sólo serán dos horas, lo prometo, ni un minuto más. Pero dejadme, por una sola vez, este ratito.
____________________
Hasta aquí hemos llegado hoy. Próximo jueves, seis de abril, el mes genuino de la primavera, del polen y de la puta alergia que trae por la calle de la amargura a media España, incluyendo a mi mujer, que está que la llevan los demonios. Cerca ya de una semana que a cada año que pasa es menos santa (tiene menos sustancia que un medicamento homeopático) y más lúdica. Bueno, pasado el primer y más árido trimestre del año, será bueno desconectar tres o cuatro días.
Hasta más ver.
¿Quién la tiene más larga? No, no piense mal el lector: piense aún peor, porque no estoy emulando la pregunta favorita de las vedettes ajamonadas de revista ambulante referida a la cosa susceptible de Viagra sino a la desvergüenza creciente de los políticos. Esto parece ya una carrera de relevos: de las filesas sociatas a los tresporcientos convergentes y ahora a las cuotas de protección republicanas y eso sin salir de Catalunya. Luego está el panorama al nivel de toda España. Y a eso hay que sumar alcaldadas (en las administraciones locales, se va hasta aquí de mierda) y el escándalo de esta semana -de ayer mismo- con el Ayuntamiento de Marbella no es sino la vistosísima punta de un iceberg enorme. Pero no hay novedad, señora baronesa, un escándalo tapa a otro y así de unos para otros vamos tirando alegremente mientras el gilipollas del ciudadano de mierda, además de tragar todos los marrones que le metemos en los parlamentos diversos, paga el gusto, las ganas y la cama. Cornut i pagar el beure, decimos aquí, y creo que se entiende.
Encima, para mayor mofa, befa y escarnio, salen los listillos a decir que esto no puede ser y que hay que modificar el sistema de financiación de los partidos. Pero ¿qué mierda de modificación de nada? Los partidos lo que tienen que hacer es lo que hacemos todos los ciudadanos y todas las empresas que aún pueden llamarse así: vivir con lo que hay. Que en el caso de los partidos no es poco: ya no sólo son las subvenciones directas sino, sobre todo, las indirectas (fundaciones, secciones juveniles y un etcétera muuuuy largo de correas de transmisión) y conste que sólo hablo de lo que sale en los boletines oficiales. Luego están las prácticas paramafiosas y no sólo me refiero a las cartitas de ERC sino también a misteriosos y cuantiosísimos créditos bancarios con muchísimos años de morosidad sin que nadie en tan santas instituciones filantrópicas tenga la menor intención de activar al cobrador del frac (lo tienen ocupado ejecutando las hipotecas de quienes no pueden con estas mensualidades brutales y leoninas) y vete a saber cuánta porquería más habrá debajo de la alfombra..
La única modificación que tiene que haber en la financiación de los partidos es estrechar aún más un caudal excesivamente generoso. Menos liberados y menos vividores. Entre las entidades de gestión de derechos económicos de autor, los partidos y los sindicatos hay tal cantidad de gente que vive del cuento que no me extraña que luego no quede para las pensiones de los que han trabajado toda su vida, porque los cuatro que quedamos en lo de pegarle al asunto de las ocho horas ya no damos para más.
Lo de ERC, además, más que decepción es casi sorpresa. Sorpresa a dos bandas. Su opción política nunca me gustó pero sí me parecían gente inteligente, capaz e íntegra. La inteligencia y la capacidad se me cayeron desde el principio cuando el Carod empezó a hacer tontolculeces (yo ya tenía una pista previa vivida personalmente, algún día la explicaré, pero no la valoré debidamente); en lo de la integridad, tampoco hicimos caso de algún indicio en helicóptero -bah, una tontería, después de todo- y ahora nos llueve lo de las cartitas. Y espera.
Luego los políticos se quejan de la opinión que tenemos de ellos los ciudadanos y tienen el morro de decir, los tíos, que somos desproporcionados e injustos. Como el otro.
El ministro Sevilla se descolgó ayer en el Congreso con [declaraciones sobre] el proyecto de ley que, según viene a decir, nos va a meter en cintura a los funcionarios (por cierto, e incidentalmente, CCOO y CSI-CSIF han enviado una nota de prensa diciendo que de qué va y qué se enrolla, que este asunto aún está en la mesa de negociación y no se ha cerrado todavía).
Bien, dando por bueno lo que dijo el ministro, ya me gustaría, ya, que lo llevase adelante tal como lo contó. Porque una de las cosas que en mi actividad sindical siempre he intentado obtener -y en vano- es la relación de cargas de trabajo que corresponde a cada puesto de ídem. Siempre se me ha contestado [se nos ha contestado: otros sindicalistas, de mi organización y de las otras, también estaban en ello] que esto era imposible. Imposible no lo es, aunque sí un trabajo de chinos.
Pues si el ministro Sevilla quiere meternos en cintura -y sigo diciendo que le apoyo entusiásticamente en tan loable intención así enunciada- lo primero que tendrá que hacer es esta lista de cargas, puesto de trabajo por puesto de trabajo. De otra manera, ¿cómo va a fijar criterios objetivos para premiar o castigar a los funcionarios? Para decirme que produzco poco y, por tanto, suprimirme complementos o mandarme con la música a otro puesto de trabajo, tendrá que constar en algún sitio lo que tendré que producir como mínimo ¿no? Y me interesa que exista esa constancia porque si mi trabajo mejora ese rendimiento, podré apoyarme en ello para exigir, incluso judicialmente, mejoras retributivas o de otra índole.
Todo lo que no cumpla ese requisito deja de ser objetivo y entonces ya estamos en lo de siempre, mucho de lo cual tiene bastante que ver con lo que decía en la entrada anterior. En las administraciones públicas -en todas- funciona el viejo precepto «Al amigo, el culo; al enemigo, por el culo; y al indiferente, la legislación vigente». Y la legislación vigente, tal como está o tal como la quiere dejar el ministro -que va a acabar siendo lo mismo-, ya sabemos lo que perpetúa: una función pública desprestigiada ante la ciudadanía (con su razón, ojo, que no todo son viejos chistes: hay verdaderamente algunos perros por ahí sueltos) y desmotivada ante la falta de incentivos y de diseño de una carrera profesional para sus trabajadores.
Contra lo que mucha gente piensa, la vida no se nos acaba con un puesto de trabajo asegurado, para muchos, al menos; todos tenemos aspiraciones, todos queremos ocupar puestos con funciones mejores, más interesantes, más creativas... y, por supuesto, dentro de lo que se puede esperar razonablemente, mejor pagados; y esto, hoy, en las administraciones públicas españolas, es prácticamente imposible, entre una organización y una legislación que están obsoletas no ahora sino hace un cuarto de siglo (y quizá aún me quede corto), unas corruptelas pequeñas extendidísimas y una gran corrupción mucho más restringida, pero no menos lacerante.
Y, por lo que veo, esto no lo va a arreglar la ley del ministro Sevilla. Otra vez será.
Dentro de dos o trescientos años.
«Yo soy yo y mi circunstancia», dijo Ortega y Gasset, el eminente metafísico. A mí, salvando las enormes distancias con tan eximio pensador, me cuadra más el «Yo soy yo y mis contradicciones». Más próximo, quizá, a Valle Inclán y su paradoja. Bueno, dejemos la filosofía y la literatura tranquilas antes de que el lector se me escape a Petardas.com y vayamos al grano.
Me desgañito en esta bitácora clamando por el boicot a la música española (nada de discos, nada de conciertos, ni siquiera P2P), al cine español (nada de salas, nada de DVD, nada de P2P) y a la Biblia en pasta, en la seguridad de que si lo hiciéramos todos meteríamos en cintura mejor y más rápido que el ministro Sevilla a unos cuantos que viven mejor que los funcionarios de los chistes: la silla asegurada, como los funcionarios de los chistes; sin dar golpe, como los funcionarios de los chistes; y metiéndose fortunas en el bolsillo, no como los funcionarios de los chistes (y menos aún que los de la realidad). Y he vestido este clamor de tintes muy dramáticos (como que los tiene).
Y, mira por dónde, yo mismo voy a quebrar esa regla que tanto propugno. Sí, sí, tranquilizo a mi conciencia diciéndole que se trata de una excepción, que una y nada más, como Santo Tomás, que responde a intereses y objetivos más elevados y toda la cagarela con que uno se justifica cuando se atiza un bourbon de tres decilitros contraviniendo frontalmente a la cuenta de transaminasas del último análisis. Pero aunque lo pinte de verde, como el pedo del chiste, quiebro la regla sacrosanta. Bueno, me explico más o acabará siendo verdad lo de las petardas.
He tomado la determinación de ir a ver «Capitán Alatriste» tan pronto como la estrenen. No por devoción a don Arturo (todas mis admiraciones son insuficientes para tan herético quebranto), no porque me gusten las pelis de capa y espada, chis chas, teneos, bribón, voto a bríos (que me gustan, pero sigue siendo razón insuficiente), ni siquiera porque parece una notable excepción al cine basura habitual en estos pagos (además, ni siquiera habla de la guerra civil de mierda, que es otro importante valor añadido). Aunque esto está pendiente de confirmación, sólo está claro que se ha invertido muchísima pasta en la producción, lo cual es un dato razonablemente positivo pero que tampoco garantiza nada (después de todo, «Pretty woman» también costó un Perú). Pero es que el alatristismo es algo más que la afición por un género literario o que la adhesión a la tipología literaria de un señor. Yo veo el alatristismo no como una militancia (no exageremos) pero sí como la reivindicación de una forma -crítica también, desde luego- de afrontar la esencia misma de esta pobre y jodida España, con sus defectos, con su asqueroso olor a ajo, a pies y a barrecha, pero también con el genio que la lanzó al mundo.
No es un problema de nacionalismo -odio el nacionalismo- sino de simple fidelidad histórica que nos la desvista del falso oropel el viejo aquel y que nos llenan de mierda ahora a beneficio de otras glorias nacionales que apenas dan para conmemorar los aniversarios de las patadas en el culo recibidas.
Hay una España -que no es esta, desde luego- con la que puedo identificarme como referencia y como raíz personal (no es que quiera volver a tiempos pasados) y Alatriste es un vehículo que me lleva rápido hacia ella.
Sólo serán dos horas, lo prometo, ni un minuto más. Pero dejadme, por una sola vez, este ratito.
Hasta aquí hemos llegado hoy. Próximo jueves, seis de abril, el mes genuino de la primavera, del polen y de la puta alergia que trae por la calle de la amargura a media España, incluyendo a mi mujer, que está que la llevan los demonios. Cerca ya de una semana que a cada año que pasa es menos santa (tiene menos sustancia que un medicamento homeopático) y más lúdica. Bueno, pasado el primer y más árido trimestre del año, será bueno desconectar tres o cuatro días.
Hasta más ver.
martes, 28 de marzo de 2006
Ya cayó el primero
De la serie: «Correo ordinario»
Leo en la bitácora de Carlosues que Carlos Sánchez Almeida deja la red. Seguirá luchando por la cultura libre y por los derechos cívicos en red, pero solamente desde su profesión de abogado. Ya hacía días que la URL de su bitácora rebotaba hacia el Manifiesto por la liberación de la cultura y eso me olía raro. Pensaba que o estaba redefiniendo su bitácora o que había algo de lo que ahora nos anuncia Carlosues. Según éste, la razón sería el hartazgo de ver los foros llenos y las calles y las actitudes vacías.
Es una pena, pero esto se veía venir. No concretamente en el caso de Sánchez Almeida pero, así, en general, ya tardaba en caer el primero de los grandes y no me extrañaría que tras él fuesen otros. Uno puede pasarse la vida combatiendo por una causa, y, como diría Kipling, perder y volver a empezar de nuevo y no decir palabra sobre su mala suerte. Pero subirse a un entarimado, dar un mitin, ser aplaudido a rabiar por una multitud ingente y vociferante... que luego, incontinente, cala el chapeo, requiere la espada, se va... y nada de nada... Eso quema. Y no sólo ha quemado a Sánchez Almeida sino que está quemando a muchísima más gente. Habrá más abandonos.
La Ley de la Sopa Boba va a causar estragos en el personal arengante. No por su aprobación en los términos en que va a ser aprobada, no por la victoria rotunda de la $GAE y demás hierbas... todo eso se daba por hecho. Lo que escuece verdaderamente es que lo hayan hecho impunemente, gratuitamente, que no haya tenido ningún coste para ellos, que se rían a carcajadas en nuestras barbas sin tener la más pequeña herida que les obligue, siquiera, a ponerse una tirita. Eso es lo que quema y lo que hace entrar ganas de mandarlo todo a la mierda.
A mí, personalmente, se me corrompen las tripas cuando veo que todo el mundo lo quiere todo y lo quiere gratis, pero que nadie es capaz de realizar el menor esfuerzo, el menor sacrificio para conseguirlo. Si es que cabe hablar de sacrificio alguno: a ver si se puede llamar sacrificio a no adquirir -ni siquiera gratis- música española, a pedir la cuenta y dejar un bar cuando suene música española, a no entrar en un puto cine, a no ir a un concierto, si se me apura, ni de música sinfónica. ¿Sacrificio esto? ¡Si es hasta un placer! Y conseguiríamos resultados espectaculares y contundentes en pocas semanas. Podríamos llegar a quitarle el sueño al mismísimo Gobierno y corroerlo de terror ante la posibilidad de que un movimiento cívico tal puediera llegar a moverse de cara a otras normas (deja que se descarguen lo que quieran, nombra al Teddy embajador en Guinea Ecuatorial o en el Vaticano y para esto o la vamos a joder de verdad). No hay más que ver a los franceses -y eso que funcionan con métodos clásicos- y la cagalera que aqueja a Villepin, parecida a la que, en su día, aquejó a Sarkozy.
Además, pasa otra cosa: aquí, la gente que está bregando -o simplemente chillando por los foros- porque realmente quiere una cultura libre, quiere una ciudadanía en red, quiere no ser esquilmado por la cara de cuatro pencos, somo cuatro y el cabo. Unos pocos cientos. El resto de personal aullante son niñatos hijos de papá que les encanta bajarse música gratis (importándoles tres cojones el significado y el valor moral de este acto, que lo tiene para ambas partes en conflicto) y que si en un momento determinado llegan a no poder hacerlo, pues bueno, pues vale, tal día hará un año. Es que les deja completamente indiferentes. Esa es la razón por la que pedir boicots es predicar en desierto: ellos no se privan de nada ni por nada.
Así, en conjunto, y esta es la conclusión necesaria de la horchatez sanguínea imperante, todo lo que nos pasa nos está bien empleado. No en vano, el otro día decía un ministro francés a estudiantes y sindicatos que aquí estaba la cosa mucho peor: «Fijaos en estos pringaos de ahí abajo, que les han echado encima ocho mil clases diferentes de contrato-basura y ahí los tenéis, a los gilipollas de ellos, tan contentos y con treinta años pidiéndole a papá dinero para salir el sábado por la noche».
Sí, a veces, cuando veo el ganado por el que estamos bregando (cada cual en la medida de lo que puede: la mía, desde luego, modesta), cuando reviso mis artículos rabiosos y pienso que todo ese hatajo de mierdecillas se va a divertir de lo lindo viendo cómo llamo al pan pan y al bastardo hijo de puta para luego seguir bajándose música barata de la red (no libros, no documentos, no cine con valor histórico, sino los chafarriñones con que los llenan de mierda las discográficas y las productoras de cine un día sí y al siguiente mucho más), también me dan ganas de hacer lo que Sánchez Almeida, ir a lo mío, echarle una mano al pobre Roberto Santos, vicepresidente de Hispalinux, que siempre me está pidiendo ayuda y nunca se la doy o se la doy con cuentagotas (por cierto, vuelve otra vez la batalla de las patentes de software) y pasar de toda la pijancia gorrona, porque no son ciudadanos libres ejerciendo sus derechos, son sacos de mierda descargando compulsivamente productos de consumo sin más. Total... ¿a mí qué más me da? Seguiré comprando los CD fuera, haré lo propio, si puedo, con la maquinaria y si no, mira, ajo y agua; seguiré sin comprar un disco, seguiré sin pisar un cine y seguiré sin poner pie en un bar musical, a menos que se lo haga exclusivamente de música copyleft y lo anuncie en letreros bien grandes.
Dan ganas, dan ganas, aunque, de momento, se van reprimiendo. Pero no será así indefinidamente. Voy por el mundo y veo muchas cosas sobre las que me gustaría escribir, pero trabajo mi jornadita completa y a todo no llego. O lo uno o lo otro. De momento es esto. Mientras dure. Pero ni yo, ni, sobre todo, muchísimos otros -yo soy poco importante- estaremos así toda la vida.
Ya cayó el primero. No será el último.
Leo en la bitácora de Carlosues que Carlos Sánchez Almeida deja la red. Seguirá luchando por la cultura libre y por los derechos cívicos en red, pero solamente desde su profesión de abogado. Ya hacía días que la URL de su bitácora rebotaba hacia el Manifiesto por la liberación de la cultura y eso me olía raro. Pensaba que o estaba redefiniendo su bitácora o que había algo de lo que ahora nos anuncia Carlosues. Según éste, la razón sería el hartazgo de ver los foros llenos y las calles y las actitudes vacías.
Es una pena, pero esto se veía venir. No concretamente en el caso de Sánchez Almeida pero, así, en general, ya tardaba en caer el primero de los grandes y no me extrañaría que tras él fuesen otros. Uno puede pasarse la vida combatiendo por una causa, y, como diría Kipling, perder y volver a empezar de nuevo y no decir palabra sobre su mala suerte. Pero subirse a un entarimado, dar un mitin, ser aplaudido a rabiar por una multitud ingente y vociferante... que luego, incontinente, cala el chapeo, requiere la espada, se va... y nada de nada... Eso quema. Y no sólo ha quemado a Sánchez Almeida sino que está quemando a muchísima más gente. Habrá más abandonos.
La Ley de la Sopa Boba va a causar estragos en el personal arengante. No por su aprobación en los términos en que va a ser aprobada, no por la victoria rotunda de la $GAE y demás hierbas... todo eso se daba por hecho. Lo que escuece verdaderamente es que lo hayan hecho impunemente, gratuitamente, que no haya tenido ningún coste para ellos, que se rían a carcajadas en nuestras barbas sin tener la más pequeña herida que les obligue, siquiera, a ponerse una tirita. Eso es lo que quema y lo que hace entrar ganas de mandarlo todo a la mierda.
A mí, personalmente, se me corrompen las tripas cuando veo que todo el mundo lo quiere todo y lo quiere gratis, pero que nadie es capaz de realizar el menor esfuerzo, el menor sacrificio para conseguirlo. Si es que cabe hablar de sacrificio alguno: a ver si se puede llamar sacrificio a no adquirir -ni siquiera gratis- música española, a pedir la cuenta y dejar un bar cuando suene música española, a no entrar en un puto cine, a no ir a un concierto, si se me apura, ni de música sinfónica. ¿Sacrificio esto? ¡Si es hasta un placer! Y conseguiríamos resultados espectaculares y contundentes en pocas semanas. Podríamos llegar a quitarle el sueño al mismísimo Gobierno y corroerlo de terror ante la posibilidad de que un movimiento cívico tal puediera llegar a moverse de cara a otras normas (deja que se descarguen lo que quieran, nombra al Teddy embajador en Guinea Ecuatorial o en el Vaticano y para esto o la vamos a joder de verdad). No hay más que ver a los franceses -y eso que funcionan con métodos clásicos- y la cagalera que aqueja a Villepin, parecida a la que, en su día, aquejó a Sarkozy.
Además, pasa otra cosa: aquí, la gente que está bregando -o simplemente chillando por los foros- porque realmente quiere una cultura libre, quiere una ciudadanía en red, quiere no ser esquilmado por la cara de cuatro pencos, somo cuatro y el cabo. Unos pocos cientos. El resto de personal aullante son niñatos hijos de papá que les encanta bajarse música gratis (importándoles tres cojones el significado y el valor moral de este acto, que lo tiene para ambas partes en conflicto) y que si en un momento determinado llegan a no poder hacerlo, pues bueno, pues vale, tal día hará un año. Es que les deja completamente indiferentes. Esa es la razón por la que pedir boicots es predicar en desierto: ellos no se privan de nada ni por nada.
Así, en conjunto, y esta es la conclusión necesaria de la horchatez sanguínea imperante, todo lo que nos pasa nos está bien empleado. No en vano, el otro día decía un ministro francés a estudiantes y sindicatos que aquí estaba la cosa mucho peor: «Fijaos en estos pringaos de ahí abajo, que les han echado encima ocho mil clases diferentes de contrato-basura y ahí los tenéis, a los gilipollas de ellos, tan contentos y con treinta años pidiéndole a papá dinero para salir el sábado por la noche».
Sí, a veces, cuando veo el ganado por el que estamos bregando (cada cual en la medida de lo que puede: la mía, desde luego, modesta), cuando reviso mis artículos rabiosos y pienso que todo ese hatajo de mierdecillas se va a divertir de lo lindo viendo cómo llamo al pan pan y al bastardo hijo de puta para luego seguir bajándose música barata de la red (no libros, no documentos, no cine con valor histórico, sino los chafarriñones con que los llenan de mierda las discográficas y las productoras de cine un día sí y al siguiente mucho más), también me dan ganas de hacer lo que Sánchez Almeida, ir a lo mío, echarle una mano al pobre Roberto Santos, vicepresidente de Hispalinux, que siempre me está pidiendo ayuda y nunca se la doy o se la doy con cuentagotas (por cierto, vuelve otra vez la batalla de las patentes de software) y pasar de toda la pijancia gorrona, porque no son ciudadanos libres ejerciendo sus derechos, son sacos de mierda descargando compulsivamente productos de consumo sin más. Total... ¿a mí qué más me da? Seguiré comprando los CD fuera, haré lo propio, si puedo, con la maquinaria y si no, mira, ajo y agua; seguiré sin comprar un disco, seguiré sin pisar un cine y seguiré sin poner pie en un bar musical, a menos que se lo haga exclusivamente de música copyleft y lo anuncie en letreros bien grandes.
Dan ganas, dan ganas, aunque, de momento, se van reprimiendo. Pero no será así indefinidamente. Voy por el mundo y veo muchas cosas sobre las que me gustaría escribir, pero trabajo mi jornadita completa y a todo no llego. O lo uno o lo otro. De momento es esto. Mientras dure. Pero ni yo, ni, sobre todo, muchísimos otros -yo soy poco importante- estaremos así toda la vida.
Ya cayó el primero. No será el último.
Lenguas vivas
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Una amiga extranjera me cuenta que tiene un visitante en casa, un compatriota que ha venido a hacer unos negocios. Pidió, me sigue contando, que le llevaran a dar una vuelta por Barcelona, pero tanto esa amiga como su marido están muy ocupados, de modo que le sugirieron el Bus turístic un invento muy implantado en casi todas las capitales españolas pero me parece que fue pionero en Barcelona (había otro alcalde), que lleva a los turistas por las zonas más interesantes de la ciudad. Es muy utilizado por los de los cruceros, que están aquí pocas horas y el bus este es una forma rápida y fácil de hacerse una idea, aunque fugaz, de Closcelona.
El tal amigo siguió el consejo y volvió muy impresionado: todo está rotulado en catalán, dijo. Pero... ¿no es el castellano la lengua oficial del Estado? Del Estado sí, le respondieron, pero... y, a continuación le explicaron cómo funcionaba la cosa aquí.
El tío se encogió de hombros y dictaminó: «Pues eso del catalán debe ser una lengua muerta porque en todo el trayecto del bus no he oído a nadie hablarla».
Vale, genio.
Una amiga extranjera me cuenta que tiene un visitante en casa, un compatriota que ha venido a hacer unos negocios. Pidió, me sigue contando, que le llevaran a dar una vuelta por Barcelona, pero tanto esa amiga como su marido están muy ocupados, de modo que le sugirieron el Bus turístic un invento muy implantado en casi todas las capitales españolas pero me parece que fue pionero en Barcelona (había otro alcalde), que lleva a los turistas por las zonas más interesantes de la ciudad. Es muy utilizado por los de los cruceros, que están aquí pocas horas y el bus este es una forma rápida y fácil de hacerse una idea, aunque fugaz, de Closcelona.
El tal amigo siguió el consejo y volvió muy impresionado: todo está rotulado en catalán, dijo. Pero... ¿no es el castellano la lengua oficial del Estado? Del Estado sí, le respondieron, pero... y, a continuación le explicaron cómo funcionaba la cosa aquí.
El tío se encogió de hombros y dictaminó: «Pues eso del catalán debe ser una lengua muerta porque en todo el trayecto del bus no he oído a nadie hablarla».
Vale, genio.
Mossos de Tura
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Para que vea la consellera Tura (si es que siquiera conoce la existencia de este modesto lugar digital) que no le tengo manía o que, de tenérsela, la sitúo muy lejos de los pájaros que constituyen el argumentario habitual de esta dolorida bitácora, hombre, en esta ocasión voy a hablar bien de ella y de sus muchachos. Porque hay que ser implacable en la queja y sanguinario ante la traición (aunque tanto de ésta última nos haya dejado prácticamente sin RH) pero también es preciso que conste en acta cuando las cosas se hacen bien.
Hoy, precisamente, un articulista de «El Periódico», Joan Barril, uno de los que me gusta incluso cuando dice cosas que no me gustan, destacaba que se nota (que es palpable, notorio) un aumento de la presencia policial, una presencia que se caracteriza, además, por una cierta relajación formal que tranquiliza al ciudadano alarmado, tenga o no razones para la alarma. Precisamente cuando Clos ha deteriorado hasta su nivel más bajo no sólo la imagen sino también la eficiencia en el auxilio ciudadano de la Guàrdia Urbana, los ciudadanos -o muchos ciudadanos- nos sentimos acogidos por un cuerpo policial fresco y joven que -carpe diem, aprovechémoslo mientras dure- parece estar ilusionado con su labor, cosa que hace disculpables sus pequeños o grandes fallos, al menos por el momento. Es, reescrita a mi aire, la visión de Barril y yo la suscribo.
Hay un detalle para mí esencial: aunque persisten algunas lacras callejeras, ha desaparecido la más inofensiva para los adultos pero más sangrante en todos los demás órdenes: la mendicidad con bebés. Nunca he pasado por alto esa asquerosidad y desde que tengo teléfono móvil -ya ha llovido desde el primer día- jamás he dejado de llamar a la policía cuando he visto esa triste escena. He sido siempre incansable, pese a que la Guàrdia Urbana siempre ha aplicado el que parece artículo 1º de su reglamento (cuando no se trata de multar coches mal aparcados que no molestan): «Lo siento, señor, pero no podemos hacer nada». Cuando se trata de un bebé usado como esclavo para la mendicidad, de un incivismo vecinal, de un cabrón aparcado en doble fila que no deja salir a nuestro vehículo perfectamente estacionado, o de una legión de ciclistas que se han propuesto, sinvergüencería en ristre, depilarte mejor que cualquier crema de los anuncios, «lo siento, señor, pero no podemos hacer nada» o, más frecuentemente, la callada por respuesta y jódete, ciudadano de mierda. Si, en cambio, se trata de un vehículo que invade un palmo de paso de peatones con el voladizo del parachoques, no hará falta que te gastes un duro en móvil: allá estará, block en mano grúa a toda máquina, la brigada entera.
Aún en fiestas de Navidad, pero ya cambiado el año, cerca de mi casa presencié la imagen de la mierdosa con el bebuco. Acto seguido llamé a los Mossos d'Esquadra. Cometí el error de dejar que la marrana en cuestión me viera empuñar el móvil (ovidé lamentablemente el viejo precepto de la mili: «siempre, siempre, siempre, en desenfilada»). La guarra en cuestión entregó el niño al cabrón que estaba al acecho a estos efectos y cuando llegaron los Mossos el cuerpecito del delito ya había volado. No obstante, los muchachos me llamaron para conocer más detalles sobre el asunto -me ofrecí a testificar si hiciera falta, nombre y número de DNI por delante- pero se preocuparon especialmente de que perseverara en mi actitud porque sólo con la ayuda ciudadana podrían erradicar el problema. Reconozco que en ese momento fui escéptico y la cosa me sonó a manual redactado por el inevitable imbécil de la gomina. Pocos días después, en otro lugar no muy lejano, repetición de la escena, pero esta vez esperé cinco minutos a que llegara el autobús y, una vez dentro de él, llamé a los Mossos. Ya no ha vuelto a haber puerca en ese lugar.
Ni en ningún otro, desde hace bastantes semanas. O sea que parece que el artículo 1º del reglamento dice otras cosas, en el caso de estos chicos.
Un tanto a favor de una infancia ya bastante puteada entre unas cosas y otras y a ver si sigue la cosa así.
¡Oh! A todo esto... ¿y la Policía Nacional? (cuando tenía esas obligaciones, quiero decir). Pues nada, la veía todas las semanas... en la tele, en «El comisario».
Y es que las comparaciones son odiosas.
Para que vea la consellera Tura (si es que siquiera conoce la existencia de este modesto lugar digital) que no le tengo manía o que, de tenérsela, la sitúo muy lejos de los pájaros que constituyen el argumentario habitual de esta dolorida bitácora, hombre, en esta ocasión voy a hablar bien de ella y de sus muchachos. Porque hay que ser implacable en la queja y sanguinario ante la traición (aunque tanto de ésta última nos haya dejado prácticamente sin RH) pero también es preciso que conste en acta cuando las cosas se hacen bien.
Hoy, precisamente, un articulista de «El Periódico», Joan Barril, uno de los que me gusta incluso cuando dice cosas que no me gustan, destacaba que se nota (que es palpable, notorio) un aumento de la presencia policial, una presencia que se caracteriza, además, por una cierta relajación formal que tranquiliza al ciudadano alarmado, tenga o no razones para la alarma. Precisamente cuando Clos ha deteriorado hasta su nivel más bajo no sólo la imagen sino también la eficiencia en el auxilio ciudadano de la Guàrdia Urbana, los ciudadanos -o muchos ciudadanos- nos sentimos acogidos por un cuerpo policial fresco y joven que -carpe diem, aprovechémoslo mientras dure- parece estar ilusionado con su labor, cosa que hace disculpables sus pequeños o grandes fallos, al menos por el momento. Es, reescrita a mi aire, la visión de Barril y yo la suscribo.
Hay un detalle para mí esencial: aunque persisten algunas lacras callejeras, ha desaparecido la más inofensiva para los adultos pero más sangrante en todos los demás órdenes: la mendicidad con bebés. Nunca he pasado por alto esa asquerosidad y desde que tengo teléfono móvil -ya ha llovido desde el primer día- jamás he dejado de llamar a la policía cuando he visto esa triste escena. He sido siempre incansable, pese a que la Guàrdia Urbana siempre ha aplicado el que parece artículo 1º de su reglamento (cuando no se trata de multar coches mal aparcados que no molestan): «Lo siento, señor, pero no podemos hacer nada». Cuando se trata de un bebé usado como esclavo para la mendicidad, de un incivismo vecinal, de un cabrón aparcado en doble fila que no deja salir a nuestro vehículo perfectamente estacionado, o de una legión de ciclistas que se han propuesto, sinvergüencería en ristre, depilarte mejor que cualquier crema de los anuncios, «lo siento, señor, pero no podemos hacer nada» o, más frecuentemente, la callada por respuesta y jódete, ciudadano de mierda. Si, en cambio, se trata de un vehículo que invade un palmo de paso de peatones con el voladizo del parachoques, no hará falta que te gastes un duro en móvil: allá estará, block en mano grúa a toda máquina, la brigada entera.
Aún en fiestas de Navidad, pero ya cambiado el año, cerca de mi casa presencié la imagen de la mierdosa con el bebuco. Acto seguido llamé a los Mossos d'Esquadra. Cometí el error de dejar que la marrana en cuestión me viera empuñar el móvil (ovidé lamentablemente el viejo precepto de la mili: «siempre, siempre, siempre, en desenfilada»). La guarra en cuestión entregó el niño al cabrón que estaba al acecho a estos efectos y cuando llegaron los Mossos el cuerpecito del delito ya había volado. No obstante, los muchachos me llamaron para conocer más detalles sobre el asunto -me ofrecí a testificar si hiciera falta, nombre y número de DNI por delante- pero se preocuparon especialmente de que perseverara en mi actitud porque sólo con la ayuda ciudadana podrían erradicar el problema. Reconozco que en ese momento fui escéptico y la cosa me sonó a manual redactado por el inevitable imbécil de la gomina. Pocos días después, en otro lugar no muy lejano, repetición de la escena, pero esta vez esperé cinco minutos a que llegara el autobús y, una vez dentro de él, llamé a los Mossos. Ya no ha vuelto a haber puerca en ese lugar.
Ni en ningún otro, desde hace bastantes semanas. O sea que parece que el artículo 1º del reglamento dice otras cosas, en el caso de estos chicos.
Un tanto a favor de una infancia ya bastante puteada entre unas cosas y otras y a ver si sigue la cosa así.
¡Oh! A todo esto... ¿y la Policía Nacional? (cuando tenía esas obligaciones, quiero decir). Pues nada, la veía todas las semanas... en la tele, en «El comisario».
Y es que las comparaciones son odiosas.
lunes, 27 de marzo de 2006
Desproporcionado e injusto
De la serie: «Correo ordinario»
Se medio queja Enrique Dans de que está recibiendo mensajes de correo electrónico... impertinentes -por decirlo suavemente- a raíz del comentario sobre una carta que Juan José Castillo, director de la Red de Organizaciones de Autores e Intérpretes de Música, que ha publicado la cosa rara esa, ACAM (a estos ni los enlazo, vaya), que, a su vez, protesta por el artículo que Enrique Dans publicó en «Libertad Digital» (ciertamente duro pero plenamente merecido) en el que, además de dedicar tres o cuatro verdades al colectivo en cuestión, bautizaba a la modificación de la LPI con el sobrenombre -que ha hecho furor, por otra parte- de Ley de la Sopa Boba.
El señor Castillo este pone a Dans como chupa de dómine sintiéndose, en la representación que ostenta, insultado, injuriado, vejado, y no sé qué mas dice o insinúa. Realmente, su escrito (en la parte que se reproduce) no tiene mucho interés: los lugares comunes de siempre, la adoración -como si fuera la hostia- de la falacia esa de la propiedad intelectual (¿de qué conocimiento se considerarán propietarios estos tíos?) y la inevitable carraca del salario de los autores que trabajan mucho y ganan poco y va siguiendo en esa especie de delirio demencial con la cosa esa de que nosotros, los consumidores, los ciudadanos, no pagamos nada a los autores ni a las sociedades de gestión, que lo pagan los intermediarios (emisoras de radio y de televisión, vendedores de CD vírgenes y demás). No me extraña que haya muchos autores que vivan en la postración -eso sí que me lo creo, pero no es culpa mía: lo es, entre otros más ilustres, del señor Castillo, precisamente- si el director de la cosa esa, ROAIM -siglitas eufónicas, sí señor- tiene los conocimientos económicos que tan impúdica e imprudentemente exhibe. Aunque es mucho más probable que posea unas excelentes nociones de economía y lo que tenga este señor, además de un morro que se lo pisa, es una demagogia de máster de Harvard (si en Harvard hubiera máster de demagogia, lo que no me sorprendería tampoco nada).
Se queja, en definitiva, de que decir, como dice Dans, que con la nueva LPI los artistas (si no es mucho llamarles) dejarán de vivir del arte para vivir del cuento, es desproporcionado e injusto.
Pues a ver, me lo explique a mí el señor ese.
Cobrar una comisión por cada CD virgen que se vende, como si sistemáticamente fuera a dedicarse a llenarlo con contenidos sujetos a su ridícula propiedad intelectual (práctica que, encima, la LPI resultante de la traición sociato-pepera, ilegaliza en más de un 90 por 100 de los casos), no es desproporcionado ni injusto, al parecer.
Cobrar una comisión por cada reproductor de música cuando, una de dos (o las dos), se ha pagado el disco original o se ha pagado el canon del CR virgen, no es, según parece, desproporcionado ni injusto.
Cobrar una comisión por cada aparato de radio o de televisión cuando las emisoras ya pagan el correspondiente e inevitable canon por la difusión de los contenidos de los tíos esos, no es, cabe colegir, desproporcionado ni injusto.
Y pretender cobrar comisión -es de temer que, además lo consigan- por la práctica totalidad de los componentes informáticas no es, para esta gente, desproporcionado ni injusto.
Estos tíos -tan amigos, por cierto, de pleitear por la coña esa del honor ofendido- se permiten llamar ladrones y piratas a todos los internautas (muchos de los cuales, encima, son sus clientes, es que hay que ser panoli) por una actividad -legal todavía y legítima siempre, por demás- que muchos, muchísimos, no practicamos.
Yo no voy a gastarme ni un céntimo ni a perder ni un minuto de mi tiempo con los ruidos que hace el triunfito ese de los rizos. Como tampoco me gasto un céntimo ni pierdo un minuto de mi tiempo en mierda de cine español. Y poco gasto, digo poco por no decir nada, en tiempo y dinero, por el otro. No, perdón, me equivoco: entre premios y subvenciones oficiales, demasiados céntimos míos van a cantachifles y a mierdas de un cine español, que ni me interesa ni consumo; incluso me jode su propia existencia por la imagen basurera y vergonzosa que dan de nosotros los -afortunadamente- pocos pestiños de esos que salen fuera de nuestras fronteras. Por no hablar, ya que estamos en materia de imagen, de la que dan los niños bonitos de la industria local del ocio.
Y, por supuesto, ese no gastar un céntimo ni desperdiciar mi tiempo incluye no dedicar ni un segundo de mi carísima conexión ADSL (la más cara de Europa), ni un bite de ancho de banda, ni un nanosegundo de mi disponibilidad de tiempo a bajarme porquería de esa. Yo tengo el ordenador para cosas serias.
Sin embargo, esos tíos me obligan a darles dinero aunque yo no consuma su porquería de producto. Esto es lo que sí está claro: les tengo que dar a la fuerza un dinero sin que ellos me den a mí nada a cambio ni yo pueda reclamárselo. ¿Qué nombre recibe eso? ¿Cómo se denomina eso? Ojo, no lo digas; ni lo pienses: te juegas un pleito.
Hay modos de defenderse. Por supuesto, los discos vírgenes se compran fuera o por Internet y a la industria española que la den por el culo, no haber firmado imbecilidades y mira que estaban avisados (la campaña anti-canon ya empezó a desarrollarse muchísimo antes de aquel aciago julio de 2003). Pero no podemos dejar de comprar ordenadores y otras máquinas gra(b)vadas con el diezmo de esta gente.
No tenemos más defensa que el boicot, que obligarles a que vivan de la comisión sobre unos consumibles que no compraremos aquí -o sea que no habrá comisión- y cuya adquisición en otros países europeos no podrán hacer prohibir porque los países sin canon se echarían en Bruselas a la yugular del Gobierno español.
Ese boicot que sólo propugnamos cuatro gatos y que seguramente les hace reir mucho. Bien, quizá. O quizá no. Seguiremos insistiendo en lo del boicot. Quizá dejemos de ser cuatro gatos o quizá no. Quizá lo logremos o quizá no. Viendo la sangre de horchata del personal, seguramente no. Pero que tengan en cuenta una cosa: si llegamos a conseguir que se imponga el boicot, veremos luego quién lo para; veremos si, una vez desencadenada la gente, cuando los felones hagan cuentas y vean inminente su ruina y quieran negociar para acabar con el mal rollo, a ver si la gente estará por sí sola satisfecha, a ver quién tendrá el ascendente moral como para decir «¡Todo arreglado! ¡Deteneos ya!», a ver quién se erige en Capitán Trueno y a ver si la gente le hace caso. Es como lanzar una gran piedra por una pendiente: puede ser muy difícil, pero si se consigue hacerla rodar, a ver quién será el guapo que la pare.
Porque, si lo lográramos, para qué nos íbamos a privar, ya puestos, del gustirrinín de veros pedir árnica a moco tendido... y sin esperanza alguna.
Y ese sería un maravilloso corte de mangas a vuestras desproporciones y a vuestras injusticias.
Se medio queja Enrique Dans de que está recibiendo mensajes de correo electrónico... impertinentes -por decirlo suavemente- a raíz del comentario sobre una carta que Juan José Castillo, director de la Red de Organizaciones de Autores e Intérpretes de Música, que ha publicado la cosa rara esa, ACAM (a estos ni los enlazo, vaya), que, a su vez, protesta por el artículo que Enrique Dans publicó en «Libertad Digital» (ciertamente duro pero plenamente merecido) en el que, además de dedicar tres o cuatro verdades al colectivo en cuestión, bautizaba a la modificación de la LPI con el sobrenombre -que ha hecho furor, por otra parte- de Ley de la Sopa Boba.
El señor Castillo este pone a Dans como chupa de dómine sintiéndose, en la representación que ostenta, insultado, injuriado, vejado, y no sé qué mas dice o insinúa. Realmente, su escrito (en la parte que se reproduce) no tiene mucho interés: los lugares comunes de siempre, la adoración -como si fuera la hostia- de la falacia esa de la propiedad intelectual (¿de qué conocimiento se considerarán propietarios estos tíos?) y la inevitable carraca del salario de los autores que trabajan mucho y ganan poco y va siguiendo en esa especie de delirio demencial con la cosa esa de que nosotros, los consumidores, los ciudadanos, no pagamos nada a los autores ni a las sociedades de gestión, que lo pagan los intermediarios (emisoras de radio y de televisión, vendedores de CD vírgenes y demás). No me extraña que haya muchos autores que vivan en la postración -eso sí que me lo creo, pero no es culpa mía: lo es, entre otros más ilustres, del señor Castillo, precisamente- si el director de la cosa esa, ROAIM -siglitas eufónicas, sí señor- tiene los conocimientos económicos que tan impúdica e imprudentemente exhibe. Aunque es mucho más probable que posea unas excelentes nociones de economía y lo que tenga este señor, además de un morro que se lo pisa, es una demagogia de máster de Harvard (si en Harvard hubiera máster de demagogia, lo que no me sorprendería tampoco nada).
Se queja, en definitiva, de que decir, como dice Dans, que con la nueva LPI los artistas (si no es mucho llamarles) dejarán de vivir del arte para vivir del cuento, es desproporcionado e injusto.
Pues a ver, me lo explique a mí el señor ese.
Cobrar una comisión por cada CD virgen que se vende, como si sistemáticamente fuera a dedicarse a llenarlo con contenidos sujetos a su ridícula propiedad intelectual (práctica que, encima, la LPI resultante de la traición sociato-pepera, ilegaliza en más de un 90 por 100 de los casos), no es desproporcionado ni injusto, al parecer.
Cobrar una comisión por cada reproductor de música cuando, una de dos (o las dos), se ha pagado el disco original o se ha pagado el canon del CR virgen, no es, según parece, desproporcionado ni injusto.
Cobrar una comisión por cada aparato de radio o de televisión cuando las emisoras ya pagan el correspondiente e inevitable canon por la difusión de los contenidos de los tíos esos, no es, cabe colegir, desproporcionado ni injusto.
Y pretender cobrar comisión -es de temer que, además lo consigan- por la práctica totalidad de los componentes informáticas no es, para esta gente, desproporcionado ni injusto.
Estos tíos -tan amigos, por cierto, de pleitear por la coña esa del honor ofendido- se permiten llamar ladrones y piratas a todos los internautas (muchos de los cuales, encima, son sus clientes, es que hay que ser panoli) por una actividad -legal todavía y legítima siempre, por demás- que muchos, muchísimos, no practicamos.
Yo no voy a gastarme ni un céntimo ni a perder ni un minuto de mi tiempo con los ruidos que hace el triunfito ese de los rizos. Como tampoco me gasto un céntimo ni pierdo un minuto de mi tiempo en mierda de cine español. Y poco gasto, digo poco por no decir nada, en tiempo y dinero, por el otro. No, perdón, me equivoco: entre premios y subvenciones oficiales, demasiados céntimos míos van a cantachifles y a mierdas de un cine español, que ni me interesa ni consumo; incluso me jode su propia existencia por la imagen basurera y vergonzosa que dan de nosotros los -afortunadamente- pocos pestiños de esos que salen fuera de nuestras fronteras. Por no hablar, ya que estamos en materia de imagen, de la que dan los niños bonitos de la industria local del ocio.
Y, por supuesto, ese no gastar un céntimo ni desperdiciar mi tiempo incluye no dedicar ni un segundo de mi carísima conexión ADSL (la más cara de Europa), ni un bite de ancho de banda, ni un nanosegundo de mi disponibilidad de tiempo a bajarme porquería de esa. Yo tengo el ordenador para cosas serias.
Sin embargo, esos tíos me obligan a darles dinero aunque yo no consuma su porquería de producto. Esto es lo que sí está claro: les tengo que dar a la fuerza un dinero sin que ellos me den a mí nada a cambio ni yo pueda reclamárselo. ¿Qué nombre recibe eso? ¿Cómo se denomina eso? Ojo, no lo digas; ni lo pienses: te juegas un pleito.
Hay modos de defenderse. Por supuesto, los discos vírgenes se compran fuera o por Internet y a la industria española que la den por el culo, no haber firmado imbecilidades y mira que estaban avisados (la campaña anti-canon ya empezó a desarrollarse muchísimo antes de aquel aciago julio de 2003). Pero no podemos dejar de comprar ordenadores y otras máquinas gra(b)vadas con el diezmo de esta gente.
No tenemos más defensa que el boicot, que obligarles a que vivan de la comisión sobre unos consumibles que no compraremos aquí -o sea que no habrá comisión- y cuya adquisición en otros países europeos no podrán hacer prohibir porque los países sin canon se echarían en Bruselas a la yugular del Gobierno español.
Ese boicot que sólo propugnamos cuatro gatos y que seguramente les hace reir mucho. Bien, quizá. O quizá no. Seguiremos insistiendo en lo del boicot. Quizá dejemos de ser cuatro gatos o quizá no. Quizá lo logremos o quizá no. Viendo la sangre de horchata del personal, seguramente no. Pero que tengan en cuenta una cosa: si llegamos a conseguir que se imponga el boicot, veremos luego quién lo para; veremos si, una vez desencadenada la gente, cuando los felones hagan cuentas y vean inminente su ruina y quieran negociar para acabar con el mal rollo, a ver si la gente estará por sí sola satisfecha, a ver quién tendrá el ascendente moral como para decir «¡Todo arreglado! ¡Deteneos ya!», a ver quién se erige en Capitán Trueno y a ver si la gente le hace caso. Es como lanzar una gran piedra por una pendiente: puede ser muy difícil, pero si se consigue hacerla rodar, a ver quién será el guapo que la pare.
Porque, si lo lográramos, para qué nos íbamos a privar, ya puestos, del gustirrinín de veros pedir árnica a moco tendido... y sin esperanza alguna.
Y ese sería un maravilloso corte de mangas a vuestras desproporciones y a vuestras injusticias.
sábado, 25 de marzo de 2006
Malinowsky
De la serie: «Correo ordinario»
Iba esta mañana rambleando (todos los sábados de primavera por la mañana los dedico a la Barcelona antigua) rodeado de guiris por todas partes. Ya es sabido por los barceloneses que el señor Clos nos ha robado la ciudad para entregársela a estos turistas de un día que vienen en esas enormes cajas de zapatos -a las que osan llamar «barcos», tan marineras como un ladrillo-, a beneficio del gremio de la restauración basurilla ramblera que se está calzando las botas mientras la población local aborigen huye el fin de semana y los de la sobrevenida hacen de camareros sirviendo a los barrigudos nórdicos enormes tanques de café aguado o litronas en jarra (que esas sí que son del agrado de nuestro poncio y no las reprime a urbanazo limpio). Solamente alivia de esta náusea sudorosa y cocida la gracia de las italianas, que son como una chispa de picante en un plato más bien insulso y bastante pasadillo. Si no fuera por las piedras de los franceses y las voces cantarinas y alegres de las italianas, no sé qué sería de Europa.
Bueno, pues eso, que iba Rambla abajo y a la altura del Liceo me encuentro con el puestecillo de un poeta. Sí, sí, de un poeta. No de un vendedor de artesanía, de entradas para el flamenco o de mecheros modelo compañero dame un duro, sino un poeta, de los que escriben poemas, esas cosas que son frases que riman y miden armónicamente, al menos las de algunos. Y los vende a la antigua usanza, o sea in situ. Un eurillo, eurillo y medio o dos y toma, aquí tienes un poema escrito en un pliego de tamaño DIN A-4, plastificado -me ha parecido- e impreso con láser.
Aprovechando que tengo -creo- pinta de guiri yo mismo, me pongo a fotografiarlo -beautiful, typical!- y el hombre vestido a guisa de gaucho urbanícola -Malinowsky, creo recordar que se llama, o algo así- se me amostaza: «No use las fotos para copiar el material; es inmoral», me dice. Se me viene a la cabeza espetarle la bitácora entera. Pero no. Nada me produciría más placer que provocarle una contrariedad al Teddy (él mismo, con su sopa boba se ha clasificado solito como artículo de consumo), pero no a un hombre que está trabajando. Y como está trabajando, no tendrá tiempo -aparte de ganas- de escuchar mi sermón sobre cultura libre y cultura en libertad.
Hago otra cosa. Le dejo mi tarjeta. «Mañana -le digo- entra en esa URL y lee. Si hay algo que no te gusta -sobreentendiendo que sea algún contenido del que él sea autor-, me lo dices y lo quito». Me responde que él no es tecnológico, que no entra en Internet. Claro. Por eso hay visiones interesantes sobre la cultura que él ignora.
Espero que esa curiosidad que tenemos todos por saber qué dicen de nosotros en un sitio determinado (¿morbo? ¿ego?) le lleve hasta aquí y vea que he cumplido mi palabra. Él ya cuenta con ello: al entregarle la tarjeta y hacerle mi ofrecimiento, después de decir que lo de Internet no iba con él ha acabado con un «'tá bien» que parece querer decir «no iré a comprobarlo, pero te creo».
Los alrededores del Pla de la Boqueria y las proximidades del Liceo suelen ser zona de acampada para poetas. Para unos pocos, no vaya nadie a pensar que está lleno. Hay otro que iba muy frecuentemente -espero que todavía siga yendo y que sea que no coincidimos- que es Eduardo Mazo; este, más que poeta es pensador. Vende también sus libros autoeditados en un puestecito parecido al de Malinowsky; consisten en una serie de pensamientos en frases muy cortas, en el estilo de Pascal, de Ramón Gómez de la Serna o, más modernamente, de Perich. A mazo le he comprado un par de libros, «Prohibido morir» y «Autorizado a vivir». No creo que le den nunca un premio de los gordos, como él, alegremente, admite de forma implícita:
¿Quieres elevarte intelectualmente?
Cierra este libro y abre uno de Borges
Y a Malinowsky, por si se decide a entrar en Internet y llega a leer esto (¡ánimo, valiente!), sólo una reflexión: imagina que veinte amigos te copiamos toda tu producción. Uno, la cuelga de Internet; otro, la regala al lado de un distribuidor de prensa gratuita; otro más, la vende en la librería de su padre; otro, monta un tenderete y vende tu obra en la Rambla, junto a la Diagonal; los demás, la van vendiendo por los mercadillos semanales de diferentes pueblos. ¿Tú que crees? ¿Venderías menos? ¿O venderías más? Piénsalo, solamente. Mira aquí, en la red, la cantidad de gente que se está ganando la vida razonablemente bien y eso que regala su obra; mientras tanto, muchísimos pasan estrecheces vendiendo la suya.
Sé verdaderamente librepensador. Tu trabajo es escribir; tú eres poeta, no mercachifle. No te dejes llevar por modelos que están ya muertos. Hay más posibilidades. Hay más mundo.
Hace años, cuando veía a gente como Mazo o como tú, Malinowsky, pensaba: «quizá no sean grandes escritores; quizá no pasen a la historia de la literatura o del pensamiento; pero... ¡qué bien nos iría que hubiera algunos más como ellos! Digamos... dos o tres millones más».
Y... ¿sabes una cosa? Los había, sólo que no lo sabía. Los he encontrado en la red. Y me dan -nos dan a todos- su obra. No me dicen que copiarles es inmoral: me dicen todo lo contrario, que les copie, que les divulgue, que les lleve a los confines del mundo, que los suba hasta las mismas estrellas, si puedo.

Todos los poetas cantan al mar,
pero cuando se van a bañar,
ponen primero el pie para saber si el agua está fría
(Eduardo Mazo - «Prohibido morir»)
Ven con nosotros, Malinowsky, amigo, compañero...
Iba esta mañana rambleando (todos los sábados de primavera por la mañana los dedico a la Barcelona antigua) rodeado de guiris por todas partes. Ya es sabido por los barceloneses que el señor Clos nos ha robado la ciudad para entregársela a estos turistas de un día que vienen en esas enormes cajas de zapatos -a las que osan llamar «barcos», tan marineras como un ladrillo-, a beneficio del gremio de la restauración basurilla ramblera que se está calzando las botas mientras la población local aborigen huye el fin de semana y los de la sobrevenida hacen de camareros sirviendo a los barrigudos nórdicos enormes tanques de café aguado o litronas en jarra (que esas sí que son del agrado de nuestro poncio y no las reprime a urbanazo limpio). Solamente alivia de esta náusea sudorosa y cocida la gracia de las italianas, que son como una chispa de picante en un plato más bien insulso y bastante pasadillo. Si no fuera por las piedras de los franceses y las voces cantarinas y alegres de las italianas, no sé qué sería de Europa.
Bueno, pues eso, que iba Rambla abajo y a la altura del Liceo me encuentro con el puestecillo de un poeta. Sí, sí, de un poeta. No de un vendedor de artesanía, de entradas para el flamenco o de mecheros modelo compañero dame un duro, sino un poeta, de los que escriben poemas, esas cosas que son frases que riman y miden armónicamente, al menos las de algunos. Y los vende a la antigua usanza, o sea in situ. Un eurillo, eurillo y medio o dos y toma, aquí tienes un poema escrito en un pliego de tamaño DIN A-4, plastificado -me ha parecido- e impreso con láser.
Aprovechando que tengo -creo- pinta de guiri yo mismo, me pongo a fotografiarlo -beautiful, typical!- y el hombre vestido a guisa de gaucho urbanícola -Malinowsky, creo recordar que se llama, o algo así- se me amostaza: «No use las fotos para copiar el material; es inmoral», me dice. Se me viene a la cabeza espetarle la bitácora entera. Pero no. Nada me produciría más placer que provocarle una contrariedad al Teddy (él mismo, con su sopa boba se ha clasificado solito como artículo de consumo), pero no a un hombre que está trabajando. Y como está trabajando, no tendrá tiempo -aparte de ganas- de escuchar mi sermón sobre cultura libre y cultura en libertad.
Hago otra cosa. Le dejo mi tarjeta. «Mañana -le digo- entra en esa URL y lee. Si hay algo que no te gusta -sobreentendiendo que sea algún contenido del que él sea autor-, me lo dices y lo quito». Me responde que él no es tecnológico, que no entra en Internet. Claro. Por eso hay visiones interesantes sobre la cultura que él ignora.
Espero que esa curiosidad que tenemos todos por saber qué dicen de nosotros en un sitio determinado (¿morbo? ¿ego?) le lleve hasta aquí y vea que he cumplido mi palabra. Él ya cuenta con ello: al entregarle la tarjeta y hacerle mi ofrecimiento, después de decir que lo de Internet no iba con él ha acabado con un «'tá bien» que parece querer decir «no iré a comprobarlo, pero te creo».
Los alrededores del Pla de la Boqueria y las proximidades del Liceo suelen ser zona de acampada para poetas. Para unos pocos, no vaya nadie a pensar que está lleno. Hay otro que iba muy frecuentemente -espero que todavía siga yendo y que sea que no coincidimos- que es Eduardo Mazo; este, más que poeta es pensador. Vende también sus libros autoeditados en un puestecito parecido al de Malinowsky; consisten en una serie de pensamientos en frases muy cortas, en el estilo de Pascal, de Ramón Gómez de la Serna o, más modernamente, de Perich. A mazo le he comprado un par de libros, «Prohibido morir» y «Autorizado a vivir». No creo que le den nunca un premio de los gordos, como él, alegremente, admite de forma implícita:Cierra este libro y abre uno de Borges
Y a Malinowsky, por si se decide a entrar en Internet y llega a leer esto (¡ánimo, valiente!), sólo una reflexión: imagina que veinte amigos te copiamos toda tu producción. Uno, la cuelga de Internet; otro, la regala al lado de un distribuidor de prensa gratuita; otro más, la vende en la librería de su padre; otro, monta un tenderete y vende tu obra en la Rambla, junto a la Diagonal; los demás, la van vendiendo por los mercadillos semanales de diferentes pueblos. ¿Tú que crees? ¿Venderías menos? ¿O venderías más? Piénsalo, solamente. Mira aquí, en la red, la cantidad de gente que se está ganando la vida razonablemente bien y eso que regala su obra; mientras tanto, muchísimos pasan estrecheces vendiendo la suya.
Sé verdaderamente librepensador. Tu trabajo es escribir; tú eres poeta, no mercachifle. No te dejes llevar por modelos que están ya muertos. Hay más posibilidades. Hay más mundo.
Hace años, cuando veía a gente como Mazo o como tú, Malinowsky, pensaba: «quizá no sean grandes escritores; quizá no pasen a la historia de la literatura o del pensamiento; pero... ¡qué bien nos iría que hubiera algunos más como ellos! Digamos... dos o tres millones más».
Y... ¿sabes una cosa? Los había, sólo que no lo sabía. Los he encontrado en la red. Y me dan -nos dan a todos- su obra. No me dicen que copiarles es inmoral: me dicen todo lo contrario, que les copie, que les divulgue, que les lleve a los confines del mundo, que los suba hasta las mismas estrellas, si puedo.

pero cuando se van a bañar,
ponen primero el pie para saber si el agua está fría
(Eduardo Mazo - «Prohibido morir»)
Ven con nosotros, Malinowsky, amigo, compañero...
viernes, 24 de marzo de 2006
¡Juas!
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Leo (y casi no lo creo) el titular de Periodista Digital con una frasecita de Juan Luis Cebrian, nada menos que consejero delegado de PRISA y director que fue de «El País» durante bastantes años: «Hay medios que malversan la libertad de expresión por intereses ajenos a los de sus lectores»
Se me ocurren tres posibles respuestas:
1) Siempre habló el que la casa honró
2) Cree el ladrón que todos son de su condición
3) Tirarse un pedo en un velatorio y echarle la culpa al muerto.
Quédese cada cual con la que más le guste.
Leo (y casi no lo creo) el titular de Periodista Digital con una frasecita de Juan Luis Cebrian, nada menos que consejero delegado de PRISA y director que fue de «El País» durante bastantes años: «Hay medios que malversan la libertad de expresión por intereses ajenos a los de sus lectores»
Se me ocurren tres posibles respuestas:
1) Siempre habló el que la casa honró
2) Cree el ladrón que todos son de su condición
3) Tirarse un pedo en un velatorio y echarle la culpa al muerto.
Quédese cada cual con la que más le guste.
Condiciones para una rendición
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Oía ayer en un telediario de esos, a alguien que decía algo así como (disculpadme la imprecisión de la memoria, creo que respeto el sentido del discurso): «Ya no podemos hacer nada por los que han llegado tarde. Ahora se trata de que nadie llegue tarde nunca más». Esa persona hablaba del proceso que, con mejor o peor fortuna futura se inicia hoy. Esa persona no era un rojo peligrosísimo, ni un sicario de Carod Rovira, ni un antiglobalización, ni nada de eso. Esa persona hablaba con la misma autoridad moral que las víctimas de terrorismo porque es una víctima del terrorismo: me refiero a la hija de Ernest Lluch. Así que, señor Zaplana, cierre de una puta vez el jodido periódico y métaselo -háganos ese favor- por el culo.
La parroquia pepera está desconcertada, entre la espada de su historial de perrera sostenido hasta hoy mismo (aunque hoy ya balbuceante y desorientado) y la pared de un posible futuro de fin digno del terrorismo en el que ellos no tuvieran protagonismo, atrapados en su estúpido sostenella y no enmendalla. Lo dije el otro día: cada cual recoge lo que siembra y en esta ocasión San Joderse cayó en miércoles. En miércoles, 22 de marzo de 2006. Imposible, eso sí, no hacer mención del impresentable pepero vasco esparciendo mierda y mezclando al estatut catalán en la conspiración judeo-masónica; tampoco hay que dejar de mentar al otro impresentable (¡y pensar que dentro de dos años puede ser President de la Generalitat..!) que venía a decir lo mismo, pero en sentido contrario de la marcha. Quizá el 18 de junio, señor Mas, algunos recordemos sus asociaciones de ideas y nos cepillemos, con mucha más alegría que tristeza, su mierda de estatut.
Y mientras los perros -todos ellos- se lanzan a por el hueso de la paz después de haber roído ávidamente el hueso de los muertos, los ciudadanos pensamos, creo, que lo que viene va a ser difícil, que vamos a tener que tragar muchas cosas y que las heridas tardarán en restañarse una generación, quizá más.
Es hora de recordar al Gobierno que está negociando una rendición, no un armisticio. Es hora de recordar al Gobierno que son ellos los que han de pasar por el aro. Podemos hablar de sus presos, podemos hablar de la legalización de sus partidos y de las casas de tolerancia esas, las herrikotabernas; pero ni un paso más allá. No negociación política.
La guerra la hemos ganado nosotros, los españoles. Ellos la han perdido. Vae victis. Cuando firmen la rendición, quizá -sólo quizá y no todo el mundo- podremos más o menos hacer ver que olvidamos y empezar de nuevo haciendo ver (simple simulación, otra vez) que no ha pasado nada. Ya veremos. Pero todo eso, después de la rendición. Las contrapartidas, a rendición firmada y arrojadas las armas a los pies de los Ingenieros militares o de los TEDAX de la Guardia Civil. Antes, ni agua.
Es necesario el ejemplo histórico de que quede muy claro que nosotros (los españoles, todos, incluidos los vascos, por supuesto) hemos ganado. Y ellos, los hijos de la gran puta, han perdido.
Eso sí que es innegociable.
Oía ayer en un telediario de esos, a alguien que decía algo así como (disculpadme la imprecisión de la memoria, creo que respeto el sentido del discurso): «Ya no podemos hacer nada por los que han llegado tarde. Ahora se trata de que nadie llegue tarde nunca más». Esa persona hablaba del proceso que, con mejor o peor fortuna futura se inicia hoy. Esa persona no era un rojo peligrosísimo, ni un sicario de Carod Rovira, ni un antiglobalización, ni nada de eso. Esa persona hablaba con la misma autoridad moral que las víctimas de terrorismo porque es una víctima del terrorismo: me refiero a la hija de Ernest Lluch. Así que, señor Zaplana, cierre de una puta vez el jodido periódico y métaselo -háganos ese favor- por el culo.
La parroquia pepera está desconcertada, entre la espada de su historial de perrera sostenido hasta hoy mismo (aunque hoy ya balbuceante y desorientado) y la pared de un posible futuro de fin digno del terrorismo en el que ellos no tuvieran protagonismo, atrapados en su estúpido sostenella y no enmendalla. Lo dije el otro día: cada cual recoge lo que siembra y en esta ocasión San Joderse cayó en miércoles. En miércoles, 22 de marzo de 2006. Imposible, eso sí, no hacer mención del impresentable pepero vasco esparciendo mierda y mezclando al estatut catalán en la conspiración judeo-masónica; tampoco hay que dejar de mentar al otro impresentable (¡y pensar que dentro de dos años puede ser President de la Generalitat..!) que venía a decir lo mismo, pero en sentido contrario de la marcha. Quizá el 18 de junio, señor Mas, algunos recordemos sus asociaciones de ideas y nos cepillemos, con mucha más alegría que tristeza, su mierda de estatut.
Y mientras los perros -todos ellos- se lanzan a por el hueso de la paz después de haber roído ávidamente el hueso de los muertos, los ciudadanos pensamos, creo, que lo que viene va a ser difícil, que vamos a tener que tragar muchas cosas y que las heridas tardarán en restañarse una generación, quizá más.
Es hora de recordar al Gobierno que está negociando una rendición, no un armisticio. Es hora de recordar al Gobierno que son ellos los que han de pasar por el aro. Podemos hablar de sus presos, podemos hablar de la legalización de sus partidos y de las casas de tolerancia esas, las herrikotabernas; pero ni un paso más allá. No negociación política.
La guerra la hemos ganado nosotros, los españoles. Ellos la han perdido. Vae victis. Cuando firmen la rendición, quizá -sólo quizá y no todo el mundo- podremos más o menos hacer ver que olvidamos y empezar de nuevo haciendo ver (simple simulación, otra vez) que no ha pasado nada. Ya veremos. Pero todo eso, después de la rendición. Las contrapartidas, a rendición firmada y arrojadas las armas a los pies de los Ingenieros militares o de los TEDAX de la Guardia Civil. Antes, ni agua.
Es necesario el ejemplo histórico de que quede muy claro que nosotros (los españoles, todos, incluidos los vascos, por supuesto) hemos ganado. Y ellos, los hijos de la gran puta, han perdido.
Eso sí que es innegociable.
jueves, 23 de marzo de 2006
Rendición, botellón y erupción
De la serie: «Los jueves, paella»
Parece que ayer fue un día histórico... Bien, eso está por ver. Una de las cosas que caracterizan al vigente régimen es que hay jornadas históricas por un tubo. A los quince días nadie recuerda tanta historia, pero en fin... Convengamos, eso sí, en la posibilidad de que a la larga, quizá, según como, pudiera ser... que el 22 de marzo de 2006 resultara haber sido una jornada histórica. Bueno, era cosa cantada y ya la comentaba aquí mismo hace un par de semanas.
Por mi parte yo ya dije lo que tenía que decir y, pese a la reconvención de Monsignore (y ojo, que a Monsignore me lo tomo muy en serio), insisto en ello aún reconociendo que es duro en algunos puntos.
En fin, como dicen los taurinos, que Dios reparta suerte y que el 22 de marzo de 2006, además de un día histórico, acabe siendo un día digno de celebrar.
Pero eso será muy, muy, muy, a la larga.
____________________
Lo del botellón se estira mediáticamente. Quizá lo que comento en el epígrafe anterior acalle un poco tanta escandalera, pero, la verdad, hay que ver el jugo que le están sacando. Especialmente al de Barcelona que, por cierto, no fue tal botellón: se trató de un número de guerrilla urbana de mayor o menor intensidad donde el alcohol corrió más bien poco o nada.
Sí, porque las cosas no están claras. Treinta y tantos detenidos, muchísimas acusaciones de detenciones indiscriminadas (es una vieja táctica policial que yo recuerdo de los tiempos de Paco: un mandamás -más o menos mandamás- pide sangre y se mete a la gente en la furgona a puñados sin más culpa que la de estar en mal lugar y en mal momento) y lo cierto es que sólo cuatro de los detenidos tienen antecedentes. Bien, esto ya lo aclararán los jueces, si les queda tiempo después de dirimir los pleitos que, incansablemente, interpone la $GAE.
Lo que interesa aquí es poner otra vez bajo el microscopio esta cretinada de la ordenanza cívica -en eso de poner nombres eufónicos y políticamente correctos a las tonterías sí que se pintan solos- y echar un vistazo a uno de sus aspectos.
La tal ordenanza prohíbe beber en la calle. Bien, para empezar, no sé qué tiene de incívico beber en la calle; pueden ser incívicas algunas consecuencias de beber demasiado en la calle o fuera de de la calle: mearse en una pared, romper retrovisores a puntapiés y demás trapazadas. Pero beber en sí mismo... Uno piensa que se ha tirado por el camino fácil y que muerto el perro se acabó la rabia, que es más fácil prohibir beber que perseguir algunas consecuencias [realmente] incívicas del exceso de bebida. Pero no, no es esta la razón.
La clave para oler a podre nos la da una interesante excepción de la ordenanza: no se puede beber en la calle... salvo en las terrazas y en otros lugares especialmente habilitados. ¡Ah, coño! Se ve que el que se emborracha en una terraza -que paga las correspondientes y cuantiosas tasas por ocupación de la vía pública- no es incívico y, en cambio, el que pilla una cogorza de capitán general con material adquirido en el supermercado es un semi delincuente al que hay que cascar con todas las de la Guardia Urbana.
Como siempre, el ciudadano concebido como un pagano, como un bolsillo ambulante, el último mono frente a sectores industriales y comerciales con mando en plaza. ¿Qué es esto de comprar una botella de ginebra por 12 euros y cocacolas de dos litros por cuatro o cinco más y bebérselo todo en la plaza en alegre compañía? Ni hablar, nene: si quieres beber, paga 10 euros por un vaso lleno de hielo en el Nick Kagana, que goza de todas las simpatías oficiales y municipales porque es cool y fardón (tanto, que hasta se permite el lujo de cachondearse del descanso de sus desgraciados vecinos mientras todo el cuartelillo mira para otro lado) y si no, antidisturbios al canto, borracho e incívico de mierda.
Luego que no digan que Clos no tiene en cuenta a los pobres pequeños comerciantes...
____________________
En una entrada anterior, refiriéndome al invento de Boadella y compañía, Ciutadans de Catalunya, criticaba su conversión en partido político prefiriendo más bien su constitución como lobby ciudadano. Hace unos días, en una conversación entre amigos, se especuló -de forma puramente ideal, no como sugerencia para un proyecto- que los internautas, todos los grupos de internautas y afines, no sólo la AI, podríamos organizar una candidadura independiente en unas elecciones generales.
Estuvimos todos de acuerdo en que no sería excesivamente utópica la probabilidad de obtener un escaño, quizá incluso dos, a poco que la comunidad en red se volcara sobre la candidatura e incluso especulamos -¡ay, la cerveza!- sobre lo divertido que sería subir al estrado del Congreso de los Diputados o intervenir en comisión y cantarles a la $GAE, a Micro$oft y a otras hierbas las verdades del barquero con todas las letras y adjetivos pertinentes; por no hablar de lo que podría obtenerse a cambio de votar a favor de esto o en contra de lo otro (poco, con sólo dos escaños a todo estirar).
Sí, sería divertido. Pero lo sería mucho menos el bollo que se organizaría en la propia comunidad internauta: acusaciones de todo tipo (sobre todo, de venalidad) por todos los foros, ya no hacia los que consiguieran llegar al escaño sino a todos los candidatos; y sin que intervinieran provocadores de la $GAE: la comunidad se basta y se sobra solita para hacerse polvo internamente. Hombre, incluso hay quien ha celebrado las sentencias contra la Asociación de Internautas en la demanda interpuesta por la $GAE y el Teddy como justo castigo por la intervención de la AI en el tema de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (que es, por cierto, incidental, casual y precisamente, la que nos salvará a la postre).
Esto aparte -y lo que voy a decir sirve también para Ciutadans de Catalunya- no me gustan las candidaturas o los partidos monotemáticos: muy bien, ya sabemos que con estos se combatirá el nacionalismo autonómico y con los otros se combatirá el apropiacionismo del conocimiento. Importantísimas cosas las dos pero... ¿y lo demás? Oiga... ¿cómo pìensan actuar ustedes respecto a...? (y aquí escríbase la educación, la vivienda, los contratos de trabajo, la deslocalización industrial, el urbanismo costero, la gestión del fin del terrorismo, el bienestar social, la inmigración, la política exterior en todas sus facetas, la relación con la Iglesia Católica, etcétera). Porque, claro, una problemática puntual puede aunar muchas voluntades... divergentes en todo lo demás. Por tanto, el lío interno en estos partidos o en estas candidaturas está asegurado a la que haya que afrontar un tema ajeno a aquel que haya dado lugar a su nacimiento. Además, salvo en raras y muy puntuales ocasiones, uno o dos diputaditos más o menos no quitan el sueño a los grandes proboscidios de la política profesional ni a sus bestiales maquinarias.
Lo que sí puede quitarles el sueño es la existencia de lobbys ciudadanos organizados, capaces de dirigir acciones concretas ante problemas concretos. Si hubiera existido un lobby organizado de internautas, pongo por caso, la Ley de la Sopa Boba no hubiera sido posible ni en anteproyecto, pero es que, además, la $GAE y el resto del gremio titiritero se cuidarían muchísimo de abrir su bocaza para decir las barbaridades que sueltan ahora impunemente, porque las consecuencias -económicas, pasta en el bolsillo- podrían ser tremendas.
Los lobbys cívicos son la única solución que yo veo para que los ciudadanos podamos, dentro del Sistema, defendernos con una cierta eficacia de la traición de la que somos víctimas cada día a manos de los políticos profesionales. Porque si no lo hacemos de esta manera, o los políticos dan -y pronto- un golpe de timón en su actitud (del que soy absolutamente escéptico) o, lo digo totalmente en serio, el Sistema se viene abajo. Lo malo del cabreo ciudadano es que estalla sin previo aviso. Simplemente existe como un sordo rumor bajo los pies -que, por supuesto, es olímpicamente despreciado e ignorado- hasta que el volcán entra en erupción y entonces la cosa no tiene remedio.
Y hay mucha, muchísima ira -sorda, contenida y creciente- en la calle. Ellos creen tenerla controlada con su consumismo, con la toma de rehenes hipotecarios y con el secuestro mediante el trabajo basura, pero se equivocan; se equivocan, al menos, en la medida en que creen que ese control funcionará indefinidamente o que, como dijo el Tenorio, largo me lo fiáis.
Miedo me da.
____________________
Primer jueves de primavera, esta humilde cocinita ya ha cumplido con su arroz semanal. El próximo será 30 y, por tanto, el último de marzo, del mes que trae la primavera pero que es esencialmente invernal. Va a ser una primavera caliente, entre un rarísimo estatut fraudulento y decepcionante para todos, tirios y troyanos, que los catalanes votaremos en referéndum parece que el 18 de junio, y el inicio de la negociación de las condiciones de rendición de ETA, inicio que va a ser durísimo por lo dicho al principio con la remisión a lo dicho, a mi vez, hace un par de semanas.
Que nos sea leve a todos.
Parece que ayer fue un día histórico... Bien, eso está por ver. Una de las cosas que caracterizan al vigente régimen es que hay jornadas históricas por un tubo. A los quince días nadie recuerda tanta historia, pero en fin... Convengamos, eso sí, en la posibilidad de que a la larga, quizá, según como, pudiera ser... que el 22 de marzo de 2006 resultara haber sido una jornada histórica. Bueno, era cosa cantada y ya la comentaba aquí mismo hace un par de semanas.
Por mi parte yo ya dije lo que tenía que decir y, pese a la reconvención de Monsignore (y ojo, que a Monsignore me lo tomo muy en serio), insisto en ello aún reconociendo que es duro en algunos puntos.
En fin, como dicen los taurinos, que Dios reparta suerte y que el 22 de marzo de 2006, además de un día histórico, acabe siendo un día digno de celebrar.
Pero eso será muy, muy, muy, a la larga.
Lo del botellón se estira mediáticamente. Quizá lo que comento en el epígrafe anterior acalle un poco tanta escandalera, pero, la verdad, hay que ver el jugo que le están sacando. Especialmente al de Barcelona que, por cierto, no fue tal botellón: se trató de un número de guerrilla urbana de mayor o menor intensidad donde el alcohol corrió más bien poco o nada.
Sí, porque las cosas no están claras. Treinta y tantos detenidos, muchísimas acusaciones de detenciones indiscriminadas (es una vieja táctica policial que yo recuerdo de los tiempos de Paco: un mandamás -más o menos mandamás- pide sangre y se mete a la gente en la furgona a puñados sin más culpa que la de estar en mal lugar y en mal momento) y lo cierto es que sólo cuatro de los detenidos tienen antecedentes. Bien, esto ya lo aclararán los jueces, si les queda tiempo después de dirimir los pleitos que, incansablemente, interpone la $GAE.
Lo que interesa aquí es poner otra vez bajo el microscopio esta cretinada de la ordenanza cívica -en eso de poner nombres eufónicos y políticamente correctos a las tonterías sí que se pintan solos- y echar un vistazo a uno de sus aspectos.
La tal ordenanza prohíbe beber en la calle. Bien, para empezar, no sé qué tiene de incívico beber en la calle; pueden ser incívicas algunas consecuencias de beber demasiado en la calle o fuera de de la calle: mearse en una pared, romper retrovisores a puntapiés y demás trapazadas. Pero beber en sí mismo... Uno piensa que se ha tirado por el camino fácil y que muerto el perro se acabó la rabia, que es más fácil prohibir beber que perseguir algunas consecuencias [realmente] incívicas del exceso de bebida. Pero no, no es esta la razón.
La clave para oler a podre nos la da una interesante excepción de la ordenanza: no se puede beber en la calle... salvo en las terrazas y en otros lugares especialmente habilitados. ¡Ah, coño! Se ve que el que se emborracha en una terraza -que paga las correspondientes y cuantiosas tasas por ocupación de la vía pública- no es incívico y, en cambio, el que pilla una cogorza de capitán general con material adquirido en el supermercado es un semi delincuente al que hay que cascar con todas las de la Guardia Urbana.
Como siempre, el ciudadano concebido como un pagano, como un bolsillo ambulante, el último mono frente a sectores industriales y comerciales con mando en plaza. ¿Qué es esto de comprar una botella de ginebra por 12 euros y cocacolas de dos litros por cuatro o cinco más y bebérselo todo en la plaza en alegre compañía? Ni hablar, nene: si quieres beber, paga 10 euros por un vaso lleno de hielo en el Nick Kagana, que goza de todas las simpatías oficiales y municipales porque es cool y fardón (tanto, que hasta se permite el lujo de cachondearse del descanso de sus desgraciados vecinos mientras todo el cuartelillo mira para otro lado) y si no, antidisturbios al canto, borracho e incívico de mierda.
Luego que no digan que Clos no tiene en cuenta a los pobres pequeños comerciantes...
En una entrada anterior, refiriéndome al invento de Boadella y compañía, Ciutadans de Catalunya, criticaba su conversión en partido político prefiriendo más bien su constitución como lobby ciudadano. Hace unos días, en una conversación entre amigos, se especuló -de forma puramente ideal, no como sugerencia para un proyecto- que los internautas, todos los grupos de internautas y afines, no sólo la AI, podríamos organizar una candidadura independiente en unas elecciones generales.
Estuvimos todos de acuerdo en que no sería excesivamente utópica la probabilidad de obtener un escaño, quizá incluso dos, a poco que la comunidad en red se volcara sobre la candidatura e incluso especulamos -¡ay, la cerveza!- sobre lo divertido que sería subir al estrado del Congreso de los Diputados o intervenir en comisión y cantarles a la $GAE, a Micro$oft y a otras hierbas las verdades del barquero con todas las letras y adjetivos pertinentes; por no hablar de lo que podría obtenerse a cambio de votar a favor de esto o en contra de lo otro (poco, con sólo dos escaños a todo estirar).
Sí, sería divertido. Pero lo sería mucho menos el bollo que se organizaría en la propia comunidad internauta: acusaciones de todo tipo (sobre todo, de venalidad) por todos los foros, ya no hacia los que consiguieran llegar al escaño sino a todos los candidatos; y sin que intervinieran provocadores de la $GAE: la comunidad se basta y se sobra solita para hacerse polvo internamente. Hombre, incluso hay quien ha celebrado las sentencias contra la Asociación de Internautas en la demanda interpuesta por la $GAE y el Teddy como justo castigo por la intervención de la AI en el tema de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información (que es, por cierto, incidental, casual y precisamente, la que nos salvará a la postre).
Esto aparte -y lo que voy a decir sirve también para Ciutadans de Catalunya- no me gustan las candidaturas o los partidos monotemáticos: muy bien, ya sabemos que con estos se combatirá el nacionalismo autonómico y con los otros se combatirá el apropiacionismo del conocimiento. Importantísimas cosas las dos pero... ¿y lo demás? Oiga... ¿cómo pìensan actuar ustedes respecto a...? (y aquí escríbase la educación, la vivienda, los contratos de trabajo, la deslocalización industrial, el urbanismo costero, la gestión del fin del terrorismo, el bienestar social, la inmigración, la política exterior en todas sus facetas, la relación con la Iglesia Católica, etcétera). Porque, claro, una problemática puntual puede aunar muchas voluntades... divergentes en todo lo demás. Por tanto, el lío interno en estos partidos o en estas candidaturas está asegurado a la que haya que afrontar un tema ajeno a aquel que haya dado lugar a su nacimiento. Además, salvo en raras y muy puntuales ocasiones, uno o dos diputaditos más o menos no quitan el sueño a los grandes proboscidios de la política profesional ni a sus bestiales maquinarias.
Lo que sí puede quitarles el sueño es la existencia de lobbys ciudadanos organizados, capaces de dirigir acciones concretas ante problemas concretos. Si hubiera existido un lobby organizado de internautas, pongo por caso, la Ley de la Sopa Boba no hubiera sido posible ni en anteproyecto, pero es que, además, la $GAE y el resto del gremio titiritero se cuidarían muchísimo de abrir su bocaza para decir las barbaridades que sueltan ahora impunemente, porque las consecuencias -económicas, pasta en el bolsillo- podrían ser tremendas.
Los lobbys cívicos son la única solución que yo veo para que los ciudadanos podamos, dentro del Sistema, defendernos con una cierta eficacia de la traición de la que somos víctimas cada día a manos de los políticos profesionales. Porque si no lo hacemos de esta manera, o los políticos dan -y pronto- un golpe de timón en su actitud (del que soy absolutamente escéptico) o, lo digo totalmente en serio, el Sistema se viene abajo. Lo malo del cabreo ciudadano es que estalla sin previo aviso. Simplemente existe como un sordo rumor bajo los pies -que, por supuesto, es olímpicamente despreciado e ignorado- hasta que el volcán entra en erupción y entonces la cosa no tiene remedio.
Y hay mucha, muchísima ira -sorda, contenida y creciente- en la calle. Ellos creen tenerla controlada con su consumismo, con la toma de rehenes hipotecarios y con el secuestro mediante el trabajo basura, pero se equivocan; se equivocan, al menos, en la medida en que creen que ese control funcionará indefinidamente o que, como dijo el Tenorio, largo me lo fiáis.
Miedo me da.
Primer jueves de primavera, esta humilde cocinita ya ha cumplido con su arroz semanal. El próximo será 30 y, por tanto, el último de marzo, del mes que trae la primavera pero que es esencialmente invernal. Va a ser una primavera caliente, entre un rarísimo estatut fraudulento y decepcionante para todos, tirios y troyanos, que los catalanes votaremos en referéndum parece que el 18 de junio, y el inicio de la negociación de las condiciones de rendición de ETA, inicio que va a ser durísimo por lo dicho al principio con la remisión a lo dicho, a mi vez, hace un par de semanas.
Que nos sea leve a todos.
miércoles, 22 de marzo de 2006
Será por imagen...
De la serie: «Pequeños bocaditos»
La $GAE ha conseguido su propósito, sin duda, y cuando se apruebe la reforma de la LPI (ya más conocida como Ley de la Sopa Boba), es decir, cuando el Senado culmine la traición infame al ciudadano con unanimidades a la búlgara, sin duda la beautiful dominante (no el común de los autores, por supuesto) logrará fastuosos estipendios. Teddy y el Ramoncito, como músicos, no valdrán un higo, desde luego, pero en el ejercicio de esquilmar by the face el bolsillo de todos los españoles, son unos auténticos cracks.
Lo que no les quita ya nadie es la maravillosa imagen que han ganado para su nefasta entidad, convertida ya, por aplastante mayoría de la opinión pública, en enemiga de la ciudadanía. Incluso los medios afines -los que también viven (y nada mal) del cuento- se muestran prudentes en el botafumeiro: cumplen, les sacan en los papeles sin ponerlos a parir y les dan espacio para que digan la suya unilateralmente, sin respuesta posible de la otra parte, pero evitan el elogio descarado. La $GAE no vende y ser declaradamente amigo de ella puede ser malo para el negocio. Hay que disimular e ir de tapadillo.
Los enemigos de la entidad, en cambio, no nos callamos: con prudencia, muchos, con palabras gruesas, los más, duros e incisivos, eso sí, todos, la $GAE es el enemigo a batir en toda la red y no poco fuera de ella.
Un ejemplo: «El desternillador» del periódico gratuito «20 minutos», que en su edición de hoy no se anda por las ramas:

Se recoge lo que se siembra y esta es la cosecha de la $GAE.
Aparte de muchísimo de nuestro dinero, claro.
La $GAE ha conseguido su propósito, sin duda, y cuando se apruebe la reforma de la LPI (ya más conocida como Ley de la Sopa Boba), es decir, cuando el Senado culmine la traición infame al ciudadano con unanimidades a la búlgara, sin duda la beautiful dominante (no el común de los autores, por supuesto) logrará fastuosos estipendios. Teddy y el Ramoncito, como músicos, no valdrán un higo, desde luego, pero en el ejercicio de esquilmar by the face el bolsillo de todos los españoles, son unos auténticos cracks.
Lo que no les quita ya nadie es la maravillosa imagen que han ganado para su nefasta entidad, convertida ya, por aplastante mayoría de la opinión pública, en enemiga de la ciudadanía. Incluso los medios afines -los que también viven (y nada mal) del cuento- se muestran prudentes en el botafumeiro: cumplen, les sacan en los papeles sin ponerlos a parir y les dan espacio para que digan la suya unilateralmente, sin respuesta posible de la otra parte, pero evitan el elogio descarado. La $GAE no vende y ser declaradamente amigo de ella puede ser malo para el negocio. Hay que disimular e ir de tapadillo.
Los enemigos de la entidad, en cambio, no nos callamos: con prudencia, muchos, con palabras gruesas, los más, duros e incisivos, eso sí, todos, la $GAE es el enemigo a batir en toda la red y no poco fuera de ella.
Un ejemplo: «El desternillador» del periódico gratuito «20 minutos», que en su edición de hoy no se anda por las ramas:

Se recoge lo que se siembra y esta es la cosecha de la $GAE.
Aparte de muchísimo de nuestro dinero, claro.
lunes, 20 de marzo de 2006
Ya era horo y hora
De la serie: «Pequeños bocaditos»
A través del para mí imprescindible artículo de Arturo Pérez-Reverte en «El Semanal» (que puede pillarse en su página Capitán Alatriste me entero de que una comisión del parlamento andaluz encargada de la revisión de eso que llaman lenguaje sexista preguntó recientemente a la RAE sobre el asunto este de «compañeros y compañeras», «jueces y juezas», «putados y putadas» ¡ay, no! «diputados y diputadas» (¿en qué estaría yo pensando?). Y la RAE les responde que nada, que eso es una gilipollez como un piano. Los argumentos, un poco más in extenso los tenéis en la citada página de don Arturo, aderezados con algunos comentarios sobre los políticos, su sabiduría infinta y su acendrado sentido de la vergüenza.
En esencia, lo que viene a decir la RAE, conviene don Arturo y suscribe humilde y modestamente este escribidor de infantería de la de antes, es lo que dice mi amigo Manolo Parra: el lenguaje tiene género, no sexo.
Elemental ¿verdad?
Pues no. El lobby feminista (andaluz, en este caso, pero puede darse por segura la adhesión del resto de la tropa en otros territorios) ha dicho que nones y que la RAE es que no se entera y que es una corporación de machistas apolillados. Y punto pelota, qué coño. Como Pérez-Reverte no hace cita literal del rebuzno feminarra me quedo sin saber si fueron «machistas» a secas o, en consecuente puridad, motejaron al colectivo de «machistos y machistas».
Tantas mujeres estupendas llevando adelante profesiones, negocios, oficios, ciencias, dedicaciones, artes y técnicas para que su imagen se vea representada por estas cagamandurrias que no saben hacer una o con un canuto.
O una a con una canuta.
A través del para mí imprescindible artículo de Arturo Pérez-Reverte en «El Semanal» (que puede pillarse en su página Capitán Alatriste me entero de que una comisión del parlamento andaluz encargada de la revisión de eso que llaman lenguaje sexista preguntó recientemente a la RAE sobre el asunto este de «compañeros y compañeras», «jueces y juezas», «putados y putadas» ¡ay, no! «diputados y diputadas» (¿en qué estaría yo pensando?). Y la RAE les responde que nada, que eso es una gilipollez como un piano. Los argumentos, un poco más in extenso los tenéis en la citada página de don Arturo, aderezados con algunos comentarios sobre los políticos, su sabiduría infinta y su acendrado sentido de la vergüenza.
En esencia, lo que viene a decir la RAE, conviene don Arturo y suscribe humilde y modestamente este escribidor de infantería de la de antes, es lo que dice mi amigo Manolo Parra: el lenguaje tiene género, no sexo.
Elemental ¿verdad?
Pues no. El lobby feminista (andaluz, en este caso, pero puede darse por segura la adhesión del resto de la tropa en otros territorios) ha dicho que nones y que la RAE es que no se entera y que es una corporación de machistas apolillados. Y punto pelota, qué coño. Como Pérez-Reverte no hace cita literal del rebuzno feminarra me quedo sin saber si fueron «machistas» a secas o, en consecuente puridad, motejaron al colectivo de «machistos y machistas».
Tantas mujeres estupendas llevando adelante profesiones, negocios, oficios, ciencias, dedicaciones, artes y técnicas para que su imagen se vea representada por estas cagamandurrias que no saben hacer una o con un canuto.
O una a con una canuta.
No hay cuerda
De la serie: «Correo ordinario»
La consellera Tura (responsable en Catalunya de la cosa esa de policías, estacazos y demás) se muestra pesimista sobre las posibilidades de encontrar a los culpables de la convocatoria del botellón que, incluso sin empezar, acabó en Barcelona a pedradas, porrazos, churrasco de contenedores y más porrazos (se ve que la goma va barata).
En otro orden de cosas, se divulgaba estos días por la red la posibilidad de que los RFID (identificadores de radiofrecuencia), el novedoso invento anunciado hace ya años pero que ya se va materializando ahora y que tantas ventajas y peligros conlleva, puede ser virado y, de esta manera, provocar efectos perversos.
Supongo que, a estas alturas del progreso humano, a nadie que no sea cretino integral se le escapará que todo elemento tecnológico nuevo tiene siempre contrapartidas: el automóvil, este maravilloso medio de locomoción, resulta que mata y no poco; los aviones, el milagro humano del desafío a la ley de la gravedad, funcionan muy bien, pero a veces se caen; muchos medicamentos estupendos, manejados por manos imprudentes u homicidas son mortales o pueden causar gravísimos daños. Y así podríamos continuar hasta la extenuación en un fenómeno que se reduce a la expresión -usada en un sinfín de situaciones- salir el tiro por la culata.
Se da, además, otro fenómeno añadido: el de los que con mala intención o con justificadísimos motivos (como la legítima defensa) se lanzan a crackear el invento tan pronto pueden tenerlo en sus manos y estudiarlo; o bien usarlo tal como fue diseñado, pero con fines distintos a los pretendidos por el inventor o a los propugnados por el sistema, o sea, el poder.
La consellera Tura se ha encontrado -y supongo que no será la primera vez- con la práctica imposibilidad técnica (y, desde luego, total y material imposibilidad económica) para seguir hacia atrás los SMS que convocaron el botellón barcelonés hasta llegar a la fuente del asunto; y lo mismo cabe decir con los instrumentos en red (foros, listas de correo, etc.). La señora Tura experimenta en carne propia la frustración de don Ventura Lozano, el inolvidable ex-juez de Órdenes de «La casa de la Troya», cuando, en su pretensión de que el sereno compostelano que le acompaña detenga nada menos que a toda la Universidad, obtiene una negativa del funcionario municipal porque no tiene bastante cuerda para llevarse a tanta gente.
Porque una cosa es tener en teoría los medios técnicos necesarios para seguir, interceptar, localizar, ubicar, situar, detectar, encontrar, etcétera, y otra muy distinta poder hacerlo económicamente. Me refiero a que aunque la tecnología estrictamente hablando permita una cosa, el uso masivo de esa tecnología hace que la cantidad de recursos necesarios para filtrar la información sea económicamente impensable. Eso es lo que siempre me ha hecho ser escéptico ante sistemas de intercepción masiva como Carnivore o Echelon: son capaces de captar la totalidad del tráfico, incluso de filtrarlo hasta niveles muy importantes, pero aún así, el volumen de resultados ya sólo procesables por la inteligencia humana (HUMINT) es tan importante que harían falta muchísimos miles de personas para obtener una información determinada en un plazo que no la hiciera caduca. Imposible. Estos sistemas sólo son eficaces (muy eficaces, en ese caso sí) cuando se proyectan sobre un grupo muy restringido y concreto de sospechosos. Y si el uso masivo eficiente es imposible para los propios Estados Unidos, ya ni pensarlo para el cuerpecito policial catalán. De hecho, ya hace algunos años, un miembro de dicho cuerpo me decía que los sistemas de intercepción de teléfonos móviles estaban prácticamente saturados, ya que los jueces emitían órdenes con la misma alegría que si se tratara de líneas fijas sin darse cuenta de que la intercepción de móviles es técnicamente mucho más compleja y económicamente costosísima. El uso intensivo del teléfono móvil por parte del narcotráfico -entre otros no pocos gremios de trapaceros- desborda toda capacidad de intervención ni aún multiplicando los recursos para ello. Tampoco los hay, por tanto, para localizar botelloneros y los que se dedicaran a ello tendrían que abandonar otras tareas, lo cual supongo que es posible por unos muy pocos días (quizá, si leen esto, se rían de lo de días) pero no de forma continuada.
De tal forma, la consellera Tura sabe, como saben sus colaboradores y como sabemos todos los que andamos por la red aunque no seamos especialistas, que el botellón barcelonés será de nuevo convocado, y sabe que, con independencia de que se llegue o no a celebrar, las posibilidades de pillar a los convocantes son mínimas, salvo golpe de suerte (o imbecilidad extrema de los promotores, que racionalmente es la posibilidad menos descartable).
Por otro lado -para satisfacción de los amigos Cortell y De Ugarte, entre otros- la recelosa prevención que han levantado los sistemas RFID han llevado a mucha gente a intentar soslayar sus efectos perniciosos. Y parece que lo han conseguido: el RFID es vulnerable y puede ser trampeado. Desgraciadamente, esa defensa contra los malos usos del sistema RFID también puede convertirse en un mal uso en sí misma. La misma tecnología que mostrará orejas (y falsas) a los RFID que perversa, ilegal e inmoralmente busquen narices, servirá para fraudes pequeños y grandes; pero incluso los pequeños pueden ser grandes por masificación: si cualquier chaval puede con un simple teléfono móvil equipado con infrarrojos o bluetooth hacer que ante el lector digital del supermercado, donde hay whisky el RFID diga «gaseosa», a las grandes superficies les esperan malos tiempos o grandes inversiones en seguridad. En todo caso, los que se frotaban las manos pensando en los datos que fraudulentamente obtendrían mediante el aparatito, acaban de ver, de la noche a la mañana, que la fiabilidad de estos datos se acaba de derrumbar. Y si ignoran ese derrumbamiento, cometerán meteduras de pata que nos van a dar muchísima risa.
Y tengo una gran -y sana-malsana- curiosidad por ver cómo todo esto va a afectar a la aplicación de la Ley de la Sopa Boba que (lo doy por irremediable) bendecirá también el Senado. Tengo para mí que la va a convertir en agua de castañas pilongas para desesperación de la industria de contenidos de ocio (que no de la $GAE, que cobrará su canon por todo de todas maneras, tal como los ciudadanos hemos permitido).
Mientras los poderes públicos sigan con la mentalidad operativa de los años sesenta, sin llegar a comprender más allá del teléfono, van a ir de susto en susto, de berrinche en berrinche y de sensación de impotencia en sensación de impotencia. Y no es que no me guste ver a esos tíos sufriendo sumergidos en su propia ignorancia, claro que me encanta, pero objetivamente no es bueno. Porque mientras no entienden nada, intentan enfrentarse a aquello que no entienden de manera absurda, causando daños que costará muchísimo reparar y castigando con más ahínco a quienes hacen un uso legítimo, lógico y hasta legal de la tecnología, con total impunidad de quienes la manejan eficazmente como y en lo que les da la gana sin detenerse ante éticas, ni estéticas, ni leyes..
Los únicos verdaderamente beneficiados de esta situación (mientras les dure el chollo, al menos), serán los vagos y los maleantes.
Como siempre.
La consellera Tura (responsable en Catalunya de la cosa esa de policías, estacazos y demás) se muestra pesimista sobre las posibilidades de encontrar a los culpables de la convocatoria del botellón que, incluso sin empezar, acabó en Barcelona a pedradas, porrazos, churrasco de contenedores y más porrazos (se ve que la goma va barata).
En otro orden de cosas, se divulgaba estos días por la red la posibilidad de que los RFID (identificadores de radiofrecuencia), el novedoso invento anunciado hace ya años pero que ya se va materializando ahora y que tantas ventajas y peligros conlleva, puede ser virado y, de esta manera, provocar efectos perversos.
Supongo que, a estas alturas del progreso humano, a nadie que no sea cretino integral se le escapará que todo elemento tecnológico nuevo tiene siempre contrapartidas: el automóvil, este maravilloso medio de locomoción, resulta que mata y no poco; los aviones, el milagro humano del desafío a la ley de la gravedad, funcionan muy bien, pero a veces se caen; muchos medicamentos estupendos, manejados por manos imprudentes u homicidas son mortales o pueden causar gravísimos daños. Y así podríamos continuar hasta la extenuación en un fenómeno que se reduce a la expresión -usada en un sinfín de situaciones- salir el tiro por la culata.
Se da, además, otro fenómeno añadido: el de los que con mala intención o con justificadísimos motivos (como la legítima defensa) se lanzan a crackear el invento tan pronto pueden tenerlo en sus manos y estudiarlo; o bien usarlo tal como fue diseñado, pero con fines distintos a los pretendidos por el inventor o a los propugnados por el sistema, o sea, el poder.
La consellera Tura se ha encontrado -y supongo que no será la primera vez- con la práctica imposibilidad técnica (y, desde luego, total y material imposibilidad económica) para seguir hacia atrás los SMS que convocaron el botellón barcelonés hasta llegar a la fuente del asunto; y lo mismo cabe decir con los instrumentos en red (foros, listas de correo, etc.). La señora Tura experimenta en carne propia la frustración de don Ventura Lozano, el inolvidable ex-juez de Órdenes de «La casa de la Troya», cuando, en su pretensión de que el sereno compostelano que le acompaña detenga nada menos que a toda la Universidad, obtiene una negativa del funcionario municipal porque no tiene bastante cuerda para llevarse a tanta gente.
Porque una cosa es tener en teoría los medios técnicos necesarios para seguir, interceptar, localizar, ubicar, situar, detectar, encontrar, etcétera, y otra muy distinta poder hacerlo económicamente. Me refiero a que aunque la tecnología estrictamente hablando permita una cosa, el uso masivo de esa tecnología hace que la cantidad de recursos necesarios para filtrar la información sea económicamente impensable. Eso es lo que siempre me ha hecho ser escéptico ante sistemas de intercepción masiva como Carnivore o Echelon: son capaces de captar la totalidad del tráfico, incluso de filtrarlo hasta niveles muy importantes, pero aún así, el volumen de resultados ya sólo procesables por la inteligencia humana (HUMINT) es tan importante que harían falta muchísimos miles de personas para obtener una información determinada en un plazo que no la hiciera caduca. Imposible. Estos sistemas sólo son eficaces (muy eficaces, en ese caso sí) cuando se proyectan sobre un grupo muy restringido y concreto de sospechosos. Y si el uso masivo eficiente es imposible para los propios Estados Unidos, ya ni pensarlo para el cuerpecito policial catalán. De hecho, ya hace algunos años, un miembro de dicho cuerpo me decía que los sistemas de intercepción de teléfonos móviles estaban prácticamente saturados, ya que los jueces emitían órdenes con la misma alegría que si se tratara de líneas fijas sin darse cuenta de que la intercepción de móviles es técnicamente mucho más compleja y económicamente costosísima. El uso intensivo del teléfono móvil por parte del narcotráfico -entre otros no pocos gremios de trapaceros- desborda toda capacidad de intervención ni aún multiplicando los recursos para ello. Tampoco los hay, por tanto, para localizar botelloneros y los que se dedicaran a ello tendrían que abandonar otras tareas, lo cual supongo que es posible por unos muy pocos días (quizá, si leen esto, se rían de lo de días) pero no de forma continuada.
De tal forma, la consellera Tura sabe, como saben sus colaboradores y como sabemos todos los que andamos por la red aunque no seamos especialistas, que el botellón barcelonés será de nuevo convocado, y sabe que, con independencia de que se llegue o no a celebrar, las posibilidades de pillar a los convocantes son mínimas, salvo golpe de suerte (o imbecilidad extrema de los promotores, que racionalmente es la posibilidad menos descartable).
Por otro lado -para satisfacción de los amigos Cortell y De Ugarte, entre otros- la recelosa prevención que han levantado los sistemas RFID han llevado a mucha gente a intentar soslayar sus efectos perniciosos. Y parece que lo han conseguido: el RFID es vulnerable y puede ser trampeado. Desgraciadamente, esa defensa contra los malos usos del sistema RFID también puede convertirse en un mal uso en sí misma. La misma tecnología que mostrará orejas (y falsas) a los RFID que perversa, ilegal e inmoralmente busquen narices, servirá para fraudes pequeños y grandes; pero incluso los pequeños pueden ser grandes por masificación: si cualquier chaval puede con un simple teléfono móvil equipado con infrarrojos o bluetooth hacer que ante el lector digital del supermercado, donde hay whisky el RFID diga «gaseosa», a las grandes superficies les esperan malos tiempos o grandes inversiones en seguridad. En todo caso, los que se frotaban las manos pensando en los datos que fraudulentamente obtendrían mediante el aparatito, acaban de ver, de la noche a la mañana, que la fiabilidad de estos datos se acaba de derrumbar. Y si ignoran ese derrumbamiento, cometerán meteduras de pata que nos van a dar muchísima risa.
Y tengo una gran -y sana-malsana- curiosidad por ver cómo todo esto va a afectar a la aplicación de la Ley de la Sopa Boba que (lo doy por irremediable) bendecirá también el Senado. Tengo para mí que la va a convertir en agua de castañas pilongas para desesperación de la industria de contenidos de ocio (que no de la $GAE, que cobrará su canon por todo de todas maneras, tal como los ciudadanos hemos permitido).
Mientras los poderes públicos sigan con la mentalidad operativa de los años sesenta, sin llegar a comprender más allá del teléfono, van a ir de susto en susto, de berrinche en berrinche y de sensación de impotencia en sensación de impotencia. Y no es que no me guste ver a esos tíos sufriendo sumergidos en su propia ignorancia, claro que me encanta, pero objetivamente no es bueno. Porque mientras no entienden nada, intentan enfrentarse a aquello que no entienden de manera absurda, causando daños que costará muchísimo reparar y castigando con más ahínco a quienes hacen un uso legítimo, lógico y hasta legal de la tecnología, con total impunidad de quienes la manejan eficazmente como y en lo que les da la gana sin detenerse ante éticas, ni estéticas, ni leyes..
Los únicos verdaderamente beneficiados de esta situación (mientras les dure el chollo, al menos), serán los vagos y los maleantes.
Como siempre.
viernes, 17 de marzo de 2006
Que le quiten el tapón...
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Escandalizada anda la peña burguesota y bienpensante con la epidemia de botellón que asola el fin de semana de esta mierda de país al que antes llamaban ni me acuerdo. Escándalo farisáico a todas luces y más cuando procede de generaciones que crecieron en una época en la que ningún bar preguntaba la edad del peticionario de un Veterano. Y todos tirábamos del asunto, que no se me la coja nadie ahora con papel de fumar y el que esté libre de cubata en menor edad que arroje el primer garrafón. Sí, porque este mediodía, viendo el telediario de no sé qué porquería de cadena, me he dado cuenta de que, a la asquerosidad intrínseca del calimocho, añaden la cualificadísima agravante de hacerlo con donsimón y por poco me da la cosa la comida. Luego, más sosegado, me he dado a recordar los vanos intentos de averiguar de dónde coño saldrían los metílicos que yo, en su día, me metí a guisa de ginebra y que, bueno, en definitiva, tampoco iban a hacerse el calimocho con un Mouton Rothschild, hay que joderse...
Pero, sin desgarramiento alguno de vestiduras, la cosa me produce una sensación agriculce. Por un lado, pienso en todos los gilipollas del Sistema, aterrorizados ante tan fáciles convocatorias (ese SMS va a acabar infartando a más de uno) y pensando en lo que podría suceder si se dieran en materias indeseables, masturbándose las meninges para inventar mecanismos que permitan reconducir estas cosas a ámbitos más convenientes. Por otra parte, pienso que ya están en ámbitos más convenientes porque, si miramos al norte, los coetáneos franceses de nuestros mocitos en vez de botellón al coleto se echan pedruscos al melón de los sales flics. Ya lo decía ayer: por eso la France tiene su grandeur y nosotros tenemos la $GAE, que hace lo que le da la gana en el país este mientras nuestros jovencitos no dan para apenas nada más que para ir pillando cogorzas a la espera de anudarse la corbata, embadurnarse de gomina hasta el culo y mojar su desgraciado y patético mendrugo de pan en la salsa de hiel y mierda de esos mismos que ahora les cobran los cubatas a no sé cuánto en las franquicias de hostelería pija.
Cada cual en su sitio y con sus resultados: los unos reivindicación y los otros botellón.
Hasta luego. Me voy a beber para olvidar (pero un kentucky de marca, por supuesto).
Escandalizada anda la peña burguesota y bienpensante con la epidemia de botellón que asola el fin de semana de esta mierda de país al que antes llamaban ni me acuerdo. Escándalo farisáico a todas luces y más cuando procede de generaciones que crecieron en una época en la que ningún bar preguntaba la edad del peticionario de un Veterano. Y todos tirábamos del asunto, que no se me la coja nadie ahora con papel de fumar y el que esté libre de cubata en menor edad que arroje el primer garrafón. Sí, porque este mediodía, viendo el telediario de no sé qué porquería de cadena, me he dado cuenta de que, a la asquerosidad intrínseca del calimocho, añaden la cualificadísima agravante de hacerlo con donsimón y por poco me da la cosa la comida. Luego, más sosegado, me he dado a recordar los vanos intentos de averiguar de dónde coño saldrían los metílicos que yo, en su día, me metí a guisa de ginebra y que, bueno, en definitiva, tampoco iban a hacerse el calimocho con un Mouton Rothschild, hay que joderse...
Pero, sin desgarramiento alguno de vestiduras, la cosa me produce una sensación agriculce. Por un lado, pienso en todos los gilipollas del Sistema, aterrorizados ante tan fáciles convocatorias (ese SMS va a acabar infartando a más de uno) y pensando en lo que podría suceder si se dieran en materias indeseables, masturbándose las meninges para inventar mecanismos que permitan reconducir estas cosas a ámbitos más convenientes. Por otra parte, pienso que ya están en ámbitos más convenientes porque, si miramos al norte, los coetáneos franceses de nuestros mocitos en vez de botellón al coleto se echan pedruscos al melón de los sales flics. Ya lo decía ayer: por eso la France tiene su grandeur y nosotros tenemos la $GAE, que hace lo que le da la gana en el país este mientras nuestros jovencitos no dan para apenas nada más que para ir pillando cogorzas a la espera de anudarse la corbata, embadurnarse de gomina hasta el culo y mojar su desgraciado y patético mendrugo de pan en la salsa de hiel y mierda de esos mismos que ahora les cobran los cubatas a no sé cuánto en las franquicias de hostelería pija.
Cada cual en su sitio y con sus resultados: los unos reivindicación y los otros botellón.
Hasta luego. Me voy a beber para olvidar (pero un kentucky de marca, por supuesto).
jueves, 16 de marzo de 2006
Muertos
De la serie: «Los jueves, paella»
Leo por ahí que los tíos estos de Blockbuster (los del alquiler de vídeos) van a despedir en toda Catalunya a 200 trabajadores. Es una forma de verlo. Digamos que lo exacto es que se pierden -por ese lado: ya se ganarán por otro- 200 puestos de trabajo. Porque decir que se despide a 200 trabajadores es una falacia: se despedirá, seguramente, a una docena o docena y media; bah, pongamos dos docenitas. Al resto no se le despide: simplemente se le rescinde anticipadamente el contrato basura que sufría. Igual ni eso. Simplemente no se ofertan las vacantes a medida que los contratos vencen.
Me hace gracia esta gente de la corbata y la gomina y sus pérdidas de empleo, que utilizan falsariamente para sus lágrimas de cocodrilo manipulando la realidad. Lo cierto es que el 90 por 100 de esos trabajadores de Blockbuster que van a ir a la calle, en breve -muy en breve- estarán de nuevo trabajando; trabajando con un sueldo asqueroso, con un horario asqueroso, en unas condiciones asquerosas y con un contrato asqueroso, o sea, igual que estaban en Blockbuster, sólo que en vez de estar en el negocio del alquiler de vídeos estarán en el de la venta de calcetines, en el del suministro mayorista de pescado o en el de cualquier administración pública, porque, a base de agencias y de empresas públicas (bajo normativa privada) que esconden -en fraude de ley y mofa y befa del Derecho- lo que, en puridad, no son sino organismos autónomos administrativos y bien administrativos, las administraciones públicas también se han apuntado con entusiasmo y sin distinción de partidos a la especulación laboral y al mercachifleo de mano de obra humana.
Menos lobos, caperucita. Si los empresarios incompetentes quieren que lloremos por los puestos de trabajo que su estulticia gestora envía a la basura, que primero los hagan de calidad.
Y seguro que, en este caso, además, se perderían muchos menos puestos de trabajo.
____________________
Ha cascado Milosevic, como es notorio. Y parece que a algunos les ha quedado un mal sabor de boca porque no debería haberle sido tan fácil, la cosa. Debería, para ellos, haber pasado un buen montón de años en un sucio presidio antes de irse por el foro.
Y, hombre, sí, es verdad. Igual que en Nühremberg lo bonito hubiera sido que el primero en colgar de una cuerda fuera Adolfito y no pudo ser porque él ya tomó sus medidas in extremis para que no se pudiera encontrar ni su flequillo, lo que hubiera quedado fino es que al Milosevic este lo hubieran condenado por bárbaro a un montón de años de prisión y en ella hubiera muerto en olor de moho. De paso, su afiambramiento será útil para algunos otros porque, a partir de ahora, todos los asesinetes de segunda e inferior cuantía le echarán el muerto al muerto, que es práctica acreditada en el mundo de los procesos por genocidio.
Pero lo sustancial, lo importante, es que ese elemento ya es sólo un amasijo de proteína animal en vía de putrefacción presto para integrarse -creo que hoy mismo, por cierto- en el ciclo del nitrógeno. Desde que cascó ese pájaro podemos decir que el aire es hoy un poco más limpio.
Y no es que se haya terminado la contaminación ambiental, qué va. Por desgracia, en el ámbito de los elementos contaminantes, la escoria de los asesinos, grandes y pequeños, predomina claramente sobre el CO2, la radiación nuclear con su estroncio 90 y todo, el mercurio, el plomo, el chapapote y el resto del repertorio mierdoso. Pero siempre es bueno que de vez en cuando la naturaleza, sabia ella, nos obsequie con la exterminación de un capullo de esos.
Lástima que el papa Wojtyla estableciera -casualmente cuando se vio venir el turno- que eso del infierno, con sus fuegos, sus calderas del Pero Botero y tal y demás, que nada, que anulado, que era un cuento chino para tener al personal sometido de puro pánico, pero ahora el personal, puesto a creer en idioteces, está más dispuesto a creerse poltergueises, psicofonías y caras en las paredes que demonios con cuernos y rabo. Pero como destino definitivo y eterno para unos cuantos, no hubiera estado nada mal, no, eso del averno...
Releía hace poco unos artículos de Arturo Pérez-Reverte, recopilados en «Con ánimo de ofender», y en uno de ellos hacía un poco la cuenta de la vieja sobre el número de niños que pudo haberse cargado Herodes (supuesta y por mi parte no admitida tal matanza que ningún historiador recoge) y lo establecía en 30 o 40. «Lo mismo -decía- que se cepilla un presidente de los Estados Unidos a la hora del desayuno».
Pues eso.
____________________
Otro muerto, mucho más lamentable. Bueno, no: lamentable a secas. Al de arriba, que lo lamente su padre. Me refiero -en la lamentación- a Rollán, el portero que fue de la selección española de water-polo. Una pena, una lástima, un pequeño drama social -seamos duros pero claros: hay decenas así cada semana, sólo que sin tanto relumbrón- y un gran drama personal y familiar, por supuesto.
Bien, lamentable, como digo, mi más sentido pésame, nchts, qué sociedad esta, en qué mundo vivimos, no somos nada, y todas estas cosas que se dicen en tales casos.
Pero no. Al parecer, hay un problema. ¿Qué pasa con esos chicos, deportistas de élite, cuando se acaba el carbón y la edad no perdona? ¿Cómo los reinsertamos (¡jodó! a modo de expresidiarios) en la vida laboral común?
Incluso hoy he leído -creo que en «El Periódico» a alguien que propugna un bachillerato deportivo, hay que joderse, que burradas son sopas y comérselas a puñados.
Y lo más cabreante es que probablemente lo consigan porque el show bussiness no debe detenerse. Con lo fácil que resulta decirle a un muchacho: mira, hijo mío, tú vas y te tiras ocho horas estudiando o trabajando como todo hijo normal de vecino; y cuando hayas terminado, si no tienes otras obligaciones familiares, te vas a nadar, a saltar, a correr en calzoncillos o a patear una pelota, lo que quieras, que sarna con gusto no pica. Mira si es fácil. Porque si quieres profesionalizarte como deportista y no te haces jugador de fútbol, y no ganas millonadas como esos galácticos que hay por ahí, y, si las llegas a ganar, no andas con cuidado para no gastarte esas millonadas en coca y putas, estarás labrándote la ruina para el porvenir.
Pero allá cada cual con sus películas. Si un señor quiere dedicar su juventud a atizarle a una pelota dentro o fuera del agua, en vez de hacer cosas de provecho, allá él, pero la sociedad -por una vez, siquiera- no tiene la puta culpa.
Lamento mucho lo que le ha pasado a ese señor, de verdad que lo lamento, pero lo que ha hecho con su vida hasta ahora fue su libre y exclusiva opción, sin que yo, como miembro de una colectividad, tenga nada que ver, ni para bien ni para mal.
Y ya tienen bastante nuestros chavales con la mierda de enseñanza que les están metiendo como para que les echen más estiércol encima con bachilleratos deportivos.
Que estudien y trabajen como los demás mortales o que se atengan a las -obvias- consecuencias, qué coño...
____________________
Próximo jueves 23, ya de primavera, aún con hora de invierno, pero ya por pocos días. Aquí volverá a estar la paella y a ver si el panorama nos permite decir algo de buen rollo, con humor y con amor. Pero, mira, lo dudo mucho...
Estaré a la espectativa de lo que ocurre en Francia, que así les va de mucho menos mal que a nosotros pero, claro, allí cuando el gobierno putea, los antidisturbios sudan frío. Aquí, un contrato de esclavitud para los jóvenes le costó a Felipe una huelguecita general... de ún solo día. En Francia, arden 80 universidades.
País.
Leo por ahí que los tíos estos de Blockbuster (los del alquiler de vídeos) van a despedir en toda Catalunya a 200 trabajadores. Es una forma de verlo. Digamos que lo exacto es que se pierden -por ese lado: ya se ganarán por otro- 200 puestos de trabajo. Porque decir que se despide a 200 trabajadores es una falacia: se despedirá, seguramente, a una docena o docena y media; bah, pongamos dos docenitas. Al resto no se le despide: simplemente se le rescinde anticipadamente el contrato basura que sufría. Igual ni eso. Simplemente no se ofertan las vacantes a medida que los contratos vencen.
Me hace gracia esta gente de la corbata y la gomina y sus pérdidas de empleo, que utilizan falsariamente para sus lágrimas de cocodrilo manipulando la realidad. Lo cierto es que el 90 por 100 de esos trabajadores de Blockbuster que van a ir a la calle, en breve -muy en breve- estarán de nuevo trabajando; trabajando con un sueldo asqueroso, con un horario asqueroso, en unas condiciones asquerosas y con un contrato asqueroso, o sea, igual que estaban en Blockbuster, sólo que en vez de estar en el negocio del alquiler de vídeos estarán en el de la venta de calcetines, en el del suministro mayorista de pescado o en el de cualquier administración pública, porque, a base de agencias y de empresas públicas (bajo normativa privada) que esconden -en fraude de ley y mofa y befa del Derecho- lo que, en puridad, no son sino organismos autónomos administrativos y bien administrativos, las administraciones públicas también se han apuntado con entusiasmo y sin distinción de partidos a la especulación laboral y al mercachifleo de mano de obra humana.
Menos lobos, caperucita. Si los empresarios incompetentes quieren que lloremos por los puestos de trabajo que su estulticia gestora envía a la basura, que primero los hagan de calidad.
Y seguro que, en este caso, además, se perderían muchos menos puestos de trabajo.
Ha cascado Milosevic, como es notorio. Y parece que a algunos les ha quedado un mal sabor de boca porque no debería haberle sido tan fácil, la cosa. Debería, para ellos, haber pasado un buen montón de años en un sucio presidio antes de irse por el foro.
Y, hombre, sí, es verdad. Igual que en Nühremberg lo bonito hubiera sido que el primero en colgar de una cuerda fuera Adolfito y no pudo ser porque él ya tomó sus medidas in extremis para que no se pudiera encontrar ni su flequillo, lo que hubiera quedado fino es que al Milosevic este lo hubieran condenado por bárbaro a un montón de años de prisión y en ella hubiera muerto en olor de moho. De paso, su afiambramiento será útil para algunos otros porque, a partir de ahora, todos los asesinetes de segunda e inferior cuantía le echarán el muerto al muerto, que es práctica acreditada en el mundo de los procesos por genocidio.
Pero lo sustancial, lo importante, es que ese elemento ya es sólo un amasijo de proteína animal en vía de putrefacción presto para integrarse -creo que hoy mismo, por cierto- en el ciclo del nitrógeno. Desde que cascó ese pájaro podemos decir que el aire es hoy un poco más limpio.
Y no es que se haya terminado la contaminación ambiental, qué va. Por desgracia, en el ámbito de los elementos contaminantes, la escoria de los asesinos, grandes y pequeños, predomina claramente sobre el CO2, la radiación nuclear con su estroncio 90 y todo, el mercurio, el plomo, el chapapote y el resto del repertorio mierdoso. Pero siempre es bueno que de vez en cuando la naturaleza, sabia ella, nos obsequie con la exterminación de un capullo de esos.
Lástima que el papa Wojtyla estableciera -casualmente cuando se vio venir el turno- que eso del infierno, con sus fuegos, sus calderas del Pero Botero y tal y demás, que nada, que anulado, que era un cuento chino para tener al personal sometido de puro pánico, pero ahora el personal, puesto a creer en idioteces, está más dispuesto a creerse poltergueises, psicofonías y caras en las paredes que demonios con cuernos y rabo. Pero como destino definitivo y eterno para unos cuantos, no hubiera estado nada mal, no, eso del averno...
Releía hace poco unos artículos de Arturo Pérez-Reverte, recopilados en «Con ánimo de ofender», y en uno de ellos hacía un poco la cuenta de la vieja sobre el número de niños que pudo haberse cargado Herodes (supuesta y por mi parte no admitida tal matanza que ningún historiador recoge) y lo establecía en 30 o 40. «Lo mismo -decía- que se cepilla un presidente de los Estados Unidos a la hora del desayuno».
Pues eso.
Otro muerto, mucho más lamentable. Bueno, no: lamentable a secas. Al de arriba, que lo lamente su padre. Me refiero -en la lamentación- a Rollán, el portero que fue de la selección española de water-polo. Una pena, una lástima, un pequeño drama social -seamos duros pero claros: hay decenas así cada semana, sólo que sin tanto relumbrón- y un gran drama personal y familiar, por supuesto.
Bien, lamentable, como digo, mi más sentido pésame, nchts, qué sociedad esta, en qué mundo vivimos, no somos nada, y todas estas cosas que se dicen en tales casos.
Pero no. Al parecer, hay un problema. ¿Qué pasa con esos chicos, deportistas de élite, cuando se acaba el carbón y la edad no perdona? ¿Cómo los reinsertamos (¡jodó! a modo de expresidiarios) en la vida laboral común?
Incluso hoy he leído -creo que en «El Periódico» a alguien que propugna un bachillerato deportivo, hay que joderse, que burradas son sopas y comérselas a puñados.
Y lo más cabreante es que probablemente lo consigan porque el show bussiness no debe detenerse. Con lo fácil que resulta decirle a un muchacho: mira, hijo mío, tú vas y te tiras ocho horas estudiando o trabajando como todo hijo normal de vecino; y cuando hayas terminado, si no tienes otras obligaciones familiares, te vas a nadar, a saltar, a correr en calzoncillos o a patear una pelota, lo que quieras, que sarna con gusto no pica. Mira si es fácil. Porque si quieres profesionalizarte como deportista y no te haces jugador de fútbol, y no ganas millonadas como esos galácticos que hay por ahí, y, si las llegas a ganar, no andas con cuidado para no gastarte esas millonadas en coca y putas, estarás labrándote la ruina para el porvenir.
Pero allá cada cual con sus películas. Si un señor quiere dedicar su juventud a atizarle a una pelota dentro o fuera del agua, en vez de hacer cosas de provecho, allá él, pero la sociedad -por una vez, siquiera- no tiene la puta culpa.
Lamento mucho lo que le ha pasado a ese señor, de verdad que lo lamento, pero lo que ha hecho con su vida hasta ahora fue su libre y exclusiva opción, sin que yo, como miembro de una colectividad, tenga nada que ver, ni para bien ni para mal.
Y ya tienen bastante nuestros chavales con la mierda de enseñanza que les están metiendo como para que les echen más estiércol encima con bachilleratos deportivos.
Que estudien y trabajen como los demás mortales o que se atengan a las -obvias- consecuencias, qué coño...
Próximo jueves 23, ya de primavera, aún con hora de invierno, pero ya por pocos días. Aquí volverá a estar la paella y a ver si el panorama nos permite decir algo de buen rollo, con humor y con amor. Pero, mira, lo dudo mucho...
Estaré a la espectativa de lo que ocurre en Francia, que así les va de mucho menos mal que a nosotros pero, claro, allí cuando el gobierno putea, los antidisturbios sudan frío. Aquí, un contrato de esclavitud para los jóvenes le costó a Felipe una huelguecita general... de ún solo día. En Francia, arden 80 universidades.
País.
miércoles, 15 de marzo de 2006
La IP se va al tractor
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Saludo el día con una buena noticia: la Generalitat llevará la banda ancha a más de 400 municipios rurales de Catalunya. En una primera fase. Habrá otra segunda que sumará otros tantos con lo que el mapa catalán de cobertura quedará prácticamente completo. La empresa adjudicataria de la licitación es Iberbanda SA.
No es momento ahora de analizar los ets y uts de la tal licitación; ya iré a ello cualquier día, si es que hay algo que destacar del asunto. Es momento ahora de felicitarse por el cumplimiento de una promesa electoral (cosa que no pasa, en absoluto, todos los días) y de regocijarse en lo mucho que tiene de justicia distributiva. Porque no se trata aquí -aunque es un deseable efecto secundario- de que los jóvenes del medio rural puedan bajarse música o cine de las redes P2P igual que los de la ciudad; es que con esta actuación se está dotando a todo el territorio de una infraestructura imprescindible para el tejido empresarial ubicado fuera de las grandes conurbaciones y de una herramienta que puede dar viabilidad a muchas explotaciones y a muchos proyectos de diversificación de la actividad agraria.
Y ya veremos a la larga qué otras positivas consecuencias podrá tener esta extensión de la red de banda ancha a la totalidad del territorio. Porque la administración pone una infraestructura y la iniciativa empresarial y cívica construyen sobre ella caminos hacia las estrellas. Como en tantos otros ámbitos, también en el campo catalán veremos cómo lo que empieza siendo un medio de comunicación rápido y eficiente acaba constituyendo la cimentación de un desarrollo económico que puede llegar a adquirir proporciones sorprendentes. Por cierto, que se realizará mediante tecnología WiMAX, un aspecto también interesante.
Es verdad que en esta primera fase, más que comarcas propiamente agrarias (de las que también hay alguna) se beneficiarán las que poseen un fuerte sector turístico o una notable base industrial, y que se hallan más próximas a las áreas metropolitanas de Barcelona y Girona y sus zonas de influencia. Pero esta primera fase da credibilidad al proyecto conjunto y nos permite confiar en la proximidad de la segunda, que ya tendría que cubrir plenamente las mucho más agrícolas comarcas de Lleida y Tarragona, entre las cuales las hay con problemas graves, extensos y específicos de zonificación de montaña y de atraso en su desarrollo económico.
La población rural tiene derecho y merece, sin duda, este instrumento. Pero sus beneficios van a ser para todos.
Al tiempo.
Saludo el día con una buena noticia: la Generalitat llevará la banda ancha a más de 400 municipios rurales de Catalunya. En una primera fase. Habrá otra segunda que sumará otros tantos con lo que el mapa catalán de cobertura quedará prácticamente completo. La empresa adjudicataria de la licitación es Iberbanda SA.
No es momento ahora de analizar los ets y uts de la tal licitación; ya iré a ello cualquier día, si es que hay algo que destacar del asunto. Es momento ahora de felicitarse por el cumplimiento de una promesa electoral (cosa que no pasa, en absoluto, todos los días) y de regocijarse en lo mucho que tiene de justicia distributiva. Porque no se trata aquí -aunque es un deseable efecto secundario- de que los jóvenes del medio rural puedan bajarse música o cine de las redes P2P igual que los de la ciudad; es que con esta actuación se está dotando a todo el territorio de una infraestructura imprescindible para el tejido empresarial ubicado fuera de las grandes conurbaciones y de una herramienta que puede dar viabilidad a muchas explotaciones y a muchos proyectos de diversificación de la actividad agraria.
Y ya veremos a la larga qué otras positivas consecuencias podrá tener esta extensión de la red de banda ancha a la totalidad del territorio. Porque la administración pone una infraestructura y la iniciativa empresarial y cívica construyen sobre ella caminos hacia las estrellas. Como en tantos otros ámbitos, también en el campo catalán veremos cómo lo que empieza siendo un medio de comunicación rápido y eficiente acaba constituyendo la cimentación de un desarrollo económico que puede llegar a adquirir proporciones sorprendentes. Por cierto, que se realizará mediante tecnología WiMAX, un aspecto también interesante.
Es verdad que en esta primera fase, más que comarcas propiamente agrarias (de las que también hay alguna) se beneficiarán las que poseen un fuerte sector turístico o una notable base industrial, y que se hallan más próximas a las áreas metropolitanas de Barcelona y Girona y sus zonas de influencia. Pero esta primera fase da credibilidad al proyecto conjunto y nos permite confiar en la proximidad de la segunda, que ya tendría que cubrir plenamente las mucho más agrícolas comarcas de Lleida y Tarragona, entre las cuales las hay con problemas graves, extensos y específicos de zonificación de montaña y de atraso en su desarrollo económico.
La población rural tiene derecho y merece, sin duda, este instrumento. Pero sus beneficios van a ser para todos.
Al tiempo.
martes, 14 de marzo de 2006
Potentes patentes
De la serie: «Correo ordinario»
Otra vez -la enésima- con el baile de las patentes y ya no por las patentes en sí mismas (que, con ciertas restricciones, pueden ser admisibles y hasta justas en algunos ámbitos), sino, como siempre, por la aberración del sistema. Una patente que proteja un producto de I+D dedicado por su titular a su fabricación, que se establezca sobre un objeto material y durante un plazo razonable tendente más hacia lo breve que hacia lo extenso (no olvidemos que una patente no es más que un monopolio y eso siempre debiera ser excepcional) puede ser aceptable e incluso puede ser necesaria para la innovación y el avance tecnológico. Por tanto, cumplidas estas condiciones (que, con mayor o menor holgura constituyen, efectivamente, la esencia inicial y razón última del sistema), adelante.
También hubo un momento en que pudo decirse lo mismo de los derechos económicos de autor. No es cuestión de escupir sobre la tumba de Ruperto Chapí (introductor de la cosa en España y fundador ¡ay! de la $GAE) porque el problema no estuvo nunca en el invento sino en su corrupción.
En efecto, la gestión de las patentes se entrega a unas oficinas cuya misión es la de salvaguardar el interés público proyectado en el mundo de la industria, interés público que consiste en la protección de la verdadera innovación y en la salvaguarda de derechos previos o por otra razón prioritarios. Pero ocurre que estas oficinas perciben unas tasas por cada patente, es decir, para entendernos, viven de otorgar patentes, no de denegarlas. Evidentemente, a medida que va transcurriendo el tiempo, los gestores se vuelven más estrictos y cerrados a la hora de considerar la existencia de arte previo (que impediría la patente) y más laxos y con mayor manga ancha en la consideración de lo que es patentable. Consecuentemente, acaba patentándose prácticamente todo, hasta las cosas más peregrinas, haciendo buena aquella frase hecha de inventar la sopa de ajo; pero ni siquiera hace falta inventarla: basta con patentarla, sin más.
Igualmente, el invento de Chapí, que consistió en gravar con unos centimillos las partituras, evolucionó (negativamente, por supuesto) y poco a poco los derechos económicos de autor han acabado siendo un simple instrumento de traspaso de propiedad con el que se lucra la industria de contenidos de ocio, la beautiful de las sociedades de gestión y, desde luego, no el autor (con excepción de los tres o cuatro que todos sabemos).
El tema de las patentes ha ido, no obstante, aún más lejos que el de los derechos económicos de autor (y mira que era difícil) y ha alumbrado una figura siniestra: el especulador de propiedad intelectual. Consiste en un elemento -o corporación de ellos- que, aprovechando la laxitud y la corrupción de las oficinas de gestión de patentes, patenta cosas hasta el absurdo, a puro saco, de manera totalmente impune, sin respetar derechos anteriores. Si hay que patentar la sopa de ajo, se patenta (y los de la oficina correspondiente, tan contentos); si hay que patentar la tapa del wáter pues también, no faltaba más.
Y ahora nos vemos abocados a un problema, no diré de seguridad nacional, pero que se aproxima mucho. A través de «El Mundo» (vía Asociación de Internautas) nos enteramos de que hay un tío, más o menos agazapado tras una sociedad denominada Kalysis Iberia SL, que, mediante la patente P200101056 pretende tener la exclusiva de los lectores de tarjetas inteligentes, lo que afectaría nada menos que el futuro (y cercano) DNI electrónico que, entre unas cosas y otras, va teniendo ya más agujeros que el acorazado «Bismarck». Afortunadamente, ASIMELEC y otras empresas (en los enlaces están) ya han decidido llevar al juez la impugnación de la patente. El problema es que, vista la cultura digital del gremio de las puñetas, cabe pensar que la cosa quizá no esté en las mejores manos posibles y el sol salga por donde Olano, pero, en fin, no puede hacerse de otra manera.
Casualmente, via Barrapunto me llega un artículo de Sandro Pozzi en «El País» (Negocios) del pasado domingo, 12. Interesante artículo que habla de la gran preocupación que existe en los Estados Unidos por la salida de madre de todo este asunto que, más que promover la innovación, la está lastrando de forma cada vez más grave. Precisamente el eje del artículo -y del problema norteamericano- es la demencia de permitir la patente no de inventos sino de simples ideas, como por ejemplo el botón de compra que tiene Amazon o, atención, el de un tal Thomas Campana, al que se le ocurrió patentar (¡y le otorgaron la patente!) la idea de mandar mensajes electrónicos a través de dispositivos portátiles. Atención: no inventó un dispositivo portátil a través del cual enviar mensajes electrónicos sino, simplemente, la idea de que podría hacerse. Lo que yo dije hace tiempo: como a alguien se le ocurra patentar la hostia, que no se amargue la Iglesia Católica (patente P$$$567890€€B: transustanciación de la sangre y del cuerpo del difunto ciudadano israelí Jesús hijo de José en producto vínico y de panificación, respectivamente, o, en su defecto, en obleas de producción industrial fabricadas a partir de masa de trigo sin levadura). Y a cobrar por cada consagración, macho, qué fortuna la misa de 12.
Bien, la broma del Thomas Campana y del imbécil que le aprobó la patente ha llevado a Blackberry -y lo que es peor: a sus usuarios- al extremo de estar a punto de quedarse sin servicio porque una empresa, NTP, fundada por el tal Campana, reclamó por el uso de esa patente. Blackberry prefirió, hace cosa de una semana, pagarle al tío ese 600 millones de dólares y olvidarse del problema porque un pleito, aún ganado, resultaría demasiado gravoso, sobre todo por su duración.
Es un ejemplo muy bueno y muy ilustrativo de a dónde conducen las patentes sobre ideas, sobre todo si pensamos que las patentes de software (que, ojo, siguen queriendo endiñarnos en Europa) son, en defintiva, patentes sobre ideas.
Parece, siempre según el artículo citado, que en EE.UU. ya van saliendo iniciativas destinadas a poner coto en ese desmadre. Bueno sería. Si allí se limitaran o, redondamente, prohibieran las patentes sobre ideas, aquí ganaríamos otro argumento potente (uno más entre cientos) para resistir a las patentes de software que, con Estados Unidos o sin Estados Unidos, el lobby de las oficinas de gestión sigue intentando promover de modo cada día más sucio.
Me muero de curiosidad -a la vez que de miedo, claro- por ver qué marranada nueva inventarán para volver a intentarlo.
Por cierto: ¿estará patentada la idea de esa marranada?
Otra vez -la enésima- con el baile de las patentes y ya no por las patentes en sí mismas (que, con ciertas restricciones, pueden ser admisibles y hasta justas en algunos ámbitos), sino, como siempre, por la aberración del sistema. Una patente que proteja un producto de I+D dedicado por su titular a su fabricación, que se establezca sobre un objeto material y durante un plazo razonable tendente más hacia lo breve que hacia lo extenso (no olvidemos que una patente no es más que un monopolio y eso siempre debiera ser excepcional) puede ser aceptable e incluso puede ser necesaria para la innovación y el avance tecnológico. Por tanto, cumplidas estas condiciones (que, con mayor o menor holgura constituyen, efectivamente, la esencia inicial y razón última del sistema), adelante.
También hubo un momento en que pudo decirse lo mismo de los derechos económicos de autor. No es cuestión de escupir sobre la tumba de Ruperto Chapí (introductor de la cosa en España y fundador ¡ay! de la $GAE) porque el problema no estuvo nunca en el invento sino en su corrupción.
En efecto, la gestión de las patentes se entrega a unas oficinas cuya misión es la de salvaguardar el interés público proyectado en el mundo de la industria, interés público que consiste en la protección de la verdadera innovación y en la salvaguarda de derechos previos o por otra razón prioritarios. Pero ocurre que estas oficinas perciben unas tasas por cada patente, es decir, para entendernos, viven de otorgar patentes, no de denegarlas. Evidentemente, a medida que va transcurriendo el tiempo, los gestores se vuelven más estrictos y cerrados a la hora de considerar la existencia de arte previo (que impediría la patente) y más laxos y con mayor manga ancha en la consideración de lo que es patentable. Consecuentemente, acaba patentándose prácticamente todo, hasta las cosas más peregrinas, haciendo buena aquella frase hecha de inventar la sopa de ajo; pero ni siquiera hace falta inventarla: basta con patentarla, sin más.
Igualmente, el invento de Chapí, que consistió en gravar con unos centimillos las partituras, evolucionó (negativamente, por supuesto) y poco a poco los derechos económicos de autor han acabado siendo un simple instrumento de traspaso de propiedad con el que se lucra la industria de contenidos de ocio, la beautiful de las sociedades de gestión y, desde luego, no el autor (con excepción de los tres o cuatro que todos sabemos).
El tema de las patentes ha ido, no obstante, aún más lejos que el de los derechos económicos de autor (y mira que era difícil) y ha alumbrado una figura siniestra: el especulador de propiedad intelectual. Consiste en un elemento -o corporación de ellos- que, aprovechando la laxitud y la corrupción de las oficinas de gestión de patentes, patenta cosas hasta el absurdo, a puro saco, de manera totalmente impune, sin respetar derechos anteriores. Si hay que patentar la sopa de ajo, se patenta (y los de la oficina correspondiente, tan contentos); si hay que patentar la tapa del wáter pues también, no faltaba más.
Y ahora nos vemos abocados a un problema, no diré de seguridad nacional, pero que se aproxima mucho. A través de «El Mundo» (vía Asociación de Internautas) nos enteramos de que hay un tío, más o menos agazapado tras una sociedad denominada Kalysis Iberia SL, que, mediante la patente P200101056 pretende tener la exclusiva de los lectores de tarjetas inteligentes, lo que afectaría nada menos que el futuro (y cercano) DNI electrónico que, entre unas cosas y otras, va teniendo ya más agujeros que el acorazado «Bismarck». Afortunadamente, ASIMELEC y otras empresas (en los enlaces están) ya han decidido llevar al juez la impugnación de la patente. El problema es que, vista la cultura digital del gremio de las puñetas, cabe pensar que la cosa quizá no esté en las mejores manos posibles y el sol salga por donde Olano, pero, en fin, no puede hacerse de otra manera.
Casualmente, via Barrapunto me llega un artículo de Sandro Pozzi en «El País» (Negocios) del pasado domingo, 12. Interesante artículo que habla de la gran preocupación que existe en los Estados Unidos por la salida de madre de todo este asunto que, más que promover la innovación, la está lastrando de forma cada vez más grave. Precisamente el eje del artículo -y del problema norteamericano- es la demencia de permitir la patente no de inventos sino de simples ideas, como por ejemplo el botón de compra que tiene Amazon o, atención, el de un tal Thomas Campana, al que se le ocurrió patentar (¡y le otorgaron la patente!) la idea de mandar mensajes electrónicos a través de dispositivos portátiles. Atención: no inventó un dispositivo portátil a través del cual enviar mensajes electrónicos sino, simplemente, la idea de que podría hacerse. Lo que yo dije hace tiempo: como a alguien se le ocurra patentar la hostia, que no se amargue la Iglesia Católica (patente P$$$567890€€B: transustanciación de la sangre y del cuerpo del difunto ciudadano israelí Jesús hijo de José en producto vínico y de panificación, respectivamente, o, en su defecto, en obleas de producción industrial fabricadas a partir de masa de trigo sin levadura). Y a cobrar por cada consagración, macho, qué fortuna la misa de 12.
Bien, la broma del Thomas Campana y del imbécil que le aprobó la patente ha llevado a Blackberry -y lo que es peor: a sus usuarios- al extremo de estar a punto de quedarse sin servicio porque una empresa, NTP, fundada por el tal Campana, reclamó por el uso de esa patente. Blackberry prefirió, hace cosa de una semana, pagarle al tío ese 600 millones de dólares y olvidarse del problema porque un pleito, aún ganado, resultaría demasiado gravoso, sobre todo por su duración.
Es un ejemplo muy bueno y muy ilustrativo de a dónde conducen las patentes sobre ideas, sobre todo si pensamos que las patentes de software (que, ojo, siguen queriendo endiñarnos en Europa) son, en defintiva, patentes sobre ideas.
Parece, siempre según el artículo citado, que en EE.UU. ya van saliendo iniciativas destinadas a poner coto en ese desmadre. Bueno sería. Si allí se limitaran o, redondamente, prohibieran las patentes sobre ideas, aquí ganaríamos otro argumento potente (uno más entre cientos) para resistir a las patentes de software que, con Estados Unidos o sin Estados Unidos, el lobby de las oficinas de gestión sigue intentando promover de modo cada día más sucio.
Me muero de curiosidad -a la vez que de miedo, claro- por ver qué marranada nueva inventarán para volver a intentarlo.
Por cierto: ¿estará patentada la idea de esa marranada?
lunes, 13 de marzo de 2006
Zaragoza mon amour
De la serie: «Correo ordinario»
Hace muchos años que conozco Zaragoza. Se pierde en la noche de mi más remota memoria la primera vez que puse el pie ahí (tendría seis, siete, quizá ocho años, no más). Ahora, hace unos diecisiete que voy por allí con cierta frecuencia, entre noviazgo y matrimonio con una hija de la tierra y raro es el año en que no nos dejamos caer al menos un par de veces. Incluso hemos llegado a ir solamente a comer y pasear un poco, ida y vuelta en el día, pero eso lo hacemos menos; no me disuaden los seiscientos y pico kilómetros entre ida y vuelta (me gusta conducir) sino el atraco de que es objeto el bolsillo entre gasolina y autopista (40 euros de peajes y cincuenta litros de gasolina). Veremos si vamos con más frecuencia cuando me haya jubilado, que igual para entonces el AVE ya habrá llegado a Barcelona (espero no morirme -si es posible, de viejo- sin verlo).
Y, sin embargo, Zaragoza no me gustó nunca: siempre me pareció una ciudad provinciana, pacata, cerrada y, en definitiva, fea. Pero de hace cinco años para acá, esto ha dado un vuelco. De pronto (sí, sí, de pronto) Zaragoza se ha convertido en una ciudad abierta y amplia, bonita, amable y emprendedora. De aquella Zaragoza de pura «Nobleza baturra» (chufla, chufla...) se ha pasado, prácticamente de la noche a la mañana, a una ciudad europea en todo el amplio significado de la palabra. Avenidillas con más pretenciosidad que otra cosa, se han convertido en estupendos paseos (¡qué preciosidad el de la Independencia!), se han limpiado o restaurado y, en definitiva, dignificado monumentos (quien se vaya de Zaragoza sin visitar el Palacio de la Aljafería merecería no volver más) y hasta han descubierto alguno (el anfiteatro romano) que han armonizado con un arquitectura moderna que sorprende gratamente. Tengo muchas ganas de ver cómo quedarán para el 2008 estas riberas del Ebro tan prometedoras.
¿A qué viene ahora ese panegírico de Zaragoza? Hombre, nunca está de más divulgar el valor de una cosa bonita (de la que, por cierto, aún no se ha apropiado la $GAE), pero, en realidad, sí que viene a cuento de algo: viene a cuento del discurso pronunciado hace pocos días por el alcalde Belloch en Sevilla exponiendo su visión de la Zaragoza del futuro y que recoge íntegro David de Ugarte. Y en ese discurso se habla de cosas perfectamente incardinadas en el contexto de esta bitácora. Veamos...
Hay varios párrafos del discurso que me interesa destacar:
«El mundo vive una nueva hora de las ciudades. Reviven las metrópolis en su protagonismo. Ciudades cosmopolitas, andables y bonitas que saben despuntar en medio ambiente, tecnología y vida cultural. Ciudades que han sabido entender que la cultura de la diversidad y la comprensión del medioambiente desde la calidad de vida son los principales atractores de capital humano y tecnológico en el nuevo mundo de las redes ciudadanas»
Hermoso y prometedor. Y no es solamente una idea de Belloch: Pasqual Maragall, en su etapa de alcalde de Barcelona, ya esgrimió esa idea y no fue el primero; también la ha acogido Clos y, por una vez y sin que siente precedente, cabe reconocerle -si nos olvidamos de sus fòrrums y de sus veintidós c@tástrofes urbanísticas- algunos movimientos útiles en este sentido.
Pero yo me pregunto: ¿y el medio rural? ¿Qué vida se piensa diseñar fuera de las metrópoli si, como cabe esperar, éstas ganan paso a las territorialidades con frontera para dar paso a redes abiertas de comunidades humana? ¿Van a ser los habitantes de los núcleos alejados de grandes conurbaciones simples guardabosques de parques naturales temáticos al servicio del urbanita?
A mí me parece que ese proyecto global de ciudades en red debe prever un espacio igualmente digno para los ciudadanos no metropolitanos.
«Pero no nos engañemos, [la Expo] no es la versión “verde” de los habituales proyectos urbanísticos faraónicos a los que nos tiene acostumbrados la derecha.».
Con perdón por las disculpas, señor Belloch, deje tranquila la cagarela con la derecha. Venga, si no, a Barcelona, a ver lo que ha hecho su camarada anestesista.
«Hoy reindustrializar el centro no quiere decir volver a llenar de chimeneas los tejados, despertar con sirenas y verter al río los desechos. Hace tiempo que cuajan nuevos modelos sobre las nuevas industrias de la información y el conocimiento. Modelos que no necesitan grandes factorías pegadas a las autopistas, sino oficinas con alta conectividad. Modelos que nos permiten apostar por nuestros jóvenes, animarles a impulsar pequeñas empresas innovadoras. En el centro necesitamos terrazas, cafés, intercambio y conversación, no mega parkings y grandes superficies».
¡Perfecto! Sí señor. ¡Ah, qué bonito es esto de la alta conectividad! Y yo estoy muy de acuerdo, ya lo creo que sí. Como todos los que, cada cual desde su posición, creen que el producto europeo del futuro -del futuro más inmediato- está en la tecnología (en la tecnología, en el conocimiento, no en la venta de copias ni en la simple explotación de patentes). Por tanto, querido alcalde, coja usted a su camarada preboste de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones y sacúdale un poco las neuronas a ver si se entera de esto que usted dice y de que muchas ciudades norteamericanas y europeas están construyendo ya materialmente esa red quizá porque no tienen el obstáculo aberrante de una CMT haciendo de mamporrera de la Telefoníca, cosa que nos está dejando atrás. Otra vez.
«Reciclando como terminales viejos ordenadores, utilizando software libre como sistema operativo, por poco más de 1000 euros en material, estamos equipando cibercentros de alta conectividad por toda la ciudad y dentro de poco, en colaboración con la Caja de Ahorros, en todos los colegios concertados. Una arquitectura innovadora que hemos desarrollado escuchando a nuestra propia gente y que en el futuro hará posible que cualquier ciudadano, y espero que todos los jóvenes zaragozanos, tengan un ordenador virtual propio al que podrán conectarse y trabajar desde cualquier rincón de la ciudad: en terminales públicos, cibercentros o desde su terminal en casa»
¡Que gran definición de lo que es neutralidad tecnológica podría constituir este sencillo párrafo! ¿Por qué no se lo explica a sus colegas de la prebostía de ese partido al que, digno de mejor causa, pertenece usted? Así no necesitarían tomar apuntes al dictado de la Rosa de España.
«No creo que sea un mal modelo para el país».
No lo es, en absoluto. Pero en las más altas cúspides de su dichoso partido aún no han pasado de la máquina de vapor (ni del segundo de primaria de la de ahora) y todavía prestan oídos a vagos, a mercachifles, a especuladores, a titiriteros, a vividores y a pencos de patio de Monipodio.
Sí, señor alcalde, a mí también me gustaría esa España zaragozana que usted nos pinta de una forma tan apasionada, tan apasionante y, además, tan posible. Pero más allá del Ebro ya no manda usted; más allá del Ebro, con mando en plaza desde el Bidasoa hasta el Guadalquivir más los dos archipiélagos, está Zap I El anodino, está Montilla y está Dixie.
Y con esta gente, está claro, los ciudadanos no nos comemos un rosco.
Telefoníca y la $GAE sí, por supuesto.
Hace muchos años que conozco Zaragoza. Se pierde en la noche de mi más remota memoria la primera vez que puse el pie ahí (tendría seis, siete, quizá ocho años, no más). Ahora, hace unos diecisiete que voy por allí con cierta frecuencia, entre noviazgo y matrimonio con una hija de la tierra y raro es el año en que no nos dejamos caer al menos un par de veces. Incluso hemos llegado a ir solamente a comer y pasear un poco, ida y vuelta en el día, pero eso lo hacemos menos; no me disuaden los seiscientos y pico kilómetros entre ida y vuelta (me gusta conducir) sino el atraco de que es objeto el bolsillo entre gasolina y autopista (40 euros de peajes y cincuenta litros de gasolina). Veremos si vamos con más frecuencia cuando me haya jubilado, que igual para entonces el AVE ya habrá llegado a Barcelona (espero no morirme -si es posible, de viejo- sin verlo).
Y, sin embargo, Zaragoza no me gustó nunca: siempre me pareció una ciudad provinciana, pacata, cerrada y, en definitiva, fea. Pero de hace cinco años para acá, esto ha dado un vuelco. De pronto (sí, sí, de pronto) Zaragoza se ha convertido en una ciudad abierta y amplia, bonita, amable y emprendedora. De aquella Zaragoza de pura «Nobleza baturra» (chufla, chufla...) se ha pasado, prácticamente de la noche a la mañana, a una ciudad europea en todo el amplio significado de la palabra. Avenidillas con más pretenciosidad que otra cosa, se han convertido en estupendos paseos (¡qué preciosidad el de la Independencia!), se han limpiado o restaurado y, en definitiva, dignificado monumentos (quien se vaya de Zaragoza sin visitar el Palacio de la Aljafería merecería no volver más) y hasta han descubierto alguno (el anfiteatro romano) que han armonizado con un arquitectura moderna que sorprende gratamente. Tengo muchas ganas de ver cómo quedarán para el 2008 estas riberas del Ebro tan prometedoras.
¿A qué viene ahora ese panegírico de Zaragoza? Hombre, nunca está de más divulgar el valor de una cosa bonita (de la que, por cierto, aún no se ha apropiado la $GAE), pero, en realidad, sí que viene a cuento de algo: viene a cuento del discurso pronunciado hace pocos días por el alcalde Belloch en Sevilla exponiendo su visión de la Zaragoza del futuro y que recoge íntegro David de Ugarte. Y en ese discurso se habla de cosas perfectamente incardinadas en el contexto de esta bitácora. Veamos...
Hay varios párrafos del discurso que me interesa destacar:
«El mundo vive una nueva hora de las ciudades. Reviven las metrópolis en su protagonismo. Ciudades cosmopolitas, andables y bonitas que saben despuntar en medio ambiente, tecnología y vida cultural. Ciudades que han sabido entender que la cultura de la diversidad y la comprensión del medioambiente desde la calidad de vida son los principales atractores de capital humano y tecnológico en el nuevo mundo de las redes ciudadanas»
Hermoso y prometedor. Y no es solamente una idea de Belloch: Pasqual Maragall, en su etapa de alcalde de Barcelona, ya esgrimió esa idea y no fue el primero; también la ha acogido Clos y, por una vez y sin que siente precedente, cabe reconocerle -si nos olvidamos de sus fòrrums y de sus veintidós c@tástrofes urbanísticas- algunos movimientos útiles en este sentido.
Pero yo me pregunto: ¿y el medio rural? ¿Qué vida se piensa diseñar fuera de las metrópoli si, como cabe esperar, éstas ganan paso a las territorialidades con frontera para dar paso a redes abiertas de comunidades humana? ¿Van a ser los habitantes de los núcleos alejados de grandes conurbaciones simples guardabosques de parques naturales temáticos al servicio del urbanita?
A mí me parece que ese proyecto global de ciudades en red debe prever un espacio igualmente digno para los ciudadanos no metropolitanos.
«Pero no nos engañemos, [la Expo] no es la versión “verde” de los habituales proyectos urbanísticos faraónicos a los que nos tiene acostumbrados la derecha.».
Con perdón por las disculpas, señor Belloch, deje tranquila la cagarela con la derecha. Venga, si no, a Barcelona, a ver lo que ha hecho su camarada anestesista.
«Hoy reindustrializar el centro no quiere decir volver a llenar de chimeneas los tejados, despertar con sirenas y verter al río los desechos. Hace tiempo que cuajan nuevos modelos sobre las nuevas industrias de la información y el conocimiento. Modelos que no necesitan grandes factorías pegadas a las autopistas, sino oficinas con alta conectividad. Modelos que nos permiten apostar por nuestros jóvenes, animarles a impulsar pequeñas empresas innovadoras. En el centro necesitamos terrazas, cafés, intercambio y conversación, no mega parkings y grandes superficies».
¡Perfecto! Sí señor. ¡Ah, qué bonito es esto de la alta conectividad! Y yo estoy muy de acuerdo, ya lo creo que sí. Como todos los que, cada cual desde su posición, creen que el producto europeo del futuro -del futuro más inmediato- está en la tecnología (en la tecnología, en el conocimiento, no en la venta de copias ni en la simple explotación de patentes). Por tanto, querido alcalde, coja usted a su camarada preboste de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones y sacúdale un poco las neuronas a ver si se entera de esto que usted dice y de que muchas ciudades norteamericanas y europeas están construyendo ya materialmente esa red quizá porque no tienen el obstáculo aberrante de una CMT haciendo de mamporrera de la Telefoníca, cosa que nos está dejando atrás. Otra vez.
«Reciclando como terminales viejos ordenadores, utilizando software libre como sistema operativo, por poco más de 1000 euros en material, estamos equipando cibercentros de alta conectividad por toda la ciudad y dentro de poco, en colaboración con la Caja de Ahorros, en todos los colegios concertados. Una arquitectura innovadora que hemos desarrollado escuchando a nuestra propia gente y que en el futuro hará posible que cualquier ciudadano, y espero que todos los jóvenes zaragozanos, tengan un ordenador virtual propio al que podrán conectarse y trabajar desde cualquier rincón de la ciudad: en terminales públicos, cibercentros o desde su terminal en casa»
¡Que gran definición de lo que es neutralidad tecnológica podría constituir este sencillo párrafo! ¿Por qué no se lo explica a sus colegas de la prebostía de ese partido al que, digno de mejor causa, pertenece usted? Así no necesitarían tomar apuntes al dictado de la Rosa de España.
«No creo que sea un mal modelo para el país».
No lo es, en absoluto. Pero en las más altas cúspides de su dichoso partido aún no han pasado de la máquina de vapor (ni del segundo de primaria de la de ahora) y todavía prestan oídos a vagos, a mercachifles, a especuladores, a titiriteros, a vividores y a pencos de patio de Monipodio.
Sí, señor alcalde, a mí también me gustaría esa España zaragozana que usted nos pinta de una forma tan apasionada, tan apasionante y, además, tan posible. Pero más allá del Ebro ya no manda usted; más allá del Ebro, con mando en plaza desde el Bidasoa hasta el Guadalquivir más los dos archipiélagos, está Zap I El anodino, está Montilla y está Dixie.
Y con esta gente, está claro, los ciudadanos no nos comemos un rosco.
Telefoníca y la $GAE sí, por supuesto.
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