De la serie: «Correo ordinario»
Leo por ahí que Google, Micro$oft, Yahoo y Vodafone preparan, con el concurso de no sé cuántas universidades y ONG's un código ético en pro de la libertad de expresión y de la privacidad en red. Ay, dejad que me levante y me ponga un poco de linimento en el culo, que me he caído de la silla, jolín, qué daño.
Fíjate tú que, excepto Vodafone (y lo del excepto habría que mirarlo bien, quizá es que yo no esté puntualmente al día) las demás compañías están perfectamente pringadas en maniobras contra la privacidad y la libertad de expresión. En fin, todos sabemos cómo Yahoo le hizo de confidente a la dictadura china, cómo Google se envaina -y hace envainar a terceros- contenidos que no son gratos a los hijos de Mao y hasta resulta que Micro$oft dio el soplo a la autoridad israelí -militar, por supuesto- sobre los meneos de un cierto activista antinuclear. Por lo demás, que Micro$oft se erija en paladín de la privacidad, cuando todos estamos al cabo de la calle de que desde el oculto código de sus sistemas operativos, se envía información nuestra a prefiero no saber -mejor dicho: prefiero no decir- quién, es algo como para que hasta el más templado se caiga, efectivamente, de la silla. Como me ha pasado a mí.
Además de estos tres pájaros, Amnistía Internacional señala también con el dedo acusador, por parecidas razones, a unos cuantos a quienes cabría suponer -por ellas- candidatos al Premio «Principe de Asturias» de cualquier cosa (de los Deportes, de Tecnología, de Cooperación Internacional o de Retratistas con Tinta de Calamar, vete a saber...): Sun Microsystems, Nortel Networks, y Cisco Systems, según se recuerda en el enlace citado. Queden ahí a beneficio del patronazgo de la Fundación, pero parece que, al menos de momento, no tienen nada que ver con el invento este del código ético.
Por lo demás, me pregunto si esta pandilla de soplones a beneficio de dictaduras se mojará a la hora de imporner su famoso código ético. Me pregunto, por ejemplo, si esos tres -entre otros posibles de la misma calaña- abandonarán el mercado chino si su gobierno no firma y cumple el código en cuestión.
Recuerdo -y no olvido ni durmiendo- que, hace ya unos años, «Nike» se vio en un mal trago cuando se destapó la olla de que sus productos estaban fabricados por niños asiáticos que trabajaban a edades tempranísimas en jornadas realmente inhumanas (cosa que, por cierto, a los neocon les parece muy bien, ya que la alternativa de estos niños sería morirse de hambre gracias a la justicia distributiva del sistema económico liberal). Como eso de andar explotando laboralmente a los niños es sólo un poco menos feo que violarlos y repartir las fotos, los asesores de imagen de la marca sudaron tinta china para quitarse el marrón de encima, hasta que dieron con la solución. ¿Cuál fue? La gran jugada: crearemos un código ético que habrán de suscribir todos nuestros subcontratistas. Y la cosa quedó la mar de bien resuelta: los contratistas firmaron todos los códigos éticos que les pusieron por delante y «Nike» se limitó a mirar para otro lado. Cuando se siguió descubriendo mierda, «Nike» (¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?) dijo que más no podía hacer y que no podía controlar materialmente que su maravilloso código ético fuese cumplido por sus contratistas.
Este mismo aroma es el que me trae el código ético de Micro$oft y compañía. Haremos que cualquier cómitre del régimen chino firme el papelito y que sigan encerrando o fusilando a quien les dé la gana, que nosotros ya no podemos controlar lo que hacen los chinos, somos inocentes como blancas palomas, sólo podemos obligarlos a que firmen un papelote si quieren que sigamos haciéndoles el favor de obtener una pastísima acojonante en el mercado de su [férrea] jurisdicción.
También me pregunto si este código ético se lo harán firmar al Zapatero del proyecto LISI que va a reimplantar la censura franquista en España; sería un útil ejercicio que limpiaría la [nula] conciencia de los actores, toda vez que, por otra parte, nuestro viejo Zap es muy dado a pasarse las promesas por el forro de... las narices, así que calcula tú un código ético. Sin ir más lejos, los catalanes recordamos, cada vez que vemos el aeropuerto de Barcelona -entre otras cosas-, aquello tan bonito de «apoyaré el estatuto que salga del parlamento catalán». Ese estatuto está en el mismo sitio que las armas de destrucción masiva en las cuales el otro ilustre empeñó su palabra ante millones de españoles (y en directo, nada de fuera de contexto).
Que bueno, que nada. Que la pela es la pela y más para esa gente y que los códigos éticos no son más que patrañas para tomar el pelo a los incautos y que compren un Window$ Vi$ta como quien compra té del valle de Assam en una tienda de Comercio Justo. Que no cuela.
Las éticas no son papeles firmados -como les recuerdo a mis compañeros de profesión, ahora que también se habla de código ético en la Función pública- sino comportamientos firmes y sostenidos. Uno es ético o no lo es y no hay más código -ni mejor- que lo que deriva de aquello de lo que precisamente carecen los promotores de la mandanga que nos ocupa: una recta conciencia.
Lo demás, son pijaes y tontaes que no conducen a nada positivo.
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