martes, 2 de enero de 2007

Empleados

De la serie: «Pequeños bocaditos»

Día de compras, Señor, qué cruz. Bien, aunque odie esa barbaridad consumista de las fiestas de la VISA, es verdad que algún extra -razonable y moderado- sí que se hace. Ese extra está constituido fundamentalmente por el día de Reyes, una tradición que mantendré férreamente en mi casa frente a la agresión purulenta y putrefacta del botijo con barretina rezumante de triglicéridos y disfrazado de refresco de mierda-cola. Aunque las niñas ya están al cabo de la calle del tema misterioso, sigue siendo una tradición hermosa y sigue manteniendo un encanto casi mágico, que permanece a la espera de que unos eventuales nietos -para los que aún faltan muchísimos años, y eso si llegan a venir- vuelvan a poner la cálida caldera de la magia y de la ilusión a toda presión.

En mi caso, el día ha venido precedido de un pequeño desastre: algo ha sucedido y mi reloj (dieciséis años ya, pobrecito) ha tenido un problema de estanqueidad y una simple ducha, ayer o anteayer, tuvo agua suficiente para que apareciera la clásica condensación en el interior del cristal de la esfera.

O sea que la primera tarea de la mañana ha sido ir a «Tomàs Colomer», única relojería a la que permito el manoseo de mi máquina. Buena revisión va a necesitar, porque me costará 130 euros, pero el reloj es la máquina que más quiero, muy por encima del propio PC o de la PDA. Puedo salir de casa sin calcetines, incluso sin las gafas, pero jamás sin el reloj. El pacífico y consentido secuestro de mi maquinita durará por lo bajo tres semanas y comento a mi mujer que habrá que ir a un bazar y comprar una porquería japonesa o china para ir tirando en ese tiempo (no me quedan -vivos- relojes de repuesto), oído lo cual, la empleada me ofrece una alternativa algo más cara pero sin pasarse: si lo deseo, me vende un Radiant 'Dakar', en oferta, ya fuera de serie -rigurosamente nuevo, por supuesto-, por poco menos de cuarenta euros. Lo miro y, sí, aunque no es la estética que me gusta más, cumple suficientemente (aunque sin cronógrafo y con el aviso de que su resistencia de 100 metros en términos de presión hidrostática... en fin, que mejor que me lo quite incluso en la ducha y que nada de piscina, lo que ya me fastidia, porque en la piscina lo necesito, pero en fin...) y lo adquiero. Total, que he hecho un gasto que no llega a 200 euros (lo que en un establecimiento como ese no paga ni las cerillas con que enciende los puros el gerente) y, encima, ataviado con un chándal asqueroso modelo repartidor de Caprabo y una camiseta Debian; además, no soy un cliente demasiado habitual: mis relojes, como ha quedado dicho, me duran añísimos, y sólo voy por allí a cambiarle la pila. Todo ello no obstante, he sido atendido con la amabilidad y exquisitez que se dispensaría al cliente más distinguido por una empleada amabilísima y muy profesional, que, además, habla por lo menos -en lo que yo he oído- francés e inglés.

Después hemos ido a la tienda «Decathlon» que hay cerca de la relojería. Había que comprar algunas piezas de equipo para regalar a mi hija mayor; una de ellas, un paravientos que mi santa ya había oteado en otra tienda de la cadena. Una vez allí, preguntamos por la prenda en cuestión al primer mocoso con chaleco blanco que encontramos y el tío que no, que eso no lo tienen. Pero, hombre, si lo hemos visto en el establecimiento de Diagonal Mar (o de la Illa Diagonal, no me acuerdo); ah, pues vayan allí, que si lo han visto allí es que lo habrá allí. Obvio. En vez de eso, miramos por la tienda y, efectivamente, bingo, allí estaba el paravientos. La seguridad de mi mujer de que si está en una tienda, está en todas -en general- pasó por encima de la ineficacia del elemento. En otro caso, nos hubiésemos ido y quizá la venta se la hubiese adjudicado la competencia porque no tenía yo ganas de cruzar toda la puta ciudad estando en su más álgido punto comercial.

¿Conclusiones? Más que conclusiones, preguntas. ¿Qué tipo de contrato y de trato laboral tiene la empleada de «Tomàs Colomer» y qué ídem tiene el mocoso de «Decathlon»? ¿Es un botarate el pencas de «Decathlon»? ¿O botarate -y de los de marca mayor- es el responsable de políticas de personal (ejem, recursos humanos) de «Decathlon»? Y más cosas. «Tomás Colomer» existe desde 1870 o sea que va para siglo y medio de existencia; ¿llegará a esa edad «Decathlon»?

Si no cambian al engominado de Recursos Humanos, no, desde luego.

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