En el momento de escribir estas líneas, está aún en el aire la suerte de De Juana Chaos, unos de los asesinos más bestias de ETA, no sólo por la cantidad de gente que mató y por el modo en que lo hizo sino que el muy animal, ya una vez en prisión, se dedicaba a celebrar ostensible y estentóreamente los asesinatos de sus colegas, llegando a pedir langostinos y champán frances.
Pero, transcurridos dieciocho años de prisión, llegó el momento de ponerlo en libertad y se organizó el follón. ¿Cómo se iba a poner en libertad con tan exigua pena a un criminal de tal calibre? Bueno, lo cierto es que, con la ley en la mano, no quedaba otro remedio. Cuando se condena a alguien por un delito, hay que aplicarle la normativa penal vigente cuando lo cometió y sólo se puede aplicarle una ley posterior en la medida en que esta le favorezca. Esto es así y resulta que vivimos en una sociedad a la que podemos llamar civilizada precisamente porque es así. Cuando alguien cayó en la cuenta de que el código penal aquel -de tiempos de Franco, por cierto- era muy benigno con cierta gentuza, se modificó, agravando las penas y su régimen de cumplimiento, pero ya tarde para que este endurecimiento pudiera aplicarse a muchas brutalidades ya cometidas. De modo que por asco que diera ver a un De Juana Chaos en la calle, las cosas son como son y cumplió su condena hace más de un año. Por cierto: aunque, en términos relativos, dieciocho años son una fruslería en relación a los tres mil que sumaban sus condenas, insertados como un paréntesis de fuego en medio de una vida no son grano de anís. Esto no parece que se haya tenido muy en cuenta cuando se dice -yo creo que un tanto a la ligera- que dieciocho años de condena no son nada.
Al armarse el escándalo, aconteció la estupidez. Se azuzó a los fiscales en busca del subterfugio -que se encontró en un par de artículos que el pájaro había escrito- y los jueces, entrando torpemente en el juego, se dejaron llevar por su legítimo asco y cometieron un despropósito jurídico, arreándole al etarra una propina de doce años a cuenta de lo que, en definitiva, no sería sino un delito de opinión y, además, muy pillado por los pelos.
Y el otro se echó al monte de la huelga de hambre. La primera, breve y liviana. Tanto, que hubo sospechas de que se alimentaba bajo mano. Entonces recurrió a una segunda en la que no hay lugar a dudas: el piernas ha perdido treinta kilos de peso y su salud está muy jodida. No lo bastante para el gusto de muchos -incluyendo el mío- pero parece que realmente está muy mal.
Y ahora los jueces tienen un marrón -que deberán resolver hoy mismo, quizá mientras escribo esto- y el Gobierno, los ciudadanos y, en definitiva, el Estado, estamos ante un gravísimo dilema: o se le mantiene inflexiblemente en prisión y en este caso es probable que el tío se deje morir y ya tenemos un mártir en marcha o se cede y se le atenúa la prisión (hasta que casualmente los recursos que interpuso contra su condena tengan éxito) y desde ese momento las prisiones que tengan huéspedes etarras se convertirán en un infierno, por no hablar de las calles del País Vasco y por no pensar siquiera en cosas muy luctuosas que podrían acontecer. Del primer caso hay una experiencia previa, el terrorista del IRA Bobby Sands; recuérdese que Margaret Thatcher no cedió y Sands murió, pero recuérdese también que a Thatcher -aunque no creo que se arrepintiera en absoluto de su dura decisión- se le atragantó bastante la defunción del pájaro.
Por eso insisto tantas veces en que no se pueden llenar alegremente páginas del código penal, ni para endurecerlo ni para aflojarlo; se trata de una fundamental y delicadísima norma reguladora de la convivencia social y sus reformas deben hacerse a la luz de una larga y cuidadosa meditación porque sus interacciones y efectos colaterales son complejísimos y numerosos. No se puede reformar el código penal con cadáveres de cuerpo presente o con la prensa batiendo récords de ediciones; no se puede toquetear en caliente o con los ojos puestos en las encuestras preelectorales.
Ahora a ver cómo esos políticos lerdos y negligentes nos sacan a todos de este mal rollo en que su estupidez nos ha metido.
Si es que realmente les importa este mal rollo. Que lo dudo.
Actualización previa a la publicación de esta paella
La Audiencia Nacional ha decidido que De Juana siga pringando a tutiplén, sin remisión alguna. Bien, ahí está el análisis ya hecho y ahora a ver qué pasa. ¿Será capaz de morir por la causa? Si es así, atémonos los machos. Si no se deja morir, los presos etarras deberán, como a la puerta del infierno de Dante, abandonar toda esperanza que no pase por el desarme incondicional de ETA. A no ser que Zapatero sea... bueno, en fin.
Otro que bien baila: el presidente norteamericano. Y de él podía esperarse -su cociente intelectual no parece andar muy lejos del de Zap I El Anodino- pero esa gente se supone que funciona con consejeros que sí saben manera. No yo: todas las personas que conozco estaban igualmente seguras de que la invasión de Irak sería tan victoriosa (entendiendo por tal el hecho de que efectivamente, invadieron, ocuparon y se cargaron al régimen enemigo) como insostenible la ocupación. ¿No aprendieron nada de Vietnam? ¿No aprendieron nada de Corea, donde también recibieron unos buenos puntapiés?
Su propia potencia militar, enorme, ha creado un nuevo concepto, la guerra asimétrica, que no es sino una sistematización doctrinal de una situación que viene de los tiempos de Viriato: la guerrilla como método de defensa del débil frente al militarmente fuerte eludiendo el enfrentamiento en campo abierto y aprovechando el conocimiento del terreno y el hecho de ser el propio: adaptación a la climatología, apoyo de la población civil, etc.
La doctrina convencional establece que la guerrilla (así llamada cuando es fuerza propia o aliada) o el terrorismo (así denominado cuando es el enemigo) no pueden vencer por sí solos a un ejército convencional potente: para la victoria final precisa o bien del auxilio de otro ejército convencional (que puede consistir icluso en una evolución de la propia guerrila cuando la guerra se prolonga muchos años) o bien de otros factores políticos, como la desmoralización del enemigo, general y fundamentalmente de su retaguardia. Y hasta el más analfabeto y desharrapado de los insurgentes africanos sabe que la muelle y hedonista sociedad americana no soporta fácilmente un conflicto sostenido, sobre todo si no lo comprende; y los norteamericanos comprenden poco o nada lo que sucede allende sus fronteras; muchas veces, apenas de sus fronteras estatales o incluso locales. Está en el manual: sólo hay que aguantar mecha y esos se tronchan.
Por tanto, un consejero norteamericano hubiera tenido que plantear la cuestión iraquí así: a) Nuestro ejército puede invadir con éxito; b) Nuestro ejército puede mantener una ocupación indefinidamente alcanzando objetivos tácticos parciales, pero muy difícilmente la victoria estratégica, y soportando, además, un coste en vidas humanas muy alto; c) Nuestra ciudadanía no soportará nada que no sea una victoria fulgurante y con muy pocos muertos.
¿No se lo plantearon así? ¿Cómo pudieron ser tan burros para ver las cosas de otra forma cuando sólo podía ser esa? ¿Se lo plantearon así y no hizo caso? ¿Cómo podría ser eso posible -por más atribuciones que tenga un presidente americano- en un país con dinámicas de poder tan complejas?
Ahora está como el gobierno español con De Juana Chaos: pidiéndo árnica sin que nadie se la pueda dar. La retirada sin más es imposible: lo que sucedería en Irak sería antológico; mantenerse sin la menor posibilidad de victoria estratégica es ilusorio; y sin esa posibilidad, ni los mayoritarios demócratas ni muchos republicanos están dispuestos a dar el brazo a torcer. Espabílate, macho.
Yo no sé si existe realmente alguna posibilidad de que los norteamericanos reconduzcan la situación en la vieja Mesopotamia; no creo que la haya pero, aunque estos temas me gustan y leo de cuando en cuando algo sobre ellos, estoy a años luz de ser un experto. Siendo así, acabarán marchándose: todo es cuestión de unos cuantos muertos más que aprieten a la opinión pública norteamericana para que, a su vez, presione con más fuerza (y aún queda margen para presionar muchísimo). Y a ver por la tele el desastre inconcebible que sucederá allí.
Otro brillante ejemplo de la inmensa ceguera y estupidez de los políticos incluso frente a lo que está tan claro para la gente común, de nuevo otro bucle diabólico que hay que cortar como el nudo gordiano: reset al sistema y los datos a hacer puñeta. Lo que pasa es que los datos que se van a hacer puñetas son, en este sistema millares, quizá millones, de seres humanos.
Y un mundo mucho más cerca de la catástrofe global total... y quizá final.
Ya va el segundo caso. Ahora la prensa -de papel y audiovisual- se desgañita con el segundo caso sangrante de ocupación (sin K, en este caso) de vivienda. Después del hombre de la calle Urgell al que se le metió [parecería que] medio Chile en casa, ahora sale a la luz otro caso parecido.
Trampa.
El Achuntament, como mejor representante del sector inmobiliario residual del pelotazo ahora en fuga a mejores latitudes, pasó hace muy pocas semanas de dispensar cierta simpatía y buen rollo al movimiento okupa (con K, ahora) a considerarlo causante de todos los males de la ciudad y de los diviesos de sus habitantes, de modo que inició una campaña propugnando la mano dura hacia las okupaciones (con K) y clamando por los cambios legales necesarios para que los desahucios puedan ser prácticamente ejecutivos, o sea, inmediatos y sin demasiado juez tocando las narices. Parece esta una manía sociata, últimamente: tratar a gorrazos a los ciudadanos procurando, simultáneamente, mantener a los jueces fuera de la cuestión; si Franco levantara la cabeza, se sentiría como en casa.
Pero, claro, el problema está en que la ciudadanía somatiza muy difícilmente eso de que unos chavales okupen (con K) espacios dedicados a la contemplación especulativa sobre todo cuando -con alguna pocas pero sensibles excepciones- esos chavales acaban resultando excelentes vecinos y realizando en los lugares que okupan (con K) actividades más que interesantes.
Joder, si echamos por las bravas a los okupas (con K) la ciudadanía se nos cabrea y no es cuestión, tan cerca de las elecciones... A ver, Rudrígues, mastúrbeseme la mente e invente algo para que la ciudadanía aplauda a rabiar cuando corramos a hostias a esos incívicos que no dejan especular como Dios manda... Y el Rudrígues, asesor eficientísimo él, busca y encuentra: los ciudadanos sí podemos somatizar fácilmente el hecho de que un hijo de puta nos ocupe (sin K) por la cara y sin más nuestro honrado y modesto domicilio familiar y toda la familia se vea obligada a dormir en el rellano cual marido habido in fraganti con la secretaria. Por lo tanto, está claro: hay que alarmar al ciudadano con casos sangrantes que pueda hacer suyos. Y no hay como buscar para encontrar: aunque no son muchos, ni son de ahora, han salido a la luz un par de casos de ocupación (sin K) mafiosa de viviendas habitadas por gente normal.
Y entre la gente normal, entre las familias medias de honorables trabajadores, cunde el pánico y la necesidad de que esas situaciones espantosas (¿te imaginas? llegar a casa como cada día y que te hayan cambiado la cerradura unos hotentotes...¡y que no haya nada que hacer!) sean resueltas manu militari de forma inmediata.
Cuando la alarma se haya extendido lo suficiente (ya encontraremos un tercer y un cuarto caso), conseguiremos la modificación legal sin coste electoral y después de los comicios arrasaremos con los okupas (con K).
Oiga... ¿Y los ocupas (sin K) a causa de los cuales se modificó la normativa? ¡Que yo sigo teniendo mi casa ocupada (sin K)!
Vaya al juez y búsquese la vida. Nosotros tenemos a los munipas y a los mossos plenamente ocupados (sin K) apaleando rastas y okupas (con K) a beneficio de los de la grúa.
Sic transit gloria mundi
Damas y caballeros, así he visto las cosas en este jueves último de enero. El próximo será 1 de febrero, víspera de La Candelaria que, entre otras cosas, marca la línea de los 15º de la declinación solar, lo que nos trae un perceptible aumento de la luz del día y el primer y temprano anuncio de que la primavera ya asoma -muy tímidamente- alguna plumita que otra. Los almendros florecen y los del clima continental siguen cagados de frío pero qué le vamos a hacer, cada cual se jode cuando le toca.
Nos veremos tal día y veremos también qué ha pasado y en quién nos habremos de ciscar. Hasta entonces, «El Incordio» sigue a todo trapo a vuestra entera disposición...
Te voy a contestar con mi opinión a cachos:
ResponderEliminaren este caso es probable que el tío se deje morir y ya tenemos un mártir en marcha
Ya he oído esa misma opinión en otros sitios: El problema es que se convertirá en martir. Pero hay que preguntarse ¿un martir para quién? si la respuesta (la única que parece válida) es para el entorno etarra, pues eso (que se muera) no va a cambiar mucho la actual situación, en mi oponión, donde ya se le considera un "héroe" de la causa. Por lo tanto yo creo que no hay que entrar en ese trapo que es el suyo.
Para la mayoría de la sociedad nunca será un martir, será un asesino y esa es la parte de la sociedad que realmente importa.
¿No aprendieron nada de Vietnam? ¿No aprendieron nada de Corea, donde también recibieron unos buenos puntapiés?
Yo creo que el modelo que intentan seguir no es el de Vietnam, es el de la reconstrucción tras la segunda guerra mundial, principalmente el de Japón, donde se implantó una nueva constitución, se tuteló al país y se reconvirtieron las empresas militares en tecnológicas. Les fue bien (y fíjate que la cultura japonesa es muy distinta, como lo es la iraquí).
Por otra parte la pregunta no es si hicieron bien o mal en invadir el país, (para mi lo peor fue no buscar un número mayor de aliados, Rusia y Francia) la pregunta es ¿Qué se hace ahora? Más le vale a los candidatos demócratas tener un plan si quieren ganar.
Disecrepo don Javier en lo de que los 12 años son por delito de opinión - han sido por amenazas, que visto los antecedentes del sujeto y su pertenencia a banda armada/terrorista son como para tomar muy en serio.
ResponderEliminarOtra cosa es si es lo que conviene desde un punto de vista estratégico para acabar (en sentido figurado claro) con esta gentuza, ya que se va a crear un mártir de un miserable.
Un saludo