lunes, 22 de enero de 2007

Grandeur

De la serie: «Pequeños bocaditos»

Como hay personas más grandes que otras (de hecho, hay personas normales y personajillos mierdosos), hay estados más grandes que otros; y no por tener un ejército imponente, una economía importante o un peso político más sensible. La grandeza se lleva incluso cuando van mal dadas, en la mismísima miseria. Pero no hace falta llegar a los extremos sangrantes; la grandeza de un país, lo que explica por qué es lo que es, por qué ha sido lo que ha sido, y por qué seguirá siendo lo que es y lo que ha sido, puede ser un pequeño detalle.

Por ejemplo, acaba de fallecer el abate Pierre, el fundador de los «Traperos de Emaús». Su muerte ha sido anunciada por el mismísimo presidente de la República Francesa, porque el hombre que fundó una entidad para cobijar a los sin techo, al último estrato de los pringados, es también un factor de gloria, algo que hace grande a la nación. Y a tal señor, tal honor. El abate Pierre es una piedra más del sólido edificio de la grandeur.

Si aquí, en este cochino país de mierda, tuviésemos un abate Pierre... ¿iba el vigente monarca a anunciar personalmente su fallecimiento? ¿Iba a hacerlo Zap I El Anodino? ¿Iba a hacerlo siquiera un subsecretario? No ¿verdad?

Por eso Francia es grande y nosotros somos ese lamentable hatajo de desgraciados que hay ahí, al sur de los Pirineos...

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