De la serie: «Correo ordinario»
Empieza la semana y, hombre, parecería apropiado escribir una entradita a la salud de la parroquia, más que nada para que no encuentren esto vacío. Pero el desafío de la pantalla en blanco es duro porque, falto de viento, esto queda al pairo -por no decir a la deriva- y a ver qué hacemos. La verdad es que el fin de semana no ha dado para mucho: la señora esta vejestoria que ha gastado una buena cabronada a dos bebés que no le habían causado ningún daño, la patochada de los premios esos que los titiriteros se autodedican ridículamente (¿Lepewood?) para epatar a no se sabe quién, o el rebote que pilla la $GAE con Víctor Domingo y con Javier de la Cueva (si supieran los pollos estos de la ominosa las risas que nos echamos con sus paridas... anda que no tiene guasa el último parrafito, después de los últimos acontecimientos procesales...). Hoy, al llegar al trabajo, algunos compañeros me han abordado jubilosos: «¡Javier, Javier, que a la Dixie le hacen una entrevista en "20 Minutos"!». ¡Ah! Mi corazón se contagia del júbilo de mis compañeros y quizá por fin tenga ahí materia para ponerme lírico, pero... mi gozo en un pozo. Dice las mismas tonterías de siempre, sin añadir punto o coma de notoria novedad; bueno, también hay que reconocer que es muy difícil, porque esa señora ha alcanzado cimas muy altas en eso suyo y los récords, los de verdad, no se baten así como así.
De modo que aquí no pasa nada, a no ser que consideremos que seguir igual de jodidos y de puteados que siempre es pasar algo; a menos que consideremos que ir a recoger los CD y DVD R y RW a Correos (procedentes de Luxemburgo), como hice yo el sábado, en vez de ir a comprarlos normalmente a una tienda, es pasar algo.
A veces, la brega cansa tanto... Tanto esfuerzo y tantas horas leyendo, escribiendo, discutiendo en foros y en listas de correo, tanto aguantar mecha y tanta coña marinera para avanzar un mísero milimetrito. Hay días en que me paro y miro: no veo adversidad en los que me rodean... al contrario, palmaditas y hasta, de cuando en cuando, alguna felicitación si algo nos sale bien; pero me pone negro lo que realmente hay detrás, esa indiferencia, esa incapacidad metabólica para asumir el menor sacrificio (cuando así puede llamarse) con el que lograríamos los plenos objetivos en 24 horas. Da igual, para qué privarse, si hay que pagar se paga y, mientras tanto, mientras dure la alegría, se baja morroware. Cuando me paro a pensarlo, me entra una especie de depre y lo dejaría todo. A qué dormir cinco horas, a qué andar llenando entradas de bitácora -y mira que tantas veces no es cuestión de escribir (que es fácil) sino de qué escribir-, a qué sacrificar tardes de sábado, fines de semana, moscosos funcionariales, dinero (no una fortuna, pero lo mío me cuesta ganarlo y entre cuotas, donaciones, suscripciones y otras hostias, sale una pastita al año). Podría dedicarme a hacer lo que me gusta,a volver a la simulación de vuelo, por ejemplo, que es una especie de amante exigente, quiere horas y más horas; o a la simulación ferroviaria (siempre me han gustado los trenes y eso de conducirlos, aunque sea virtualmente, es algo que no he catado), aunque el rollo de las simulaciones es que casi todas ellas son Window$ only y eso es muy disuasorio; podría leer aún más libros porque hay verdaderas minas gratuitas y de altísima calidad (libres de derechos dinerarios de autor, aunque a ver si consigo acordarme un día de enviarles algún dinerillo para el sostenimiento del tinglado); en definitiva, darme los mismos gustazos que se dan los que pasan de todo... a costa de los que no pasamos de nada.
Y por ahí, por ahí es por dónde recargo las pilas. Avanzamos de milímetro en milímetro, es verdad, pero cuando se mira hacia atrás veo que el camino recorrido no es corto; que queda mucho, muchísimo más aún por delante, es verdad, pero a estas fechas ya hemos realizado (muchísimos, por supuesto y afortunadamente, no sólo yo) una andadura larga y provechosa. ¿Será verdad lo que decía Kavafis? ¿Habremos de desear que esto no acabe nunca? Materia para que sea interminable, desde luego, la hay. Pero los logros son importantes. Pienso en el software libre... Hace cuatro o cinco años, los linuxeros éramos considerados una pequeña (ínfima) peña de majaretas: hoy, hablamos de software libre en puntos porcentuales de dos dígitos en cuanto a su implantación a nivel mundial (la que fue familia Mozilla -el navegador Firefox y el cliente de correo Thunderbird-, servidores con Apache, OpenOffice.org y una constelación de pequeñas utilidades a veces ocultas, como ese programa libre que motoriza el diccionario de la RAE de manera que pueda invocarse el término en una URL que lleva directamente a él; hablamos de sistemas operativos libres con empresarios y donde antes había escepticismo ahora aparecen calculadoras y gruñidos de asentimiento. En la proyección Internautas de la cuestión... ¡cuántas cosas han pasado desde la Plataforma Tarifa Plana! De ser cuatro pringadillos a constituirnos en entidad de referencia en la red española y en lo smedios: imprescindibles nuestros estudios de acceso, de ancho de banda, de tarifas y nuestras campañas de seguridad para particulares y para PYMEs. Lo del canon es una guerra encarnizada pero no es la única -ni siquiera la más importante- que sostenemos en la Asociación: tenemos desafíos ya clásicos -por desgracia- como la brecha digital o una banda ancha asequible y de calidad, como la presión a las administraciones públicas, especialmente la central, para que exista una verdadera competencia en materia de telecomunicaciones que induzca a un fuerte incremento en la inversión en infraestructuras de telecomunicación por parte de compañías -potentes, con fuerza financiera suficiente para ello- que ahora se ven muy poco incentivadas y tantas otras cuestiones. Y las que irán saliendo, porque el mundo este es supersónico.
No: es mucho lo que ya se hecho y no son milímetros. Los milímetros que cada cual hemos recorrido, una vez juntos, se han convertido en kilómetros. Y queda mucho trabajo como para dejarlo: hacen falta todos nuestros milímetros y hay sitio para muchos más que quieran venir y necesidad de todos ellos.
Que los acomodaticios, los cagones, los pencos, los sobrados, se revuelquen en su propia mierda. Seguiremos adelante sin ellos, aunque ellos se acaben beneficiando también de nuestra acción. Da igual. También los cerdos deben comer.
Como hubiera dicho Remarque, hoy es un día tranquilo, sin movimiento, sin nada que turbe el silencio, un día de aquellos en los que los partes de guerra no pueden decir otra cosa que sin novedad en el frente. Pero, al contrario que en la famosa novela de don Erich Marie, no es hoy el último día de la guerra, es sólo un paréntesis y, seguramente, breve. Son cosas que pasan en las guerras.
Si no es mañana será pasado, pero volverá a haber barud.
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