martes, 6 de febrero de 2007

Piratería simpática

De la serie: «Correo ordinario»

Cuestión incidental previa - No (repito: NO) pertenezco al Partido Pirata y no (repito: NO) entra en mis proyectos pertenecer en el futuro a dicha organización, aunque bien es verdad que nunca se puede decir: «de esta agua no beberé». Cuando la beba, si llega el caso, ya hablaremos.
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El pasado 22 de enero obtuvo definitivo espaldarazo legal el Partido Pirata Español, que se une a una ya larga lista de partidos pirata en Europa y en el mundo.

Lo primero que, desde su fundación misma este pasado verano,
levantó polémica fue la denominación. Y se comprende: así, en términos generales, la piratería no es buena, desde ningún punto de vista. En primer lugar, porque hay una legalidad y esa legalidad hay que cumplirla (salvo en el caso de la subversión, pero la subversión exige requisitos numerosos y estrictos) porque nuestra sociedad se basa en el principio de legalidad y de él depende -no exagero- nuestra cultura misma (en su sentido más amplio, no en el de la $GAE o en el de Dixie); en segundo lugar, porque la piratería perjudica, en primer término, a los usuarios y desarrolladores de productos que no cabe piratear; ejemplo clásico sería la reflexión sobre dónde estaría el software libre si Window$ fuera real y materialmente imposible de piratear.

Lo que ocurre es que el término piratería ha sido vulgar y suciamente quemado por la vesanía apropiacionista, que lo ha aplicado demagógicamente a comportamientos perfectamente legales, perfectamente éticos y, desde luego, completamente ajenos a la verdadera piratería, como es la copia privada. La cosa está clara: si por enfrentarnos a las sociedades de gestión monetaria de derechos de autor somos pendejos electrónicos pues pendejos electrónicos, claro que sí, nos lo ponemos por montera; con lo del calificativo de piratas por reivindicar y usar nuestros derechos ocurre lo mismo: ¿piratas? pues piratas. Son ellos, el enemigo, los que han desvirtuado el término y, por tanto, desde nuestras posiciones, se usa en función de tal desvirtuación. Incluso he llegado a oir o leer alguna vez el estereotipo aquel de que «piratas somos todos». Bueno, cójalo cada cual por donde quiera o pueda...

El ideario del Partido Pirata -filosofía, según le llaman ellos- es, por otra parte, perfectamente asumible por la inmensa mayoría de los miembros de las comunidades del software libre y de los internautas en general. Puede verse en su página web, pero es fácil de resumir:

- Reducción drástica de la duración de los derechos de copyright -ahora en 70 años desde la muerte del autor- y libre uso no comercial desde el primer día.

- Reforma de la LSSI salvaguardando escrupulosamente los derechos civiles de los ciudadanos y su intimidad.

- Supresión del canon digital.

- Posicionamiento frontal contra las patentes de software y restricción de las convencionales prohibiendo su uso sobre seres vivos y sobre principios activos.

- Exigencia del uso de estándares, formatos y software abiertos y no privativos por parte de las administraciones públicas.

- Protección judicial para los ciudadanos en red y legislación específica y restrictiva para los RFID (identificadores por radiofrecuencia, el futuro próximo del etiquetado... y quizá algo más que el etiquetado).

- Acceso asequible para todos (en lo económico y en lo técnico) a Internet.

Todo ello plenamente coincidente -en lo común- con los demás Partidos Pirata del mundo.

¿Hay alguien que no firme al pie de estas reivindicaciones (aparte del enemigo, claro)?

Ahora bien... ¿es conveniente una organización en forma de partido político? Ahí es donde yo, personalmente, soy más reticente. La necesidad organizativa del conjunto de los diversos movimientos pro-libertades en red no se discute; de hecho, a esa necesidad obedece -aunque de forma incompleta, un tanto torcida y, desde luego, insuficiente- la plataforma
«Todos contra el Canon» (por lo demás, organizada de cara a un objetivo concreto, por eso, entre otras cosas, es un modelo parcial). El sistema de partidos no está diseñado para propuestas parciales; los partidos, en su representación y en los órganos de gobierno que les corresponda, deben ejercer sus funciones sobre el conjunto de las manifestaciones, problemáticas y factores que genere o que sufra o goce la entera sociedad. Este diseño -algo es algo- es, a mi parecer, correcto, aunque su plasmación real sea más que discutible. Pero nunca he creído en partidos monovectoriales por más que en algún caso, como este del Partido Pirata, puedan suscitar mis simpatías.

Es tentadora -lo reconozco- la imagen de un representante de los internautas todos, subiendo a la tribuna de oradores de un Congreso de los Diputados o de un Senado y cantándole las verdades del barquero a Dixie, a la $GAE, a los de la sopa boba, a los faranduleros y al resto de la tropa; y, aprovechando la inmunidad parlamentaria, diciéndolo, además, en términos puros y duros, llamando al pan pan y al vino vino, sin miedo a demandas ni a querellas ni a todo el resto del repertorio. Pero no. En el Parlamento deben, efectivamente, resolverse estas cuestiones, pero también otras, como la política fiscal y económica, la política educativa, universitaria y profesional, el marco territorial, la política sanitaria, la política de bienestar, etcétera, etcétera y etcéteras hasta decir basta. Y de esta tarea nadie debe quedar excluido. Yo no imagino a unos diputados del Partido Pirata ausentándose de comisiones y de debates cuando éstos no trataran de la materia que el partido ha hecho propia; y sí imagino, en cambio, graves tensiones entre los votantes y entre los propios miembros del partido a la pimera que éste tomara posición en un tema concreto y ajeno a la esencia que informa a la propia organización. Por eso le auguro un pobre futuro político al Partido Pirata, salvo que pueda experimentar algún ocasional vértice de éxito sirviendo como objeto en el que el cabreo ciudadano proyecte su ira, como ocurrió en las últimas elecciones autonómicas catalanas con Ciutadans de Catalunya. Que es útil, efectivamente, tener un invento así del que tirar para tocar las pelotas a los pencos de los partidos serios, pero que no tiene, realmente, futuro.

Creo más, lo he dicho muchas veces, en la creación de lobbys. La Red, en sí misma, ya es uno. Y duro: desde hace algunos pocos años, viene quitándole el sueño a más de uno. Y ese lobby tiene ya algunos líderes, algunos interlocutores válidos (odiados a muerte, eso sí, por el enemigo). Nos falta, más que organización, coordinación; nos faltan cenas informales que acaben trazando metodologías, objetivos tácticos y esquemas de acción (no acciones concretas) conjuntas. Pero todo se andará. La función crea el órgano y en la medida en que nos sintamos más indefensos ante la agresión de los poderes fácticos y de sus factotum políticos este órgano se desarrollará más eficaz y más rápidamente.

Me cae simpático, no lo niego en absoluto, el Partido Pirata. Me caen también muy bien algunos de sus promotores (o sea, los que más o menos conozco). Les deseo, por tanto, lo mejor y también ¿por qué no? muchos éxitos. Mis dudas son eso, dudas; no esconden deseos, en absoluto. Incluso es fácil que cuenten con mi voto de vez en cuando, como alternativa a una abstención. Es bueno también que haya otro vector organizativo dentro de ese lobby al que aludía que todavía es una suerte de maremágnum. Se trata de sumar, por encima de cualquier otra consideración.

Como digo siempre: esperemos y veremos.

3 comentarios:

  1. Sobre la posición del Partido Pirata en otros aspectos...decir que en principio se abstiene,y se abren "consultas populares" si existe un consenso amplio entre la ciudadanía sobre un determinado tema ,el partido votaría a favor (o en contra) de dicho tema.De todas formas,esto por ahora es una propuesta en desarrollo.

    Saludos.

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  2. "Ahora bien... ¿es conveniente una organización en forma de partido político? Ahí es donde yo, personalmente, soy más reticente."
    "Creo más, lo he dicho muchas veces, en la creación de lobbys. La Red, en sí misma, ya es uno."

    Por mi parte opino que el campo de los lobbies está, con mayor o menor éxito, cubierto: Asociación de Internautas, Todos Contra el Canon, Apemit, etc. Todos realizando una excelente labor.

    Los que estamos ahora en el PIRATA respondemos a dos motivaciones que nos han llevado a juntarnos en partido: hartazgo de los abusos en nombre de la llamada propiedad intelectual, y hartazgo del ninguneo de los políticos hacia los deseos de la ciudadanía (como cuando todos se pasaron por el forro las más de 600.000 firmas contra la LPI).

    Particularmente opino que podemos tener éxito igualmente consigamos representación o no. En el primer caso porque podremos intentar hacer nuestras propuestas en los foros donde se deciden las cosas. En el segundo caso porque si los partidos "de siempre" ven amenazada su cuota de representantes, terminarán por modificar su programa para cubrir los aspectos que demandamos. En cualquiera de los casos, espero que podamos contribuir al éxito común que millones de internautas estamos buscando.

    Y el sumum sería ayudar a regenerar la vida política de este país mediante nuevas prácticas que tengan en cuenta al ciudadano, tal como la que comenta Nevershine. Si lográsemos algún avance en ese sentido, también estaría satisfecho de este por ahora apasionante proyecto que es el PIRATA.

    Gracias por tus opiniones y un saludo.

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  3. Hay un dato más a tener en cuenta: ¿cuántos votos en blanco hay, cada vez que se convocan elecciones? Es un montón de gente buscando alguien a quién votar. Votos "desaparecidos" que "aparecen" cuando surge algo novedoso, como, en mi opinión, ha ocurrido con Ciutadans; al menos en parte.

    Desde luego, si las elecciones fueran mañana, yo votaría pirata.

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