De la serie: «Correo ordinario»
Ayer se presentó, al son de pífanos y atabales, con colorines, anuncios televisivos, cartelones y toda suerte de medios para agobiar al personal, el nuevo engendro de Micro$oft, el tan ladrado Window$ Vi$ta. No sé si la cosa iría muy bien, a la vista de las caras que ponía el jefe de la cosa (el tío este, Ballmer) y el resto de la comitiva que había reunido para la ocasión (tomado de la página de Enrique Dans), pero bueno, me da igual el buen o mal humor que gasten.
Pero, evidentemente, el asunto tiene su interés. Tarde o temprano, la cosa esta vendrá a parar al ordenador de mi trabajo, si Dios no lo remedia (digo Dios porque las huestes catalanas del software libre, pese a nuestro indiscutible entusiasmo, no parece que estemos muy por la labor de organizarnos operativamente para combatir la plaga), y si ahora estoy haciendo todo lo que puedo para aguantar el W$2000 (por aquello de que, con Micro$oft, cualquier tiempo pasado fue mejor) y eludir el W$XP, quizá haya de librar descomunal combate para escaquearme del engendro este de ahora; afortunadamente, cuento con un poderoso aliado: el medio giguilla justito de RAM de mi máquina -de las máquinas de la entera unidad en la que sirvo-, que permite correr el guor, el exel, el axes y el pogüerpoin, así como el infame M$IE 6.0, con sólo dos o tres cuelgues diarios, pero que no soportaría lo que parece ser que precisa el Vi$ta de las narices. Puede que me acabe hundiendo en la miseria XP, pero este de ahora tiene para rato: con el presupuesto hemos topado. A lo mejor hasta llega a dar tiempo para que los activistas catalanes del software libre nos organicemos decentemente y logremos hacer presión de verdad y de la buena, aunque esto, Tenorio dixit, es fiarlo realmente muy largo. De todos modos, el riesgo existe porque la pasta es pública y cuando conviene [a Steve Ballmer] la casa es potente y no repara en gastos.
No he tocado, evidentemente, el artilugio. No entrará en mi casa y no lo tengo, a día de hoy, en mi trabajo y, por tanto, tengo que manejarme con información ajena. Y esa información -con la versión Home, que es la más sencilla y tirada- dice: primero, que es un simple XP con mayores virguerías gráficas; segundo, que es muy exigente con la maquinaria -es una vieja y endémica lacra de M$ que me llevó a abandonar Flight Simulator aún antes que el propio W$- y prácticamente no hay manera de que corra en aparatos de edad superior a nueve meses o un año (y los de inferior, habiéndose gastado el usuario mucha pasta en hierros bien poderosos); y tercero, que ya ha sido crackeado el DRM que lleva incorporado.
Conclusión a vuelapluma: no lo comprará ni el potito. ¿Quiere esto decir que Vi$ta no tendrá implantación? No, por supuesto. Vi$ta circulará: circulará pirateado y circulará empotrado a la trágala en los ordenadores que se compren a partir de ahora; a reserva de dos cosas: primera, el éxito y subsiguiente efecto expansivo en las demás marcas que pudiera tener la iniciativa de DELL de vender ordenadores sin sistema operativo instalado y, segunda, la actitud de las empresas ante tanta exigencia de hardware.
Precisamente acabo de leer en Barrapunto una entrada que recoge la noticia de que Peugeot Citroën migra sus sistemas -escritorios y servidores- a Linux prácticamente en masa, negándose, por consejo de sus consultores, a realizar la poco eficiente inversión de cambiar la maquinaria solamente para poder encajar el monstruo micro$oftiano. Bien, ojalá sea eso (y, en este caso, probablemente lo sea) porque uno de los más estúpidos juegos de sociedad en la materia, lo puso de moda el propio Ballmer con su ilustrísimo talonario, y ahora todo consiste en anunciar una migración masiva (empresa, administración...) a Linux para que aparezca el tío Steve con la rebaja, no me jodas, hombre, tú quédate con nosotros, que yo te regalo el software (pero no sus sucesivas actualizaciones y parches, aunque eso me lo callo) y te subvenciono un poquito de la compra de las máquinas nuevas. Por eso insinuaba más arriba que, ya a estas horas, en Catalunya debe haber más de uno babeando ante las nuevas posibilidades ballmerianas y pergeñando el borrador de un nuevo contrato-programa del que saldría todo el mundo beneficiado... menos el ciudadano, claro. El ciudadano, ya lo decimos aquí, cornut i pagant el beure, lo que no necesita traducción.
Pero sí, es posible -sólo posible- que esta vez vivamos una cierta inflexión. Muchas empresas, sobre todo medianas, ya estaban convencidas de las bondades de Linux pero les daba... pereza financiera, digamos, la migración. Una migración -y más una migración de sistemas Micro$oft a sistemas libres- tiene un coste, un coste muy rentable a plazo medio -quizá a corto, en no pocos casos- pero que, de cualquier forma, requiere un desembolso que no siempre es cómodo o posible en determinados momentos. Si Vi$ta requiere desembolsos importantes en maquinaria (aparte de las licencias, claro), quizá el paso que ha dado Peugeot Citroën sea seguido por un número significativo de empresas que, ante la obligación ineludible de la inversión, sacudida forzosamente esa pereza financiera a que aludía, decidan que llegó la hora de que sea su consejo de administración, y no el de Micro$oft, el que decida cuándo, cómo y en qué tiene que invertir la empresa; y, sobre todo, cuándo no hay que invertir en un determinado ámbito porque hay que dedicar los recursos a otro o porque esos recursos, sencillamente, no existen o, en el mejor de los casos, sólo puedan conseguirse mediante un onerosísimo endeudamiento. A estas alturas todas las patronales saben que esta soberanía sólo la da el software libre y quizá ahora, con la tesitura inapelable sobre la mesa, se decidan a dar el paso.
Este -relativo y muy condicional- optimismo en el ámbito empresarial, no es de aplicación en el ámbito privado. Por más que el ejemplo de DELL fuera seguido -e insisto en que sería de celebrar y mucho-, sospecho -temo- que sería mucho más aprovechado para piratear Window$ que para ser legal -e inteligente- y dar el paso hacia un escritorio Linux que ya hoy está perfectamente preparado para dar un excelente servicio al usuario doméstico. A ese indeseable efecto va a contribuir sin duda el comentado crackeo del DRM que incorpora Vi$ta en origen. Este era otro de los puntos que cabía suponer disuasorio: ¿qué pasaría cuando millones de [llamados a ser] usuarios supieran -a la que circularan las primeras noticias alarmantes- que sus MP3 bajados de las redes P2P iban a ser rechazados por el sistema? Sin contar con la posibilidad de que esos intentos incluso pudieran causar daños al propio sistema. Bueno, pues anteayer ya había uno que se había cargado el DRM de Vi$ta, con lo que el problema queda resuelto. En una semana podrá bajarse el crack desde miles de páginas web.
Inicialmente siente uno el deseo de romperle las narices al presunto gilipollas (¿tú eres imbécil o qué? ¡deja que M$ se hunda en su propia baba!) pero, bien pensado, es más probable que tenga razón Enrique Dans cuando insinúa que, a la vista -vaya, hombre- de a quién aprovecha el crimen, quizá, como en el asesinato del conde de Villamediana,
la verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso... $oberano.
Es un momento interesante, no por el intrínseco sistema inoperativo que da lugar a la movida sino por ver si finalmente generará esa inflexión que, por otra parte, profetizan muchos más caracterizados y sabios en la materia que yo. El futuro, como siempre, será más apasionante que las más aventuradas previsiones... para bien o para mal.
Esperemos y veremos.
miércoles, 31 de enero de 2007
martes, 30 de enero de 2007
Ahora, también guionista
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Hoy me estreno en una actividad nueva: la de guionista. Guionista de podcast en mi casa, o sea, en Internautas TV, la tele de la Asociación de Internautas, que podéis ver desde este momento en el enlace o aquí mismo, a la izquierda (a la izquierda y un poco más arriba en próximos días), en la columna de al lado.
No será todos los días, pero sí con alguna frecuencia.
Eso sí: como el medio es oficial de la Asociación y recoge la opinión de ésta, no os canséis buscando mi habitual registro broncas y cuartelero pero, bueno, intentaré que, aunque con buenas palabras, contenga aportaciones interesantes y, en los temas correspondientes, enérgicas. Y alguna cosita más que tengo in mente ir intentando cuando tenga soltura en el medio.
Con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide.
Hoy me estreno en una actividad nueva: la de guionista. Guionista de podcast en mi casa, o sea, en Internautas TV, la tele de la Asociación de Internautas, que podéis ver desde este momento en el enlace o aquí mismo, a la izquierda (a la izquierda y un poco más arriba en próximos días), en la columna de al lado.
No será todos los días, pero sí con alguna frecuencia.
Eso sí: como el medio es oficial de la Asociación y recoge la opinión de ésta, no os canséis buscando mi habitual registro broncas y cuartelero pero, bueno, intentaré que, aunque con buenas palabras, contenga aportaciones interesantes y, en los temas correspondientes, enérgicas. Y alguna cosita más que tengo in mente ir intentando cuando tenga soltura en el medio.
Con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide.
lunes, 29 de enero de 2007
Sin novedad en el frente
De la serie: «Correo ordinario»
Empieza la semana y, hombre, parecería apropiado escribir una entradita a la salud de la parroquia, más que nada para que no encuentren esto vacío. Pero el desafío de la pantalla en blanco es duro porque, falto de viento, esto queda al pairo -por no decir a la deriva- y a ver qué hacemos. La verdad es que el fin de semana no ha dado para mucho: la señora esta vejestoria que ha gastado una buena cabronada a dos bebés que no le habían causado ningún daño, la patochada de los premios esos que los titiriteros se autodedican ridículamente (¿Lepewood?) para epatar a no se sabe quién, o el rebote que pilla la $GAE con Víctor Domingo y con Javier de la Cueva (si supieran los pollos estos de la ominosa las risas que nos echamos con sus paridas... anda que no tiene guasa el último parrafito, después de los últimos acontecimientos procesales...). Hoy, al llegar al trabajo, algunos compañeros me han abordado jubilosos: «¡Javier, Javier, que a la Dixie le hacen una entrevista en "20 Minutos"!». ¡Ah! Mi corazón se contagia del júbilo de mis compañeros y quizá por fin tenga ahí materia para ponerme lírico, pero... mi gozo en un pozo. Dice las mismas tonterías de siempre, sin añadir punto o coma de notoria novedad; bueno, también hay que reconocer que es muy difícil, porque esa señora ha alcanzado cimas muy altas en eso suyo y los récords, los de verdad, no se baten así como así.
De modo que aquí no pasa nada, a no ser que consideremos que seguir igual de jodidos y de puteados que siempre es pasar algo; a menos que consideremos que ir a recoger los CD y DVD R y RW a Correos (procedentes de Luxemburgo), como hice yo el sábado, en vez de ir a comprarlos normalmente a una tienda, es pasar algo.
A veces, la brega cansa tanto... Tanto esfuerzo y tantas horas leyendo, escribiendo, discutiendo en foros y en listas de correo, tanto aguantar mecha y tanta coña marinera para avanzar un mísero milimetrito. Hay días en que me paro y miro: no veo adversidad en los que me rodean... al contrario, palmaditas y hasta, de cuando en cuando, alguna felicitación si algo nos sale bien; pero me pone negro lo que realmente hay detrás, esa indiferencia, esa incapacidad metabólica para asumir el menor sacrificio (cuando así puede llamarse) con el que lograríamos los plenos objetivos en 24 horas. Da igual, para qué privarse, si hay que pagar se paga y, mientras tanto, mientras dure la alegría, se baja morroware. Cuando me paro a pensarlo, me entra una especie de depre y lo dejaría todo. A qué dormir cinco horas, a qué andar llenando entradas de bitácora -y mira que tantas veces no es cuestión de escribir (que es fácil) sino de qué escribir-, a qué sacrificar tardes de sábado, fines de semana, moscosos funcionariales, dinero (no una fortuna, pero lo mío me cuesta ganarlo y entre cuotas, donaciones, suscripciones y otras hostias, sale una pastita al año). Podría dedicarme a hacer lo que me gusta,a volver a la simulación de vuelo, por ejemplo, que es una especie de amante exigente, quiere horas y más horas; o a la simulación ferroviaria (siempre me han gustado los trenes y eso de conducirlos, aunque sea virtualmente, es algo que no he catado), aunque el rollo de las simulaciones es que casi todas ellas son Window$ only y eso es muy disuasorio; podría leer aún más libros porque hay verdaderas minas gratuitas y de altísima calidad (libres de derechos dinerarios de autor, aunque a ver si consigo acordarme un día de enviarles algún dinerillo para el sostenimiento del tinglado); en definitiva, darme los mismos gustazos que se dan los que pasan de todo... a costa de los que no pasamos de nada.
Y por ahí, por ahí es por dónde recargo las pilas. Avanzamos de milímetro en milímetro, es verdad, pero cuando se mira hacia atrás veo que el camino recorrido no es corto; que queda mucho, muchísimo más aún por delante, es verdad, pero a estas fechas ya hemos realizado (muchísimos, por supuesto y afortunadamente, no sólo yo) una andadura larga y provechosa. ¿Será verdad lo que decía Kavafis? ¿Habremos de desear que esto no acabe nunca? Materia para que sea interminable, desde luego, la hay. Pero los logros son importantes. Pienso en el software libre... Hace cuatro o cinco años, los linuxeros éramos considerados una pequeña (ínfima) peña de majaretas: hoy, hablamos de software libre en puntos porcentuales de dos dígitos en cuanto a su implantación a nivel mundial (la que fue familia Mozilla -el navegador Firefox y el cliente de correo Thunderbird-, servidores con Apache, OpenOffice.org y una constelación de pequeñas utilidades a veces ocultas, como ese programa libre que motoriza el diccionario de la RAE de manera que pueda invocarse el término en una URL que lleva directamente a él; hablamos de sistemas operativos libres con empresarios y donde antes había escepticismo ahora aparecen calculadoras y gruñidos de asentimiento. En la proyección Internautas de la cuestión... ¡cuántas cosas han pasado desde la Plataforma Tarifa Plana! De ser cuatro pringadillos a constituirnos en entidad de referencia en la red española y en lo smedios: imprescindibles nuestros estudios de acceso, de ancho de banda, de tarifas y nuestras campañas de seguridad para particulares y para PYMEs. Lo del canon es una guerra encarnizada pero no es la única -ni siquiera la más importante- que sostenemos en la Asociación: tenemos desafíos ya clásicos -por desgracia- como la brecha digital o una banda ancha asequible y de calidad, como la presión a las administraciones públicas, especialmente la central, para que exista una verdadera competencia en materia de telecomunicaciones que induzca a un fuerte incremento en la inversión en infraestructuras de telecomunicación por parte de compañías -potentes, con fuerza financiera suficiente para ello- que ahora se ven muy poco incentivadas y tantas otras cuestiones. Y las que irán saliendo, porque el mundo este es supersónico.
No: es mucho lo que ya se hecho y no son milímetros. Los milímetros que cada cual hemos recorrido, una vez juntos, se han convertido en kilómetros. Y queda mucho trabajo como para dejarlo: hacen falta todos nuestros milímetros y hay sitio para muchos más que quieran venir y necesidad de todos ellos.
Que los acomodaticios, los cagones, los pencos, los sobrados, se revuelquen en su propia mierda. Seguiremos adelante sin ellos, aunque ellos se acaben beneficiando también de nuestra acción. Da igual. También los cerdos deben comer.
Como hubiera dicho Remarque, hoy es un día tranquilo, sin movimiento, sin nada que turbe el silencio, un día de aquellos en los que los partes de guerra no pueden decir otra cosa que sin novedad en el frente. Pero, al contrario que en la famosa novela de don Erich Marie, no es hoy el último día de la guerra, es sólo un paréntesis y, seguramente, breve. Son cosas que pasan en las guerras.
Si no es mañana será pasado, pero volverá a haber barud.
Empieza la semana y, hombre, parecería apropiado escribir una entradita a la salud de la parroquia, más que nada para que no encuentren esto vacío. Pero el desafío de la pantalla en blanco es duro porque, falto de viento, esto queda al pairo -por no decir a la deriva- y a ver qué hacemos. La verdad es que el fin de semana no ha dado para mucho: la señora esta vejestoria que ha gastado una buena cabronada a dos bebés que no le habían causado ningún daño, la patochada de los premios esos que los titiriteros se autodedican ridículamente (¿Lepewood?) para epatar a no se sabe quién, o el rebote que pilla la $GAE con Víctor Domingo y con Javier de la Cueva (si supieran los pollos estos de la ominosa las risas que nos echamos con sus paridas... anda que no tiene guasa el último parrafito, después de los últimos acontecimientos procesales...). Hoy, al llegar al trabajo, algunos compañeros me han abordado jubilosos: «¡Javier, Javier, que a la Dixie le hacen una entrevista en "20 Minutos"!». ¡Ah! Mi corazón se contagia del júbilo de mis compañeros y quizá por fin tenga ahí materia para ponerme lírico, pero... mi gozo en un pozo. Dice las mismas tonterías de siempre, sin añadir punto o coma de notoria novedad; bueno, también hay que reconocer que es muy difícil, porque esa señora ha alcanzado cimas muy altas en eso suyo y los récords, los de verdad, no se baten así como así.
De modo que aquí no pasa nada, a no ser que consideremos que seguir igual de jodidos y de puteados que siempre es pasar algo; a menos que consideremos que ir a recoger los CD y DVD R y RW a Correos (procedentes de Luxemburgo), como hice yo el sábado, en vez de ir a comprarlos normalmente a una tienda, es pasar algo.
A veces, la brega cansa tanto... Tanto esfuerzo y tantas horas leyendo, escribiendo, discutiendo en foros y en listas de correo, tanto aguantar mecha y tanta coña marinera para avanzar un mísero milimetrito. Hay días en que me paro y miro: no veo adversidad en los que me rodean... al contrario, palmaditas y hasta, de cuando en cuando, alguna felicitación si algo nos sale bien; pero me pone negro lo que realmente hay detrás, esa indiferencia, esa incapacidad metabólica para asumir el menor sacrificio (cuando así puede llamarse) con el que lograríamos los plenos objetivos en 24 horas. Da igual, para qué privarse, si hay que pagar se paga y, mientras tanto, mientras dure la alegría, se baja morroware. Cuando me paro a pensarlo, me entra una especie de depre y lo dejaría todo. A qué dormir cinco horas, a qué andar llenando entradas de bitácora -y mira que tantas veces no es cuestión de escribir (que es fácil) sino de qué escribir-, a qué sacrificar tardes de sábado, fines de semana, moscosos funcionariales, dinero (no una fortuna, pero lo mío me cuesta ganarlo y entre cuotas, donaciones, suscripciones y otras hostias, sale una pastita al año). Podría dedicarme a hacer lo que me gusta,a volver a la simulación de vuelo, por ejemplo, que es una especie de amante exigente, quiere horas y más horas; o a la simulación ferroviaria (siempre me han gustado los trenes y eso de conducirlos, aunque sea virtualmente, es algo que no he catado), aunque el rollo de las simulaciones es que casi todas ellas son Window$ only y eso es muy disuasorio; podría leer aún más libros porque hay verdaderas minas gratuitas y de altísima calidad (libres de derechos dinerarios de autor, aunque a ver si consigo acordarme un día de enviarles algún dinerillo para el sostenimiento del tinglado); en definitiva, darme los mismos gustazos que se dan los que pasan de todo... a costa de los que no pasamos de nada.
Y por ahí, por ahí es por dónde recargo las pilas. Avanzamos de milímetro en milímetro, es verdad, pero cuando se mira hacia atrás veo que el camino recorrido no es corto; que queda mucho, muchísimo más aún por delante, es verdad, pero a estas fechas ya hemos realizado (muchísimos, por supuesto y afortunadamente, no sólo yo) una andadura larga y provechosa. ¿Será verdad lo que decía Kavafis? ¿Habremos de desear que esto no acabe nunca? Materia para que sea interminable, desde luego, la hay. Pero los logros son importantes. Pienso en el software libre... Hace cuatro o cinco años, los linuxeros éramos considerados una pequeña (ínfima) peña de majaretas: hoy, hablamos de software libre en puntos porcentuales de dos dígitos en cuanto a su implantación a nivel mundial (la que fue familia Mozilla -el navegador Firefox y el cliente de correo Thunderbird-, servidores con Apache, OpenOffice.org y una constelación de pequeñas utilidades a veces ocultas, como ese programa libre que motoriza el diccionario de la RAE de manera que pueda invocarse el término en una URL que lleva directamente a él; hablamos de sistemas operativos libres con empresarios y donde antes había escepticismo ahora aparecen calculadoras y gruñidos de asentimiento. En la proyección Internautas de la cuestión... ¡cuántas cosas han pasado desde la Plataforma Tarifa Plana! De ser cuatro pringadillos a constituirnos en entidad de referencia en la red española y en lo smedios: imprescindibles nuestros estudios de acceso, de ancho de banda, de tarifas y nuestras campañas de seguridad para particulares y para PYMEs. Lo del canon es una guerra encarnizada pero no es la única -ni siquiera la más importante- que sostenemos en la Asociación: tenemos desafíos ya clásicos -por desgracia- como la brecha digital o una banda ancha asequible y de calidad, como la presión a las administraciones públicas, especialmente la central, para que exista una verdadera competencia en materia de telecomunicaciones que induzca a un fuerte incremento en la inversión en infraestructuras de telecomunicación por parte de compañías -potentes, con fuerza financiera suficiente para ello- que ahora se ven muy poco incentivadas y tantas otras cuestiones. Y las que irán saliendo, porque el mundo este es supersónico.
No: es mucho lo que ya se hecho y no son milímetros. Los milímetros que cada cual hemos recorrido, una vez juntos, se han convertido en kilómetros. Y queda mucho trabajo como para dejarlo: hacen falta todos nuestros milímetros y hay sitio para muchos más que quieran venir y necesidad de todos ellos.
Que los acomodaticios, los cagones, los pencos, los sobrados, se revuelquen en su propia mierda. Seguiremos adelante sin ellos, aunque ellos se acaben beneficiando también de nuestra acción. Da igual. También los cerdos deben comer.
Como hubiera dicho Remarque, hoy es un día tranquilo, sin movimiento, sin nada que turbe el silencio, un día de aquellos en los que los partes de guerra no pueden decir otra cosa que sin novedad en el frente. Pero, al contrario que en la famosa novela de don Erich Marie, no es hoy el último día de la guerra, es sólo un paréntesis y, seguramente, breve. Son cosas que pasan en las guerras.
Si no es mañana será pasado, pero volverá a haber barud.
viernes, 26 de enero de 2007
El trapo en la azotea
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Interesante, crudo, lacerante y durísimo artículo de Pilar Rahola en «El Periódico» (ojo que caducará), que suscribo desde el torrotito hasta el coronamiento.
Lo que es la vida: si hace unos años me hubieran dicho que iba a llegar a sintonizar con la Rahola con tanta frecuencia y tanta extensión, yo hubiera contestado que sería más probable que me hiciese activista voluntario (sin cobrar ni nada) de Micro$oft. Pero esta mujer ha pasado de ser una perfecta rabanera a conducirse con un punto de equilibrio y de razón en sus ideas que me hace pensar que procede de un idéntico equilibrio en su propia vida personal, cosa que, de ser así, me alegraría muchísimo.
En lo que respecta a sus ideas sobre el Islam y su incardinación en Europa, no es la primera vez que escribe en ese sentido y con tanto acierto. Aunque aún tiene que comer muchas sopas para llegar a la altura de una Oriana Fallaci, desde luego, el camino, al menos en lo que se refiere a este tema, lo lleva. ¿La rabia y el orgullo trocados por el seny y la rauxa? La vacante, desde luego, está ahí.
Solamente me queda recordar... En una paella de principios de mes hablaba del espíritu combativo del Islam en referencia a un libro realizado a base de entrevistas con gente de Al Qaeda. Una de las cosas de las que se dolía uno de aquellos -no hice la referencia en mi artículo por innecesaria para el contexto- era que, según él, los occidentales tratamos con desprecio a sus mujeres por causa del velo. Y yo, con Rahola, le respondería que, dando por supuesto que nosotros tratáramos con desprecio a sus mujeres por causa del velo, aún seríamos más abiertos que ellos mismos, que las tratan con desprecio por ese simple hecho: el de ser mujeres.
Ahí queda eso.
Interesante, crudo, lacerante y durísimo artículo de Pilar Rahola en «El Periódico» (ojo que caducará), que suscribo desde el torrotito hasta el coronamiento.
Lo que es la vida: si hace unos años me hubieran dicho que iba a llegar a sintonizar con la Rahola con tanta frecuencia y tanta extensión, yo hubiera contestado que sería más probable que me hiciese activista voluntario (sin cobrar ni nada) de Micro$oft. Pero esta mujer ha pasado de ser una perfecta rabanera a conducirse con un punto de equilibrio y de razón en sus ideas que me hace pensar que procede de un idéntico equilibrio en su propia vida personal, cosa que, de ser así, me alegraría muchísimo.
En lo que respecta a sus ideas sobre el Islam y su incardinación en Europa, no es la primera vez que escribe en ese sentido y con tanto acierto. Aunque aún tiene que comer muchas sopas para llegar a la altura de una Oriana Fallaci, desde luego, el camino, al menos en lo que se refiere a este tema, lo lleva. ¿La rabia y el orgullo trocados por el seny y la rauxa? La vacante, desde luego, está ahí.
Solamente me queda recordar... En una paella de principios de mes hablaba del espíritu combativo del Islam en referencia a un libro realizado a base de entrevistas con gente de Al Qaeda. Una de las cosas de las que se dolía uno de aquellos -no hice la referencia en mi artículo por innecesaria para el contexto- era que, según él, los occidentales tratamos con desprecio a sus mujeres por causa del velo. Y yo, con Rahola, le respondería que, dando por supuesto que nosotros tratáramos con desprecio a sus mujeres por causa del velo, aún seríamos más abiertos que ellos mismos, que las tratan con desprecio por ese simple hecho: el de ser mujeres.
Ahí queda eso.
jueves, 25 de enero de 2007
Etarras, yanquis y okupas
De la serie: «Los jueves, paella»
En el momento de escribir estas líneas, está aún en el aire la suerte de De Juana Chaos, unos de los asesinos más bestias de ETA, no sólo por la cantidad de gente que mató y por el modo en que lo hizo sino que el muy animal, ya una vez en prisión, se dedicaba a celebrar ostensible y estentóreamente los asesinatos de sus colegas, llegando a pedir langostinos y champán frances.
Pero, transcurridos dieciocho años de prisión, llegó el momento de ponerlo en libertad y se organizó el follón. ¿Cómo se iba a poner en libertad con tan exigua pena a un criminal de tal calibre? Bueno, lo cierto es que, con la ley en la mano, no quedaba otro remedio. Cuando se condena a alguien por un delito, hay que aplicarle la normativa penal vigente cuando lo cometió y sólo se puede aplicarle una ley posterior en la medida en que esta le favorezca. Esto es así y resulta que vivimos en una sociedad a la que podemos llamar civilizada precisamente porque es así. Cuando alguien cayó en la cuenta de que el código penal aquel -de tiempos de Franco, por cierto- era muy benigno con cierta gentuza, se modificó, agravando las penas y su régimen de cumplimiento, pero ya tarde para que este endurecimiento pudiera aplicarse a muchas brutalidades ya cometidas. De modo que por asco que diera ver a un De Juana Chaos en la calle, las cosas son como son y cumplió su condena hace más de un año. Por cierto: aunque, en términos relativos, dieciocho años son una fruslería en relación a los tres mil que sumaban sus condenas, insertados como un paréntesis de fuego en medio de una vida no son grano de anís. Esto no parece que se haya tenido muy en cuenta cuando se dice -yo creo que un tanto a la ligera- que dieciocho años de condena no son nada.
Al armarse el escándalo, aconteció la estupidez. Se azuzó a los fiscales en busca del subterfugio -que se encontró en un par de artículos que el pájaro había escrito- y los jueces, entrando torpemente en el juego, se dejaron llevar por su legítimo asco y cometieron un despropósito jurídico, arreándole al etarra una propina de doce años a cuenta de lo que, en definitiva, no sería sino un delito de opinión y, además, muy pillado por los pelos.
Y el otro se echó al monte de la huelga de hambre. La primera, breve y liviana. Tanto, que hubo sospechas de que se alimentaba bajo mano. Entonces recurrió a una segunda en la que no hay lugar a dudas: el piernas ha perdido treinta kilos de peso y su salud está muy jodida. No lo bastante para el gusto de muchos -incluyendo el mío- pero parece que realmente está muy mal.
Y ahora los jueces tienen un marrón -que deberán resolver hoy mismo, quizá mientras escribo esto- y el Gobierno, los ciudadanos y, en definitiva, el Estado, estamos ante un gravísimo dilema: o se le mantiene inflexiblemente en prisión y en este caso es probable que el tío se deje morir y ya tenemos un mártir en marcha o se cede y se le atenúa la prisión (hasta que casualmente los recursos que interpuso contra su condena tengan éxito) y desde ese momento las prisiones que tengan huéspedes etarras se convertirán en un infierno, por no hablar de las calles del País Vasco y por no pensar siquiera en cosas muy luctuosas que podrían acontecer. Del primer caso hay una experiencia previa, el terrorista del IRA Bobby Sands; recuérdese que Margaret Thatcher no cedió y Sands murió, pero recuérdese también que a Thatcher -aunque no creo que se arrepintiera en absoluto de su dura decisión- se le atragantó bastante la defunción del pájaro.
Por eso insisto tantas veces en que no se pueden llenar alegremente páginas del código penal, ni para endurecerlo ni para aflojarlo; se trata de una fundamental y delicadísima norma reguladora de la convivencia social y sus reformas deben hacerse a la luz de una larga y cuidadosa meditación porque sus interacciones y efectos colaterales son complejísimos y numerosos. No se puede reformar el código penal con cadáveres de cuerpo presente o con la prensa batiendo récords de ediciones; no se puede toquetear en caliente o con los ojos puestos en las encuestras preelectorales.
Ahora a ver cómo esos políticos lerdos y negligentes nos sacan a todos de este mal rollo en que su estupidez nos ha metido.
Si es que realmente les importa este mal rollo. Que lo dudo.
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Actualización previa a la publicación de esta paella
La Audiencia Nacional ha decidido que De Juana siga pringando a tutiplén, sin remisión alguna. Bien, ahí está el análisis ya hecho y ahora a ver qué pasa. ¿Será capaz de morir por la causa? Si es así, atémonos los machos. Si no se deja morir, los presos etarras deberán, como a la puerta del infierno de Dante, abandonar toda esperanza que no pase por el desarme incondicional de ETA. A no ser que Zapatero sea... bueno, en fin.
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Otro que bien baila: el presidente norteamericano. Y de él podía esperarse -su cociente intelectual no parece andar muy lejos del de Zap I El Anodino- pero esa gente se supone que funciona con consejeros que sí saben manera. No yo: todas las personas que conozco estaban igualmente seguras de que la invasión de Irak sería tan victoriosa (entendiendo por tal el hecho de que efectivamente, invadieron, ocuparon y se cargaron al régimen enemigo) como insostenible la ocupación. ¿No aprendieron nada de Vietnam? ¿No aprendieron nada de Corea, donde también recibieron unos buenos puntapiés?
Su propia potencia militar, enorme, ha creado un nuevo concepto, la guerra asimétrica, que no es sino una sistematización doctrinal de una situación que viene de los tiempos de Viriato: la guerrilla como método de defensa del débil frente al militarmente fuerte eludiendo el enfrentamiento en campo abierto y aprovechando el conocimiento del terreno y el hecho de ser el propio: adaptación a la climatología, apoyo de la población civil, etc.
La doctrina convencional establece que la guerrilla (así llamada cuando es fuerza propia o aliada) o el terrorismo (así denominado cuando es el enemigo) no pueden vencer por sí solos a un ejército convencional potente: para la victoria final precisa o bien del auxilio de otro ejército convencional (que puede consistir icluso en una evolución de la propia guerrila cuando la guerra se prolonga muchos años) o bien de otros factores políticos, como la desmoralización del enemigo, general y fundamentalmente de su retaguardia. Y hasta el más analfabeto y desharrapado de los insurgentes africanos sabe que la muelle y hedonista sociedad americana no soporta fácilmente un conflicto sostenido, sobre todo si no lo comprende; y los norteamericanos comprenden poco o nada lo que sucede allende sus fronteras; muchas veces, apenas de sus fronteras estatales o incluso locales. Está en el manual: sólo hay que aguantar mecha y esos se tronchan.
Por tanto, un consejero norteamericano hubiera tenido que plantear la cuestión iraquí así: a) Nuestro ejército puede invadir con éxito; b) Nuestro ejército puede mantener una ocupación indefinidamente alcanzando objetivos tácticos parciales, pero muy difícilmente la victoria estratégica, y soportando, además, un coste en vidas humanas muy alto; c) Nuestra ciudadanía no soportará nada que no sea una victoria fulgurante y con muy pocos muertos.
¿No se lo plantearon así? ¿Cómo pudieron ser tan burros para ver las cosas de otra forma cuando sólo podía ser esa? ¿Se lo plantearon así y no hizo caso? ¿Cómo podría ser eso posible -por más atribuciones que tenga un presidente americano- en un país con dinámicas de poder tan complejas?
Ahora está como el gobierno español con De Juana Chaos: pidiéndo árnica sin que nadie se la pueda dar. La retirada sin más es imposible: lo que sucedería en Irak sería antológico; mantenerse sin la menor posibilidad de victoria estratégica es ilusorio; y sin esa posibilidad, ni los mayoritarios demócratas ni muchos republicanos están dispuestos a dar el brazo a torcer. Espabílate, macho.
Yo no sé si existe realmente alguna posibilidad de que los norteamericanos reconduzcan la situación en la vieja Mesopotamia; no creo que la haya pero, aunque estos temas me gustan y leo de cuando en cuando algo sobre ellos, estoy a años luz de ser un experto. Siendo así, acabarán marchándose: todo es cuestión de unos cuantos muertos más que aprieten a la opinión pública norteamericana para que, a su vez, presione con más fuerza (y aún queda margen para presionar muchísimo). Y a ver por la tele el desastre inconcebible que sucederá allí.
Otro brillante ejemplo de la inmensa ceguera y estupidez de los políticos incluso frente a lo que está tan claro para la gente común, de nuevo otro bucle diabólico que hay que cortar como el nudo gordiano: reset al sistema y los datos a hacer puñeta. Lo que pasa es que los datos que se van a hacer puñetas son, en este sistema millares, quizá millones, de seres humanos.
Y un mundo mucho más cerca de la catástrofe global total... y quizá final.
____________________
Ya va el segundo caso. Ahora la prensa -de papel y audiovisual- se desgañita con el segundo caso sangrante de ocupación (sin K, en este caso) de vivienda. Después del hombre de la calle Urgell al que se le metió [parecería que] medio Chile en casa, ahora sale a la luz otro caso parecido.
Trampa.
El Achuntament, como mejor representante del sector inmobiliario residual del pelotazo ahora en fuga a mejores latitudes, pasó hace muy pocas semanas de dispensar cierta simpatía y buen rollo al movimiento okupa (con K, ahora) a considerarlo causante de todos los males de la ciudad y de los diviesos de sus habitantes, de modo que inició una campaña propugnando la mano dura hacia las okupaciones (con K) y clamando por los cambios legales necesarios para que los desahucios puedan ser prácticamente ejecutivos, o sea, inmediatos y sin demasiado juez tocando las narices. Parece esta una manía sociata, últimamente: tratar a gorrazos a los ciudadanos procurando, simultáneamente, mantener a los jueces fuera de la cuestión; si Franco levantara la cabeza, se sentiría como en casa.
Pero, claro, el problema está en que la ciudadanía somatiza muy difícilmente eso de que unos chavales okupen (con K) espacios dedicados a la contemplación especulativa sobre todo cuando -con alguna pocas pero sensibles excepciones- esos chavales acaban resultando excelentes vecinos y realizando en los lugares que okupan (con K) actividades más que interesantes.
Joder, si echamos por las bravas a los okupas (con K) la ciudadanía se nos cabrea y no es cuestión, tan cerca de las elecciones... A ver, Rudrígues, mastúrbeseme la mente e invente algo para que la ciudadanía aplauda a rabiar cuando corramos a hostias a esos incívicos que no dejan especular como Dios manda... Y el Rudrígues, asesor eficientísimo él, busca y encuentra: los ciudadanos sí podemos somatizar fácilmente el hecho de que un hijo de puta nos ocupe (sin K) por la cara y sin más nuestro honrado y modesto domicilio familiar y toda la familia se vea obligada a dormir en el rellano cual marido habido in fraganti con la secretaria. Por lo tanto, está claro: hay que alarmar al ciudadano con casos sangrantes que pueda hacer suyos. Y no hay como buscar para encontrar: aunque no son muchos, ni son de ahora, han salido a la luz un par de casos de ocupación (sin K) mafiosa de viviendas habitadas por gente normal.
Y entre la gente normal, entre las familias medias de honorables trabajadores, cunde el pánico y la necesidad de que esas situaciones espantosas (¿te imaginas? llegar a casa como cada día y que te hayan cambiado la cerradura unos hotentotes...¡y que no haya nada que hacer!) sean resueltas manu militari de forma inmediata.
Cuando la alarma se haya extendido lo suficiente (ya encontraremos un tercer y un cuarto caso), conseguiremos la modificación legal sin coste electoral y después de los comicios arrasaremos con los okupas (con K).
Oiga... ¿Y los ocupas (sin K) a causa de los cuales se modificó la normativa? ¡Que yo sigo teniendo mi casa ocupada (sin K)!
Vaya al juez y búsquese la vida. Nosotros tenemos a los munipas y a los mossos plenamente ocupados (sin K) apaleando rastas y okupas (con K) a beneficio de los de la grúa.
Sic transit gloria mundi
____________________
Damas y caballeros, así he visto las cosas en este jueves último de enero. El próximo será 1 de febrero, víspera de La Candelaria que, entre otras cosas, marca la línea de los 15º de la declinación solar, lo que nos trae un perceptible aumento de la luz del día y el primer y temprano anuncio de que la primavera ya asoma -muy tímidamente- alguna plumita que otra. Los almendros florecen y los del clima continental siguen cagados de frío pero qué le vamos a hacer, cada cual se jode cuando le toca.
Nos veremos tal día y veremos también qué ha pasado y en quién nos habremos de ciscar. Hasta entonces, «El Incordio» sigue a todo trapo a vuestra entera disposición...
En el momento de escribir estas líneas, está aún en el aire la suerte de De Juana Chaos, unos de los asesinos más bestias de ETA, no sólo por la cantidad de gente que mató y por el modo en que lo hizo sino que el muy animal, ya una vez en prisión, se dedicaba a celebrar ostensible y estentóreamente los asesinatos de sus colegas, llegando a pedir langostinos y champán frances.
Pero, transcurridos dieciocho años de prisión, llegó el momento de ponerlo en libertad y se organizó el follón. ¿Cómo se iba a poner en libertad con tan exigua pena a un criminal de tal calibre? Bueno, lo cierto es que, con la ley en la mano, no quedaba otro remedio. Cuando se condena a alguien por un delito, hay que aplicarle la normativa penal vigente cuando lo cometió y sólo se puede aplicarle una ley posterior en la medida en que esta le favorezca. Esto es así y resulta que vivimos en una sociedad a la que podemos llamar civilizada precisamente porque es así. Cuando alguien cayó en la cuenta de que el código penal aquel -de tiempos de Franco, por cierto- era muy benigno con cierta gentuza, se modificó, agravando las penas y su régimen de cumplimiento, pero ya tarde para que este endurecimiento pudiera aplicarse a muchas brutalidades ya cometidas. De modo que por asco que diera ver a un De Juana Chaos en la calle, las cosas son como son y cumplió su condena hace más de un año. Por cierto: aunque, en términos relativos, dieciocho años son una fruslería en relación a los tres mil que sumaban sus condenas, insertados como un paréntesis de fuego en medio de una vida no son grano de anís. Esto no parece que se haya tenido muy en cuenta cuando se dice -yo creo que un tanto a la ligera- que dieciocho años de condena no son nada.
Al armarse el escándalo, aconteció la estupidez. Se azuzó a los fiscales en busca del subterfugio -que se encontró en un par de artículos que el pájaro había escrito- y los jueces, entrando torpemente en el juego, se dejaron llevar por su legítimo asco y cometieron un despropósito jurídico, arreándole al etarra una propina de doce años a cuenta de lo que, en definitiva, no sería sino un delito de opinión y, además, muy pillado por los pelos.
Y el otro se echó al monte de la huelga de hambre. La primera, breve y liviana. Tanto, que hubo sospechas de que se alimentaba bajo mano. Entonces recurrió a una segunda en la que no hay lugar a dudas: el piernas ha perdido treinta kilos de peso y su salud está muy jodida. No lo bastante para el gusto de muchos -incluyendo el mío- pero parece que realmente está muy mal.
Y ahora los jueces tienen un marrón -que deberán resolver hoy mismo, quizá mientras escribo esto- y el Gobierno, los ciudadanos y, en definitiva, el Estado, estamos ante un gravísimo dilema: o se le mantiene inflexiblemente en prisión y en este caso es probable que el tío se deje morir y ya tenemos un mártir en marcha o se cede y se le atenúa la prisión (hasta que casualmente los recursos que interpuso contra su condena tengan éxito) y desde ese momento las prisiones que tengan huéspedes etarras se convertirán en un infierno, por no hablar de las calles del País Vasco y por no pensar siquiera en cosas muy luctuosas que podrían acontecer. Del primer caso hay una experiencia previa, el terrorista del IRA Bobby Sands; recuérdese que Margaret Thatcher no cedió y Sands murió, pero recuérdese también que a Thatcher -aunque no creo que se arrepintiera en absoluto de su dura decisión- se le atragantó bastante la defunción del pájaro.
Por eso insisto tantas veces en que no se pueden llenar alegremente páginas del código penal, ni para endurecerlo ni para aflojarlo; se trata de una fundamental y delicadísima norma reguladora de la convivencia social y sus reformas deben hacerse a la luz de una larga y cuidadosa meditación porque sus interacciones y efectos colaterales son complejísimos y numerosos. No se puede reformar el código penal con cadáveres de cuerpo presente o con la prensa batiendo récords de ediciones; no se puede toquetear en caliente o con los ojos puestos en las encuestras preelectorales.
Ahora a ver cómo esos políticos lerdos y negligentes nos sacan a todos de este mal rollo en que su estupidez nos ha metido.
Si es que realmente les importa este mal rollo. Que lo dudo.
Actualización previa a la publicación de esta paella
La Audiencia Nacional ha decidido que De Juana siga pringando a tutiplén, sin remisión alguna. Bien, ahí está el análisis ya hecho y ahora a ver qué pasa. ¿Será capaz de morir por la causa? Si es así, atémonos los machos. Si no se deja morir, los presos etarras deberán, como a la puerta del infierno de Dante, abandonar toda esperanza que no pase por el desarme incondicional de ETA. A no ser que Zapatero sea... bueno, en fin.
Otro que bien baila: el presidente norteamericano. Y de él podía esperarse -su cociente intelectual no parece andar muy lejos del de Zap I El Anodino- pero esa gente se supone que funciona con consejeros que sí saben manera. No yo: todas las personas que conozco estaban igualmente seguras de que la invasión de Irak sería tan victoriosa (entendiendo por tal el hecho de que efectivamente, invadieron, ocuparon y se cargaron al régimen enemigo) como insostenible la ocupación. ¿No aprendieron nada de Vietnam? ¿No aprendieron nada de Corea, donde también recibieron unos buenos puntapiés?
Su propia potencia militar, enorme, ha creado un nuevo concepto, la guerra asimétrica, que no es sino una sistematización doctrinal de una situación que viene de los tiempos de Viriato: la guerrilla como método de defensa del débil frente al militarmente fuerte eludiendo el enfrentamiento en campo abierto y aprovechando el conocimiento del terreno y el hecho de ser el propio: adaptación a la climatología, apoyo de la población civil, etc.
La doctrina convencional establece que la guerrilla (así llamada cuando es fuerza propia o aliada) o el terrorismo (así denominado cuando es el enemigo) no pueden vencer por sí solos a un ejército convencional potente: para la victoria final precisa o bien del auxilio de otro ejército convencional (que puede consistir icluso en una evolución de la propia guerrila cuando la guerra se prolonga muchos años) o bien de otros factores políticos, como la desmoralización del enemigo, general y fundamentalmente de su retaguardia. Y hasta el más analfabeto y desharrapado de los insurgentes africanos sabe que la muelle y hedonista sociedad americana no soporta fácilmente un conflicto sostenido, sobre todo si no lo comprende; y los norteamericanos comprenden poco o nada lo que sucede allende sus fronteras; muchas veces, apenas de sus fronteras estatales o incluso locales. Está en el manual: sólo hay que aguantar mecha y esos se tronchan.
Por tanto, un consejero norteamericano hubiera tenido que plantear la cuestión iraquí así: a) Nuestro ejército puede invadir con éxito; b) Nuestro ejército puede mantener una ocupación indefinidamente alcanzando objetivos tácticos parciales, pero muy difícilmente la victoria estratégica, y soportando, además, un coste en vidas humanas muy alto; c) Nuestra ciudadanía no soportará nada que no sea una victoria fulgurante y con muy pocos muertos.
¿No se lo plantearon así? ¿Cómo pudieron ser tan burros para ver las cosas de otra forma cuando sólo podía ser esa? ¿Se lo plantearon así y no hizo caso? ¿Cómo podría ser eso posible -por más atribuciones que tenga un presidente americano- en un país con dinámicas de poder tan complejas?
Ahora está como el gobierno español con De Juana Chaos: pidiéndo árnica sin que nadie se la pueda dar. La retirada sin más es imposible: lo que sucedería en Irak sería antológico; mantenerse sin la menor posibilidad de victoria estratégica es ilusorio; y sin esa posibilidad, ni los mayoritarios demócratas ni muchos republicanos están dispuestos a dar el brazo a torcer. Espabílate, macho.
Yo no sé si existe realmente alguna posibilidad de que los norteamericanos reconduzcan la situación en la vieja Mesopotamia; no creo que la haya pero, aunque estos temas me gustan y leo de cuando en cuando algo sobre ellos, estoy a años luz de ser un experto. Siendo así, acabarán marchándose: todo es cuestión de unos cuantos muertos más que aprieten a la opinión pública norteamericana para que, a su vez, presione con más fuerza (y aún queda margen para presionar muchísimo). Y a ver por la tele el desastre inconcebible que sucederá allí.
Otro brillante ejemplo de la inmensa ceguera y estupidez de los políticos incluso frente a lo que está tan claro para la gente común, de nuevo otro bucle diabólico que hay que cortar como el nudo gordiano: reset al sistema y los datos a hacer puñeta. Lo que pasa es que los datos que se van a hacer puñetas son, en este sistema millares, quizá millones, de seres humanos.
Y un mundo mucho más cerca de la catástrofe global total... y quizá final.
Ya va el segundo caso. Ahora la prensa -de papel y audiovisual- se desgañita con el segundo caso sangrante de ocupación (sin K, en este caso) de vivienda. Después del hombre de la calle Urgell al que se le metió [parecería que] medio Chile en casa, ahora sale a la luz otro caso parecido.
Trampa.
El Achuntament, como mejor representante del sector inmobiliario residual del pelotazo ahora en fuga a mejores latitudes, pasó hace muy pocas semanas de dispensar cierta simpatía y buen rollo al movimiento okupa (con K, ahora) a considerarlo causante de todos los males de la ciudad y de los diviesos de sus habitantes, de modo que inició una campaña propugnando la mano dura hacia las okupaciones (con K) y clamando por los cambios legales necesarios para que los desahucios puedan ser prácticamente ejecutivos, o sea, inmediatos y sin demasiado juez tocando las narices. Parece esta una manía sociata, últimamente: tratar a gorrazos a los ciudadanos procurando, simultáneamente, mantener a los jueces fuera de la cuestión; si Franco levantara la cabeza, se sentiría como en casa.
Pero, claro, el problema está en que la ciudadanía somatiza muy difícilmente eso de que unos chavales okupen (con K) espacios dedicados a la contemplación especulativa sobre todo cuando -con alguna pocas pero sensibles excepciones- esos chavales acaban resultando excelentes vecinos y realizando en los lugares que okupan (con K) actividades más que interesantes.
Joder, si echamos por las bravas a los okupas (con K) la ciudadanía se nos cabrea y no es cuestión, tan cerca de las elecciones... A ver, Rudrígues, mastúrbeseme la mente e invente algo para que la ciudadanía aplauda a rabiar cuando corramos a hostias a esos incívicos que no dejan especular como Dios manda... Y el Rudrígues, asesor eficientísimo él, busca y encuentra: los ciudadanos sí podemos somatizar fácilmente el hecho de que un hijo de puta nos ocupe (sin K) por la cara y sin más nuestro honrado y modesto domicilio familiar y toda la familia se vea obligada a dormir en el rellano cual marido habido in fraganti con la secretaria. Por lo tanto, está claro: hay que alarmar al ciudadano con casos sangrantes que pueda hacer suyos. Y no hay como buscar para encontrar: aunque no son muchos, ni son de ahora, han salido a la luz un par de casos de ocupación (sin K) mafiosa de viviendas habitadas por gente normal.
Y entre la gente normal, entre las familias medias de honorables trabajadores, cunde el pánico y la necesidad de que esas situaciones espantosas (¿te imaginas? llegar a casa como cada día y que te hayan cambiado la cerradura unos hotentotes...¡y que no haya nada que hacer!) sean resueltas manu militari de forma inmediata.
Cuando la alarma se haya extendido lo suficiente (ya encontraremos un tercer y un cuarto caso), conseguiremos la modificación legal sin coste electoral y después de los comicios arrasaremos con los okupas (con K).
Oiga... ¿Y los ocupas (sin K) a causa de los cuales se modificó la normativa? ¡Que yo sigo teniendo mi casa ocupada (sin K)!
Vaya al juez y búsquese la vida. Nosotros tenemos a los munipas y a los mossos plenamente ocupados (sin K) apaleando rastas y okupas (con K) a beneficio de los de la grúa.
Sic transit gloria mundi
Damas y caballeros, así he visto las cosas en este jueves último de enero. El próximo será 1 de febrero, víspera de La Candelaria que, entre otras cosas, marca la línea de los 15º de la declinación solar, lo que nos trae un perceptible aumento de la luz del día y el primer y temprano anuncio de que la primavera ya asoma -muy tímidamente- alguna plumita que otra. Los almendros florecen y los del clima continental siguen cagados de frío pero qué le vamos a hacer, cada cual se jode cuando le toca.
Nos veremos tal día y veremos también qué ha pasado y en quién nos habremos de ciscar. Hasta entonces, «El Incordio» sigue a todo trapo a vuestra entera disposición...
martes, 23 de enero de 2007
Código ético
De la serie: «Correo ordinario»
Leo por ahí que Google, Micro$oft, Yahoo y Vodafone preparan, con el concurso de no sé cuántas universidades y ONG's un código ético en pro de la libertad de expresión y de la privacidad en red. Ay, dejad que me levante y me ponga un poco de linimento en el culo, que me he caído de la silla, jolín, qué daño.
Fíjate tú que, excepto Vodafone (y lo del excepto habría que mirarlo bien, quizá es que yo no esté puntualmente al día) las demás compañías están perfectamente pringadas en maniobras contra la privacidad y la libertad de expresión. En fin, todos sabemos cómo Yahoo le hizo de confidente a la dictadura china, cómo Google se envaina -y hace envainar a terceros- contenidos que no son gratos a los hijos de Mao y hasta resulta que Micro$oft dio el soplo a la autoridad israelí -militar, por supuesto- sobre los meneos de un cierto activista antinuclear. Por lo demás, que Micro$oft se erija en paladín de la privacidad, cuando todos estamos al cabo de la calle de que desde el oculto código de sus sistemas operativos, se envía información nuestra a prefiero no saber -mejor dicho: prefiero no decir- quién, es algo como para que hasta el más templado se caiga, efectivamente, de la silla. Como me ha pasado a mí.
Además de estos tres pájaros, Amnistía Internacional señala también con el dedo acusador, por parecidas razones, a unos cuantos a quienes cabría suponer -por ellas- candidatos al Premio «Principe de Asturias» de cualquier cosa (de los Deportes, de Tecnología, de Cooperación Internacional o de Retratistas con Tinta de Calamar, vete a saber...): Sun Microsystems, Nortel Networks, y Cisco Systems, según se recuerda en el enlace citado. Queden ahí a beneficio del patronazgo de la Fundación, pero parece que, al menos de momento, no tienen nada que ver con el invento este del código ético.
Por lo demás, me pregunto si esta pandilla de soplones a beneficio de dictaduras se mojará a la hora de imporner su famoso código ético. Me pregunto, por ejemplo, si esos tres -entre otros posibles de la misma calaña- abandonarán el mercado chino si su gobierno no firma y cumple el código en cuestión.
Recuerdo -y no olvido ni durmiendo- que, hace ya unos años, «Nike» se vio en un mal trago cuando se destapó la olla de que sus productos estaban fabricados por niños asiáticos que trabajaban a edades tempranísimas en jornadas realmente inhumanas (cosa que, por cierto, a los neocon les parece muy bien, ya que la alternativa de estos niños sería morirse de hambre gracias a la justicia distributiva del sistema económico liberal). Como eso de andar explotando laboralmente a los niños es sólo un poco menos feo que violarlos y repartir las fotos, los asesores de imagen de la marca sudaron tinta china para quitarse el marrón de encima, hasta que dieron con la solución. ¿Cuál fue? La gran jugada: crearemos un código ético que habrán de suscribir todos nuestros subcontratistas. Y la cosa quedó la mar de bien resuelta: los contratistas firmaron todos los códigos éticos que les pusieron por delante y «Nike» se limitó a mirar para otro lado. Cuando se siguió descubriendo mierda, «Nike» (¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?) dijo que más no podía hacer y que no podía controlar materialmente que su maravilloso código ético fuese cumplido por sus contratistas.
Este mismo aroma es el que me trae el código ético de Micro$oft y compañía. Haremos que cualquier cómitre del régimen chino firme el papelito y que sigan encerrando o fusilando a quien les dé la gana, que nosotros ya no podemos controlar lo que hacen los chinos, somos inocentes como blancas palomas, sólo podemos obligarlos a que firmen un papelote si quieren que sigamos haciéndoles el favor de obtener una pastísima acojonante en el mercado de su [férrea] jurisdicción.
También me pregunto si este código ético se lo harán firmar al Zapatero del proyecto LISI que va a reimplantar la censura franquista en España; sería un útil ejercicio que limpiaría la [nula] conciencia de los actores, toda vez que, por otra parte, nuestro viejo Zap es muy dado a pasarse las promesas por el forro de... las narices, así que calcula tú un código ético. Sin ir más lejos, los catalanes recordamos, cada vez que vemos el aeropuerto de Barcelona -entre otras cosas-, aquello tan bonito de «apoyaré el estatuto que salga del parlamento catalán». Ese estatuto está en el mismo sitio que las armas de destrucción masiva en las cuales el otro ilustre empeñó su palabra ante millones de españoles (y en directo, nada de fuera de contexto).
Que bueno, que nada. Que la pela es la pela y más para esa gente y que los códigos éticos no son más que patrañas para tomar el pelo a los incautos y que compren un Window$ Vi$ta como quien compra té del valle de Assam en una tienda de Comercio Justo. Que no cuela.
Las éticas no son papeles firmados -como les recuerdo a mis compañeros de profesión, ahora que también se habla de código ético en la Función pública- sino comportamientos firmes y sostenidos. Uno es ético o no lo es y no hay más código -ni mejor- que lo que deriva de aquello de lo que precisamente carecen los promotores de la mandanga que nos ocupa: una recta conciencia.
Lo demás, son pijaes y tontaes que no conducen a nada positivo.
Leo por ahí que Google, Micro$oft, Yahoo y Vodafone preparan, con el concurso de no sé cuántas universidades y ONG's un código ético en pro de la libertad de expresión y de la privacidad en red. Ay, dejad que me levante y me ponga un poco de linimento en el culo, que me he caído de la silla, jolín, qué daño.
Fíjate tú que, excepto Vodafone (y lo del excepto habría que mirarlo bien, quizá es que yo no esté puntualmente al día) las demás compañías están perfectamente pringadas en maniobras contra la privacidad y la libertad de expresión. En fin, todos sabemos cómo Yahoo le hizo de confidente a la dictadura china, cómo Google se envaina -y hace envainar a terceros- contenidos que no son gratos a los hijos de Mao y hasta resulta que Micro$oft dio el soplo a la autoridad israelí -militar, por supuesto- sobre los meneos de un cierto activista antinuclear. Por lo demás, que Micro$oft se erija en paladín de la privacidad, cuando todos estamos al cabo de la calle de que desde el oculto código de sus sistemas operativos, se envía información nuestra a prefiero no saber -mejor dicho: prefiero no decir- quién, es algo como para que hasta el más templado se caiga, efectivamente, de la silla. Como me ha pasado a mí.
Además de estos tres pájaros, Amnistía Internacional señala también con el dedo acusador, por parecidas razones, a unos cuantos a quienes cabría suponer -por ellas- candidatos al Premio «Principe de Asturias» de cualquier cosa (de los Deportes, de Tecnología, de Cooperación Internacional o de Retratistas con Tinta de Calamar, vete a saber...): Sun Microsystems, Nortel Networks, y Cisco Systems, según se recuerda en el enlace citado. Queden ahí a beneficio del patronazgo de la Fundación, pero parece que, al menos de momento, no tienen nada que ver con el invento este del código ético.
Por lo demás, me pregunto si esta pandilla de soplones a beneficio de dictaduras se mojará a la hora de imporner su famoso código ético. Me pregunto, por ejemplo, si esos tres -entre otros posibles de la misma calaña- abandonarán el mercado chino si su gobierno no firma y cumple el código en cuestión.
Recuerdo -y no olvido ni durmiendo- que, hace ya unos años, «Nike» se vio en un mal trago cuando se destapó la olla de que sus productos estaban fabricados por niños asiáticos que trabajaban a edades tempranísimas en jornadas realmente inhumanas (cosa que, por cierto, a los neocon les parece muy bien, ya que la alternativa de estos niños sería morirse de hambre gracias a la justicia distributiva del sistema económico liberal). Como eso de andar explotando laboralmente a los niños es sólo un poco menos feo que violarlos y repartir las fotos, los asesores de imagen de la marca sudaron tinta china para quitarse el marrón de encima, hasta que dieron con la solución. ¿Cuál fue? La gran jugada: crearemos un código ético que habrán de suscribir todos nuestros subcontratistas. Y la cosa quedó la mar de bien resuelta: los contratistas firmaron todos los códigos éticos que les pusieron por delante y «Nike» se limitó a mirar para otro lado. Cuando se siguió descubriendo mierda, «Nike» (¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?) dijo que más no podía hacer y que no podía controlar materialmente que su maravilloso código ético fuese cumplido por sus contratistas.
Este mismo aroma es el que me trae el código ético de Micro$oft y compañía. Haremos que cualquier cómitre del régimen chino firme el papelito y que sigan encerrando o fusilando a quien les dé la gana, que nosotros ya no podemos controlar lo que hacen los chinos, somos inocentes como blancas palomas, sólo podemos obligarlos a que firmen un papelote si quieren que sigamos haciéndoles el favor de obtener una pastísima acojonante en el mercado de su [férrea] jurisdicción.
También me pregunto si este código ético se lo harán firmar al Zapatero del proyecto LISI que va a reimplantar la censura franquista en España; sería un útil ejercicio que limpiaría la [nula] conciencia de los actores, toda vez que, por otra parte, nuestro viejo Zap es muy dado a pasarse las promesas por el forro de... las narices, así que calcula tú un código ético. Sin ir más lejos, los catalanes recordamos, cada vez que vemos el aeropuerto de Barcelona -entre otras cosas-, aquello tan bonito de «apoyaré el estatuto que salga del parlamento catalán». Ese estatuto está en el mismo sitio que las armas de destrucción masiva en las cuales el otro ilustre empeñó su palabra ante millones de españoles (y en directo, nada de fuera de contexto).
Que bueno, que nada. Que la pela es la pela y más para esa gente y que los códigos éticos no son más que patrañas para tomar el pelo a los incautos y que compren un Window$ Vi$ta como quien compra té del valle de Assam en una tienda de Comercio Justo. Que no cuela.
Las éticas no son papeles firmados -como les recuerdo a mis compañeros de profesión, ahora que también se habla de código ético en la Función pública- sino comportamientos firmes y sostenidos. Uno es ético o no lo es y no hay más código -ni mejor- que lo que deriva de aquello de lo que precisamente carecen los promotores de la mandanga que nos ocupa: una recta conciencia.
Lo demás, son pijaes y tontaes que no conducen a nada positivo.
lunes, 22 de enero de 2007
Impresionante
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Impresionantes las palabras que Arturo Pérez-Reverte dedica a su hija (¿Carlota, creo?). El mérito es de la muchacha, indudablemente, pero seguro que el padre tuvo algo que ver.
Me dan un poco de ánimo para que algún día puedo yo decir algo parecido a las mías.
Y no vamos por mal camino, que es lo mejor.
Impresionantes las palabras que Arturo Pérez-Reverte dedica a su hija (¿Carlota, creo?). El mérito es de la muchacha, indudablemente, pero seguro que el padre tuvo algo que ver.
Me dan un poco de ánimo para que algún día puedo yo decir algo parecido a las mías.
Y no vamos por mal camino, que es lo mejor.
Grandeur
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Como hay personas más grandes que otras (de hecho, hay personas normales y personajillos mierdosos), hay estados más grandes que otros; y no por tener un ejército imponente, una economía importante o un peso político más sensible. La grandeza se lleva incluso cuando van mal dadas, en la mismísima miseria. Pero no hace falta llegar a los extremos sangrantes; la grandeza de un país, lo que explica por qué es lo que es, por qué ha sido lo que ha sido, y por qué seguirá siendo lo que es y lo que ha sido, puede ser un pequeño detalle.
Por ejemplo, acaba de fallecer el abate Pierre, el fundador de los «Traperos de Emaús». Su muerte ha sido anunciada por el mismísimo presidente de la República Francesa, porque el hombre que fundó una entidad para cobijar a los sin techo, al último estrato de los pringados, es también un factor de gloria, algo que hace grande a la nación. Y a tal señor, tal honor. El abate Pierre es una piedra más del sólido edificio de la grandeur.
Si aquí, en este cochino país de mierda, tuviésemos un abate Pierre... ¿iba el vigente monarca a anunciar personalmente su fallecimiento? ¿Iba a hacerlo Zap I El Anodino? ¿Iba a hacerlo siquiera un subsecretario? No ¿verdad?
Por eso Francia es grande y nosotros somos ese lamentable hatajo de desgraciados que hay ahí, al sur de los Pirineos...
Como hay personas más grandes que otras (de hecho, hay personas normales y personajillos mierdosos), hay estados más grandes que otros; y no por tener un ejército imponente, una economía importante o un peso político más sensible. La grandeza se lleva incluso cuando van mal dadas, en la mismísima miseria. Pero no hace falta llegar a los extremos sangrantes; la grandeza de un país, lo que explica por qué es lo que es, por qué ha sido lo que ha sido, y por qué seguirá siendo lo que es y lo que ha sido, puede ser un pequeño detalle.
Por ejemplo, acaba de fallecer el abate Pierre, el fundador de los «Traperos de Emaús». Su muerte ha sido anunciada por el mismísimo presidente de la República Francesa, porque el hombre que fundó una entidad para cobijar a los sin techo, al último estrato de los pringados, es también un factor de gloria, algo que hace grande a la nación. Y a tal señor, tal honor. El abate Pierre es una piedra más del sólido edificio de la grandeur.
Si aquí, en este cochino país de mierda, tuviésemos un abate Pierre... ¿iba el vigente monarca a anunciar personalmente su fallecimiento? ¿Iba a hacerlo Zap I El Anodino? ¿Iba a hacerlo siquiera un subsecretario? No ¿verdad?
Por eso Francia es grande y nosotros somos ese lamentable hatajo de desgraciados que hay ahí, al sur de los Pirineos...
Profesionales
De la serie: «Correo ordinario»
¿A qué reflexiones puede inducirnos el comentario «Ser informático no está de moda» que hemos leído este fin de semana en Barrapunto? Si en la última paella reproducía un chiste bastante cruel sobre lo mal pagados -y, por tanto, considerados- que están los profesionales de alto nivel formativo, ahora vemos el fenómeno especificado en una tipología profesional que debiera estar claramente al alza: los informáticos.
El mundo se llena de ordenadores, las telecomunicaciones dependen cada vez más de los ordenadores, prácticamente todos trabajamos con un ordenador por instrumento y no pocos -y en número creciente- tenemos en casa un ordenador para navegar por internet, para satisfacer nuestras aficiones, para llevar adelante nuestro activismo en tal o cual campo; por si fuera poco, las agendas se informatizan y ya no sabemos establecer una diferencia clara -si es que la hay- entre una PDA y un ordenador; esas agendas informatizadas se convierten, además, en teléfonos móviles y ya no se sabe quién es una prestación de quién, si la PDA del teléfono o el teléfono de la PDA. Hasta el repartidor de yogures va por el mundo con un ordenador. Nuestros relojes son ordenadores, los sistemas de nuestros automóviles son ordenadores (para no hablar ya de aviones, trenes y demás vehículos complejos), nuestras lavadoras funcionan bajo el mando de un ordenador y lo mismo puede decirse de casi todos los electrodomésticos... Si un apagón detiene nuestras vidas, no lo hará tanto por las cosas que se paren como por dejar colgados los ordenadores y si hasta hace poco parecía que sólo una guerra nuclear podría devolvernos a la edad de piedra, un hipotético virus que limpiara la memoria de todos los ordenadores del mundo podría conseguir el mismo efecto sin romper un sólo cristal. Si la oficina en la que yo trabajo sufre un corte de electricidad, aunque por las ventanas entre el sol a raudales yo ya puedo dedicar ese tiempo del corte de fluido a tomar el aperitivo: sin el ordenador no valgo -como trabajador, como profesional- para nada, no intrínsecamente sino porque todo mi trabajo está en el disco duro de mi máquina o del servidor.
Así las cosas, se supone que debería haber tortas por acceder a las especialidades informáticas en universidades y en módulos profesionales. Pues no: salvo en la titulación más básica de módulos profesionales, el número de alumnos en las ingenierías, ingenierías técnicas y módulos profesionales de nivel superior el número de alumnos desciende. ¿Inaudito? No lo sé. Sigamos viendo...
Salvo en especialidades muy, muy, muy técnicas -que siguen dominadas por hombres- en las demás especialidades universitarias la mujer va tomando protagonismo numérico creciente. Y, curiosamente, el protagonismo numérico femenino llega más rápido en aquellas especialidades que conllevan un cierto grado de sacrificio, por pequeño que sea (guardias, sobre todo) y sueldos de poco lucimiento y así están los hospitales y los juzgados: abarrotados de mujeres. Como la función pública misma...
¿Y los hombres? Ganando dinero. Digo yo, vamos. En un puesto u otro de la empresa privada.
La verdad es que apetece poco estudiar -y estudiar mucho, en según qué titulaciones- durante un porrón de años y costarle un dineral a la familia para luego acabar de mileurista, una categoría que pertenece a la familia del pringado. Porque, encima, la Universidad no da ya ni siquiera prestigio. Cualquier analfabeto forrado de pasta circula por el mundo en medio de la multitudinaria admiración -véase sino a los calzoncilleros de la pelota o a los faranduleros afectos a la $GAE- mientras que el noventa y nueve por ciento de la población no está en condiciones de dar un solo nombre de arquitecto más allá de Gaudí (y no todos llegan siquiera a Gaudí). Y por una vez que un dirigente futbolero les dice a los chavales de secundaria las verdades del barquero, los analfabetos se cabrean -como es normal- ¡¡y la gente les da la razón!! El señor este, Calderón, creo que se llama, es el primer dirigente pelotero que se ha ganado mi respeto: todos sus colegas conocen tan bien como él el tipo de material que se llevan entre manos, pero ninguno ha tenido la valentía de, a ese respecto, llamar al pan pan y al vino vino.
Y es que hablando en términos de analfabetos forrados de pasta, el mundo de la pelota y de la sopa boba es recurrente, pero también sientan plaza de triunfadores -económicamente lo son, sin duda alguna- y de inteligentísimos próceres empresariales unos cuantos botarates con corbata y gomina que son unos perfectos inútiles, afirmación que parece absurda viendo su nivel de vida (¿quién va a pagar tan bien a un idiota?) pero que Sergio Montoro, en su bitácora «La Pastilla Roja» ha descrito y caracterizado estupendamente. Efectivamente, aunque de lo que se habla frecuentemente es de la Ley de Murphy lo que verdaderamente funciona a toda máquina es el Principio de Peter y el mucho menos conocido Principio de Dilbert.
La caída de la profesionalidad -que, además, pagamos usuarios, consumidores y, en definitiva, ciudadanos- no es sino otra particularidad de este sistema neocon que nos corroe y que prostituye el principio de la eficiencia, es decir, el mejor servicio al menor costo, llevándolo al de la simple rentabilidad a corto plazo; para ello no hacen falta profesionales: basta unos que estén ahí y que hagan que la cosa aparente funcionar mientras dé beneficios. Cuando deje de darlos, la cosa, o sea la empresa, siempre podrá ser vendida o podrá adquirir otra que funcione... hasta que, regida de ese modo, deje a su vez de funcionar. En último extremo, las ratas siempre tienen su helicóptero de salvamento para abandonar el barco: se despide a 500 pringados (lo que, inexplicablemente -y de ahí lo absurdo del sistema-, produce un al menos momentáneo incremento del valor de las acciones), se realizan las stock options y aire, a buscar, otra empresa que levantar (porque será ocioso decir que el que paga el pato de la crisis es el imbécil que se quedó atrás, falto de reflejos; o, a lo mejor, en vez del imbécil que se quedó atrás es el verdadero dirigente empresarial que intentó salvar los muebles). Con este panorama, no es extraño que suframos la mierda de servicios que tenemos; si, encima, pensamos en telecos e ISP, el problema nos lleva a las más altas cimas de la miseria.
Lo único que me sorprende, en todo caso, es cómo pueden estos tíos estar echando en falta a unos profesionales que nunca creen haber necesitado.
Yo, por lo menos, nunca se los he visto.
¿A qué reflexiones puede inducirnos el comentario «Ser informático no está de moda» que hemos leído este fin de semana en Barrapunto? Si en la última paella reproducía un chiste bastante cruel sobre lo mal pagados -y, por tanto, considerados- que están los profesionales de alto nivel formativo, ahora vemos el fenómeno especificado en una tipología profesional que debiera estar claramente al alza: los informáticos.
El mundo se llena de ordenadores, las telecomunicaciones dependen cada vez más de los ordenadores, prácticamente todos trabajamos con un ordenador por instrumento y no pocos -y en número creciente- tenemos en casa un ordenador para navegar por internet, para satisfacer nuestras aficiones, para llevar adelante nuestro activismo en tal o cual campo; por si fuera poco, las agendas se informatizan y ya no sabemos establecer una diferencia clara -si es que la hay- entre una PDA y un ordenador; esas agendas informatizadas se convierten, además, en teléfonos móviles y ya no se sabe quién es una prestación de quién, si la PDA del teléfono o el teléfono de la PDA. Hasta el repartidor de yogures va por el mundo con un ordenador. Nuestros relojes son ordenadores, los sistemas de nuestros automóviles son ordenadores (para no hablar ya de aviones, trenes y demás vehículos complejos), nuestras lavadoras funcionan bajo el mando de un ordenador y lo mismo puede decirse de casi todos los electrodomésticos... Si un apagón detiene nuestras vidas, no lo hará tanto por las cosas que se paren como por dejar colgados los ordenadores y si hasta hace poco parecía que sólo una guerra nuclear podría devolvernos a la edad de piedra, un hipotético virus que limpiara la memoria de todos los ordenadores del mundo podría conseguir el mismo efecto sin romper un sólo cristal. Si la oficina en la que yo trabajo sufre un corte de electricidad, aunque por las ventanas entre el sol a raudales yo ya puedo dedicar ese tiempo del corte de fluido a tomar el aperitivo: sin el ordenador no valgo -como trabajador, como profesional- para nada, no intrínsecamente sino porque todo mi trabajo está en el disco duro de mi máquina o del servidor.
Así las cosas, se supone que debería haber tortas por acceder a las especialidades informáticas en universidades y en módulos profesionales. Pues no: salvo en la titulación más básica de módulos profesionales, el número de alumnos en las ingenierías, ingenierías técnicas y módulos profesionales de nivel superior el número de alumnos desciende. ¿Inaudito? No lo sé. Sigamos viendo...
Salvo en especialidades muy, muy, muy técnicas -que siguen dominadas por hombres- en las demás especialidades universitarias la mujer va tomando protagonismo numérico creciente. Y, curiosamente, el protagonismo numérico femenino llega más rápido en aquellas especialidades que conllevan un cierto grado de sacrificio, por pequeño que sea (guardias, sobre todo) y sueldos de poco lucimiento y así están los hospitales y los juzgados: abarrotados de mujeres. Como la función pública misma...
¿Y los hombres? Ganando dinero. Digo yo, vamos. En un puesto u otro de la empresa privada.
La verdad es que apetece poco estudiar -y estudiar mucho, en según qué titulaciones- durante un porrón de años y costarle un dineral a la familia para luego acabar de mileurista, una categoría que pertenece a la familia del pringado. Porque, encima, la Universidad no da ya ni siquiera prestigio. Cualquier analfabeto forrado de pasta circula por el mundo en medio de la multitudinaria admiración -véase sino a los calzoncilleros de la pelota o a los faranduleros afectos a la $GAE- mientras que el noventa y nueve por ciento de la población no está en condiciones de dar un solo nombre de arquitecto más allá de Gaudí (y no todos llegan siquiera a Gaudí). Y por una vez que un dirigente futbolero les dice a los chavales de secundaria las verdades del barquero, los analfabetos se cabrean -como es normal- ¡¡y la gente les da la razón!! El señor este, Calderón, creo que se llama, es el primer dirigente pelotero que se ha ganado mi respeto: todos sus colegas conocen tan bien como él el tipo de material que se llevan entre manos, pero ninguno ha tenido la valentía de, a ese respecto, llamar al pan pan y al vino vino.
Y es que hablando en términos de analfabetos forrados de pasta, el mundo de la pelota y de la sopa boba es recurrente, pero también sientan plaza de triunfadores -económicamente lo son, sin duda alguna- y de inteligentísimos próceres empresariales unos cuantos botarates con corbata y gomina que son unos perfectos inútiles, afirmación que parece absurda viendo su nivel de vida (¿quién va a pagar tan bien a un idiota?) pero que Sergio Montoro, en su bitácora «La Pastilla Roja» ha descrito y caracterizado estupendamente. Efectivamente, aunque de lo que se habla frecuentemente es de la Ley de Murphy lo que verdaderamente funciona a toda máquina es el Principio de Peter y el mucho menos conocido Principio de Dilbert.
La caída de la profesionalidad -que, además, pagamos usuarios, consumidores y, en definitiva, ciudadanos- no es sino otra particularidad de este sistema neocon que nos corroe y que prostituye el principio de la eficiencia, es decir, el mejor servicio al menor costo, llevándolo al de la simple rentabilidad a corto plazo; para ello no hacen falta profesionales: basta unos que estén ahí y que hagan que la cosa aparente funcionar mientras dé beneficios. Cuando deje de darlos, la cosa, o sea la empresa, siempre podrá ser vendida o podrá adquirir otra que funcione... hasta que, regida de ese modo, deje a su vez de funcionar. En último extremo, las ratas siempre tienen su helicóptero de salvamento para abandonar el barco: se despide a 500 pringados (lo que, inexplicablemente -y de ahí lo absurdo del sistema-, produce un al menos momentáneo incremento del valor de las acciones), se realizan las stock options y aire, a buscar, otra empresa que levantar (porque será ocioso decir que el que paga el pato de la crisis es el imbécil que se quedó atrás, falto de reflejos; o, a lo mejor, en vez del imbécil que se quedó atrás es el verdadero dirigente empresarial que intentó salvar los muebles). Con este panorama, no es extraño que suframos la mierda de servicios que tenemos; si, encima, pensamos en telecos e ISP, el problema nos lleva a las más altas cimas de la miseria.
Lo único que me sorprende, en todo caso, es cómo pueden estos tíos estar echando en falta a unos profesionales que nunca creen haber necesitado.
Yo, por lo menos, nunca se los he visto.
jueves, 18 de enero de 2007
Único testigo
Vaya, por poner un título, que no soy único ni mucho menos. Pero por si las moscas...
Sépase, a beneficio de quien pueda interesar, que esta tarde (siendo el día 18 de enero de 2007) aproximadamente a las 14:50 (tres menos diez) he sido testigo de lo que cabe esperar que no sea más que un pequeño incidente.
Un todo terreno de estos pick up, creo que Nissan pero, en todo caso, muy parecido, dando marcha atrás por una calle peatonal ha golpeado (menos mal que iba muy despacio) a una niña que circulaba tranquilamente por la acera con una amiguita. La niña parecía tener unos nueve años, más o menos, y por sus características parece de origen hispanoamericano. El conductor se ha detenido, no se ha dado a la fuga, menos mal, porque esto de pasar de todo y arrear es como una moda, últimamente. Unas señoras que han presenciado también los hechos se han llevado a las niñas no sé si a su casa o a que la pequeña accidentada fuera explorada por un servicio de urgencias médicas. Aparentemente, la niña no tenía nada; casi ni el susto, pues apenas ha podido darse cuenta de lo que ha sucedido. Mientras escribo estas líneas seguro que ya estará temblando, la pobrecita, bien consciente de lo cerca que ha estado de algo más gordo.
El hecho ha ocurrido en la acera de la calle Bonavista en la confluencia con Ferrer de Blanes. En Barcelona, obviamente. He anotado la matrícula del vehículo.
Si alguna de las partes, quienquiera que sea, y, por supuesto, la justicia, precisan de mi testimonio, me tienen a su disposición. Bastará un mensaje de correo-e a la cuenta que tengo asociada a esta bitácora.
Pero, bueno, espero que todo se haya quedado en nada y que esta noche la pequeña -quizá con la ayuda de una tilita- duerma como un angelito y mañana, en el cole, lo explique a su peña excitadísima de emoción protagonista.
Amén.
Sépase, a beneficio de quien pueda interesar, que esta tarde (siendo el día 18 de enero de 2007) aproximadamente a las 14:50 (tres menos diez) he sido testigo de lo que cabe esperar que no sea más que un pequeño incidente.
Un todo terreno de estos pick up, creo que Nissan pero, en todo caso, muy parecido, dando marcha atrás por una calle peatonal ha golpeado (menos mal que iba muy despacio) a una niña que circulaba tranquilamente por la acera con una amiguita. La niña parecía tener unos nueve años, más o menos, y por sus características parece de origen hispanoamericano. El conductor se ha detenido, no se ha dado a la fuga, menos mal, porque esto de pasar de todo y arrear es como una moda, últimamente. Unas señoras que han presenciado también los hechos se han llevado a las niñas no sé si a su casa o a que la pequeña accidentada fuera explorada por un servicio de urgencias médicas. Aparentemente, la niña no tenía nada; casi ni el susto, pues apenas ha podido darse cuenta de lo que ha sucedido. Mientras escribo estas líneas seguro que ya estará temblando, la pobrecita, bien consciente de lo cerca que ha estado de algo más gordo.
El hecho ha ocurrido en la acera de la calle Bonavista en la confluencia con Ferrer de Blanes. En Barcelona, obviamente. He anotado la matrícula del vehículo.
Si alguna de las partes, quienquiera que sea, y, por supuesto, la justicia, precisan de mi testimonio, me tienen a su disposición. Bastará un mensaje de correo-e a la cuenta que tengo asociada a esta bitácora.
Pero, bueno, espero que todo se haya quedado en nada y que esta noche la pequeña -quizá con la ayuda de una tilita- duerma como un angelito y mañana, en el cole, lo explique a su peña excitadísima de emoción protagonista.
Amén.
Asuntos de familia
De la serie: «Los jueves, paella»
Ayer me contaron un chiste que yo no conocía, aunque supongo que será viejo. Pero es bueno y me sirve de introducción a esta entrada.
Un joven termina el bachillerato y comunica a su padre que no quiere estudiar más. El padre, muy contrariado y decepcionado, acaba cediendo pero anuncia a su hijo que tendrá que ponerse a trabajar porque no quiere ociosos en casa. Como el hombre es muy influyente, se pone a la tarea de buscarle un trabajo a su hijo y, a tal fin, llama a un amigo suyo, preboste de un partido político. El preboste, un tal Manolo, accede encantado:
- No faltaría más. Precisamente tengo disponible una plaza de asesor de gestión hospitalaria en un centro público que, bueno, para empezar no está mal... un sueldo de 9.000 euros mensuales.
- ¡Pero no! -se escandaliza el padre- yo quiero algo mucho más modesto, quiero que empiece desde abajo.
- Bueno -prosigue Manolo- tengo otra cosita de secretario privado de un diputado, el sueldín es de 5.000 euros.
- ¡No, no, Manolo, no! Eso es una burrada. Ten en cuenta que es apenas un crío. Yo lo que quiero es algo muy modesto, algo que más bien le induzca a dejar el trabajo y estudiar. Algo de 600 euros o, a todo estirar, 800 o 900. 1.000, como máximo.
- ¡Uy! Imposible de todo punto...
- ¿Imposible? ¿Por qué?
- Porque para estos cargos, verás... hay que estar muy preparado, hacer oposiciones, tener una carrera, un máster, un curriculum...
[risas... o lágrimas]
Ayer leía sobre carreras que se están, materialmente, abandonando, que tienen problemas graves de falta de alumnos. En algunos casos, lo entiendo; lo entiendo, claro, mirando al mundo, no en términos estrictos: estudiar filología en estos tiempos significa tener vocación de profesor de secundaria y poca cosa más. También se me ocurre que otras carreras son como un calvario: Biología, por ejemplo, en un país que no investiga y que a los pocos que lo hacen los trata a patadas; además, y como consecuencia de ello, es una carrera sin clase media profesional: se salta, sin transición, de los cerebritos verdaderos craks (que son cuatro y el cabo, como es lógico) que encuentran trabajo de lo suyo a la gran masa de licenciados que termina en la policía local o en la Agencia Tributaria (y aún esos son los que tienen suerte). Me sorprende, quizá, la falta de aspirantes a los estudios de Turismo que, en el peor de los casos, siempre dan un papel que colgar en el sector más pujante del país (según cabe suponer, claro: averigua la realidad que quizá nos escondan...). No sorprende tanta apatía: las licenciaturas universitarias están prolijamente nutridas de mileuristas (y, repito, esos son, en general, los que tienen suerte).
Pero está el factor inverso: la escasez de profesionales en muchas especialidades. Por ejemplo, no hace mucho, me explicaba un directivo de una cadena de supermercados que no hay manera de encontrar carniceros y por eso los consumidores vemos tanta oferta de carne fresca en envase de porexpán: los pocos carniceros que hay, me dice, tenemos que concentrarlos y centralizar los servicios de carnicería distribuyendo la mercancía ya cortada y en fracciones de peso estándar. Le contesté -en plan provocador- que no era ningún problema: por mil quinientos euros al mes le traía yo cincuenta carniceros -y de los buenos- en menos de veinticuatro horas. «¡Hombre! -me contestó- cómo vamos a pagar eso por una plaza de carnicero...» ¡Ay, amigo! Quieren buenos profesionales pero pagándolos como mindundis... bueno, bonito y barato, hay que joderse. Además, como si mil quinientos euros mensuales fueran una gran fortuna...
Se pagan fortunas a directivos que son incapaces de encontrar la puerta de salida del retrete (y que en no pocas ocasiones causan más problemas de los que resuelven) pero no se quiere pagar no bien sino decentemente a profesionales solventes. Eso cuando verdaderamente se tira de profesional: en no pocas ocasiones un puesto de trabajo especializado se cubre... eso, se cubre el expediente, y se encomienda a un desgraciado que no sabe hacer la "O" con un canuto. ¿Un ejemplo? Los servicios técnicos de atención al cliente de las telecos y de los ISP.
Hay cosas que las tengo ahí, que las veo y que, con todo, no me las creo.
____________________
Vamos a los idiomas, que esta es otra por donde me van a despellejar tirios y troyanos...
En Catalunya tenemos un privilegio: el bilingüismo; y aún algo mejor, gracias a los matrimonios lingüísticamente mixtos -yo soy hijo de pioneros en este aspecto-, se está dando una figura muy contestada por los lingüistas pero, que les den por el culo, real como la vida misma: el ambilingüismo, es decir, la cualidad de tener dos lenguas maternas. En ambos casos, los dos idiomas en cuestión son, obviamente, el catalán y el castellano. Este privilegio trae, no obstante, algunos inconvenientes: en muchos casos y circunstancias sólo puede utilizarse una lengua y, entonces, los bilingües con dominio materno de la lengua que queda al margen, tienden a rebotarse. Con su razón, claro, pero ya se dice que nunca llueve a gusto de todos. Ahí tenemos el ejemplo de la enseñanza, en la que el uso del catalán como lengua vehicular tanta protesta ha generado (sobre todo fuera de Catalunya, donde el problema no afecta).
También en el aprendizaje académico (vulgo, ortografía, sintaxis y gramática) de esos idiomas hay inconvenientes para todos, bilingües pero, sobre todo, para los ambilingües, a quienes cuesta más diferenciar entre las dos lenguas que en su mente no están jerarquizadas y, por tanto, al serles más difícil disociarlos, tienen que hacer un esfuerzo más importante. Todo eso no obstante, en términos generales, la cuestión se resuelve con el paso del tiempo y los estudiantes catalanes de hoy no son ostensiblemente más burros que sus colegas de la España monolingüe y su pobreza de recursos lingüísticos es penosa en la misma medida: el panorama educativo en Catalunya es igual de deprimente que el que puede darse, por simples ejemplos, desde luego no exhaustivos, en Asturias, en Murcia o en Castilla-León.
Además, igual que al común de los españoles, se añade la lengua extranjera. No voy a rasgarme las vestiduras a estas alturas: la lengua extranjera ha existido siempre en la enseñanza secundaria (media, se decía antes) y ya desde hace muchos años en la primaria. Pero no deja de ser una sobrecarga y más cuando ya se está trabajando, en origen, con dos lenguas: olvidé decir que aunque sólo haya una lengua vehicular en la enseñanza catalana, se enseñan las dos lenguas oficiales; conviene aclararlo porque, a causa de informadores falaces (...bah, no, no pongo un enlace) gran parte de la población española vive convencida de que en Catalunya no se enseña el castellano. Pero, bien, reconozco que no está mal que se imparta en la enseñanza primaria y secundaria una lengua extranjera porque (déjame ser inocentón y panoli) siempre es bueno que la gente conozca, a través de su lengua, alguna cultura extranjera (ahora simulad que no me véis cayéndome de la silla de risa pensando en la cantidad de Shakespeare que leen -ya no en inglés, sino en cualquier lengua- los asnos de nuestros ESOs y de nuestros bachis).
Pues bien: la autoridad -catalana, por supuesto- está estudiando embutir un cuarto idioma. Éramos pocos y parió la abuela. Y nos lo dicen justo el día en que el ínclito Carod-Rovira anuncia un plan para (¿cómo lo dice?) ¿relanzamiento? del catalán. Cuando el catalán será el primer idioma que pagará el pato -en la enseñanza, pero eso sólo para empezar- si meten una cuarta lengua extranjera. Por razones obvias: entre inmigrantes y catalanes con el castellano como idioma materno, si a los niños les meten catalán, castellano, inglés y francés y los chavales no llegan a tanto, ¿cuál será el primer idioma que caerá en el rendimiento escolar? Pues eso. Sin contar con que los tres restantes se hablarán aún peor, y mira que, según están ahora, ya es difícil.
Librame, Señor, de los que me protegen, que de los que me putean ya me cuidaré yo.
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A primeros de noviembre, con ocasión del encuentro nacional de padres del movimiento juvenil en el que están mis hijas, vino un señor que había sido alto cargo de la Comunidad o del Ayuntamiento de Madrid, sociólogo especializado en políticas de infancia y juventud. Se parecía tanto el hombre a Aznar (físicamente) que metía miedo pero, a diferencia del original, no decía burradas. Al contrario, nos iluminó de manera muy juiciosa sobre varias cuestiones.
Una de ellas, era una descripción de las políticas españolas en materia de juventud. Digo políticas porque el hombre se refería tanto a la estatal como a las autonómicas y locales, y digo españolas porque, además de la necesaria incardinación territorial, el gentilicio es un perfecto sinónimo de la realidad, ¿o sea? eso mismo: olor a pies.
Nos describió las políticas europeas y americanas en materia de juventud en contraposición con las políticas mediterráneas, en relación con la fenomenología sociocultural de los distintos países. Y España (también Portugal, Italia y Grecia, faltaría más) destinan recursos auténticamente paupérrimos. No voy a hacer descripciones espectaculares -por más que ciertas- de cómo tiene de subvencionada la vivienda (a veces, hasta su totalidad) un joven estudiante francés, británico o sueco; ni cómo tiene ordenado su acceso al mercado de trabajo ni sus oportunidades de estudios universitarios de segundo y tercer nivel, por sólo poner un par de ejemplos. Mirar a España es llorar, llorar de verdad.
Saliendo de este especialista, leo por ahí políticas de apoyo a la mujer en Alemania o la propia Francia y no olvidemos que, aún en la Europa del siglo XXI, hablar de políticas de apoyo a la mujer es hablar de políticas de apoyo a la familia. Y no tienen nada que ver con las de aquí, donde aún hay que salir a la calle para que se hagan unas pocas -y todavía insuficientes- guarderías infantiles públicas.
Luego nos quejamos del descenso de la natalidad -de la autóctona, claro- porque, donde en el común de Europa no es ninguna alegría, aquí estamos bajo mínimos. Si no fuera una perogrullada (Josu Mezo me perdone) diría que al ritmo que caen nuestros índices pronto habrá que hablar no de hijos por madre sino de madres por hijo (es una licencia: antes de que Josu me asesine con toda justicia, aclaro que en las estadísticas no se habla de madres sino de mujeres en edad fértil).
Eso sí: dedicamos un presupuestazo a que nuestros ancianitos le den correa al negocio turístico en temporada baja. También es casualidad, vaya hombre (qué mal pensado soy: cada día me odio más), que los ancianitos pensionistas sean, en sensible mayoría, votantes del PSOE. Y tener contenta a la patronal del sector turístico no hace ningún daño (y es útil para que cuando manda el PP la agencia estatal de viajes se mantenga activa).
Así funcionan las cosas en nuestro país, a beneficio del cliente. También en políticas sociales.
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Cerramos esto ya hoy y el próximo jueves será 25 y último de enero. Todavía nos saldrían restos de turrón si nos hiciesen la autopsia (previa defunción para la que no hay ninguna prisa, huelga decirlo) y ya nos habremos cargado el primer mes de este séptimo año del XXI. Lo que digo siempre: pasado mañana, Ramos, y en cuatro días, navidades otra vez.
Igual este jueves 25 la gente puede llevar abrigo de pieles y bufanda. Sin hacer el ridículo, quiero decir (llevar abrigo y bufanda ya lo hacen ahora, los muy gilipollas, con temperaturas de 18 y 20 grados al mediodía y de 14 a las diez de la noche). Parece que viene [algo de] frío. Ojalá. Y a ver si nieva; no le tengo ninguna simpatía al sector turístico y menos al de montaña, pero veo venir un panorama de amplias subvenciones -o sea, de dinero de mi bolsillo- para estos tíos si el negocio sigue de capa caída (o de nieve sin caer, vamos). Hoy mismo leía que la cifra de ocupación es del 12 por 100. Por mí, que se jodan; lo malo es que el que se jode soy yo... junto con otro montón de millones de ciudadanos.
A seguir bien (los que puedan).
Ayer me contaron un chiste que yo no conocía, aunque supongo que será viejo. Pero es bueno y me sirve de introducción a esta entrada.
Un joven termina el bachillerato y comunica a su padre que no quiere estudiar más. El padre, muy contrariado y decepcionado, acaba cediendo pero anuncia a su hijo que tendrá que ponerse a trabajar porque no quiere ociosos en casa. Como el hombre es muy influyente, se pone a la tarea de buscarle un trabajo a su hijo y, a tal fin, llama a un amigo suyo, preboste de un partido político. El preboste, un tal Manolo, accede encantado:
- No faltaría más. Precisamente tengo disponible una plaza de asesor de gestión hospitalaria en un centro público que, bueno, para empezar no está mal... un sueldo de 9.000 euros mensuales.
- ¡Pero no! -se escandaliza el padre- yo quiero algo mucho más modesto, quiero que empiece desde abajo.
- Bueno -prosigue Manolo- tengo otra cosita de secretario privado de un diputado, el sueldín es de 5.000 euros.
- ¡No, no, Manolo, no! Eso es una burrada. Ten en cuenta que es apenas un crío. Yo lo que quiero es algo muy modesto, algo que más bien le induzca a dejar el trabajo y estudiar. Algo de 600 euros o, a todo estirar, 800 o 900. 1.000, como máximo.
- ¡Uy! Imposible de todo punto...
- ¿Imposible? ¿Por qué?
- Porque para estos cargos, verás... hay que estar muy preparado, hacer oposiciones, tener una carrera, un máster, un curriculum...
[risas... o lágrimas]
Ayer leía sobre carreras que se están, materialmente, abandonando, que tienen problemas graves de falta de alumnos. En algunos casos, lo entiendo; lo entiendo, claro, mirando al mundo, no en términos estrictos: estudiar filología en estos tiempos significa tener vocación de profesor de secundaria y poca cosa más. También se me ocurre que otras carreras son como un calvario: Biología, por ejemplo, en un país que no investiga y que a los pocos que lo hacen los trata a patadas; además, y como consecuencia de ello, es una carrera sin clase media profesional: se salta, sin transición, de los cerebritos verdaderos craks (que son cuatro y el cabo, como es lógico) que encuentran trabajo de lo suyo a la gran masa de licenciados que termina en la policía local o en la Agencia Tributaria (y aún esos son los que tienen suerte). Me sorprende, quizá, la falta de aspirantes a los estudios de Turismo que, en el peor de los casos, siempre dan un papel que colgar en el sector más pujante del país (según cabe suponer, claro: averigua la realidad que quizá nos escondan...). No sorprende tanta apatía: las licenciaturas universitarias están prolijamente nutridas de mileuristas (y, repito, esos son, en general, los que tienen suerte).
Pero está el factor inverso: la escasez de profesionales en muchas especialidades. Por ejemplo, no hace mucho, me explicaba un directivo de una cadena de supermercados que no hay manera de encontrar carniceros y por eso los consumidores vemos tanta oferta de carne fresca en envase de porexpán: los pocos carniceros que hay, me dice, tenemos que concentrarlos y centralizar los servicios de carnicería distribuyendo la mercancía ya cortada y en fracciones de peso estándar. Le contesté -en plan provocador- que no era ningún problema: por mil quinientos euros al mes le traía yo cincuenta carniceros -y de los buenos- en menos de veinticuatro horas. «¡Hombre! -me contestó- cómo vamos a pagar eso por una plaza de carnicero...» ¡Ay, amigo! Quieren buenos profesionales pero pagándolos como mindundis... bueno, bonito y barato, hay que joderse. Además, como si mil quinientos euros mensuales fueran una gran fortuna...
Se pagan fortunas a directivos que son incapaces de encontrar la puerta de salida del retrete (y que en no pocas ocasiones causan más problemas de los que resuelven) pero no se quiere pagar no bien sino decentemente a profesionales solventes. Eso cuando verdaderamente se tira de profesional: en no pocas ocasiones un puesto de trabajo especializado se cubre... eso, se cubre el expediente, y se encomienda a un desgraciado que no sabe hacer la "O" con un canuto. ¿Un ejemplo? Los servicios técnicos de atención al cliente de las telecos y de los ISP.
Hay cosas que las tengo ahí, que las veo y que, con todo, no me las creo.
Vamos a los idiomas, que esta es otra por donde me van a despellejar tirios y troyanos...
En Catalunya tenemos un privilegio: el bilingüismo; y aún algo mejor, gracias a los matrimonios lingüísticamente mixtos -yo soy hijo de pioneros en este aspecto-, se está dando una figura muy contestada por los lingüistas pero, que les den por el culo, real como la vida misma: el ambilingüismo, es decir, la cualidad de tener dos lenguas maternas. En ambos casos, los dos idiomas en cuestión son, obviamente, el catalán y el castellano. Este privilegio trae, no obstante, algunos inconvenientes: en muchos casos y circunstancias sólo puede utilizarse una lengua y, entonces, los bilingües con dominio materno de la lengua que queda al margen, tienden a rebotarse. Con su razón, claro, pero ya se dice que nunca llueve a gusto de todos. Ahí tenemos el ejemplo de la enseñanza, en la que el uso del catalán como lengua vehicular tanta protesta ha generado (sobre todo fuera de Catalunya, donde el problema no afecta).
También en el aprendizaje académico (vulgo, ortografía, sintaxis y gramática) de esos idiomas hay inconvenientes para todos, bilingües pero, sobre todo, para los ambilingües, a quienes cuesta más diferenciar entre las dos lenguas que en su mente no están jerarquizadas y, por tanto, al serles más difícil disociarlos, tienen que hacer un esfuerzo más importante. Todo eso no obstante, en términos generales, la cuestión se resuelve con el paso del tiempo y los estudiantes catalanes de hoy no son ostensiblemente más burros que sus colegas de la España monolingüe y su pobreza de recursos lingüísticos es penosa en la misma medida: el panorama educativo en Catalunya es igual de deprimente que el que puede darse, por simples ejemplos, desde luego no exhaustivos, en Asturias, en Murcia o en Castilla-León.
Además, igual que al común de los españoles, se añade la lengua extranjera. No voy a rasgarme las vestiduras a estas alturas: la lengua extranjera ha existido siempre en la enseñanza secundaria (media, se decía antes) y ya desde hace muchos años en la primaria. Pero no deja de ser una sobrecarga y más cuando ya se está trabajando, en origen, con dos lenguas: olvidé decir que aunque sólo haya una lengua vehicular en la enseñanza catalana, se enseñan las dos lenguas oficiales; conviene aclararlo porque, a causa de informadores falaces (...bah, no, no pongo un enlace) gran parte de la población española vive convencida de que en Catalunya no se enseña el castellano. Pero, bien, reconozco que no está mal que se imparta en la enseñanza primaria y secundaria una lengua extranjera porque (déjame ser inocentón y panoli) siempre es bueno que la gente conozca, a través de su lengua, alguna cultura extranjera (ahora simulad que no me véis cayéndome de la silla de risa pensando en la cantidad de Shakespeare que leen -ya no en inglés, sino en cualquier lengua- los asnos de nuestros ESOs y de nuestros bachis).
Pues bien: la autoridad -catalana, por supuesto- está estudiando embutir un cuarto idioma. Éramos pocos y parió la abuela. Y nos lo dicen justo el día en que el ínclito Carod-Rovira anuncia un plan para (¿cómo lo dice?) ¿relanzamiento? del catalán. Cuando el catalán será el primer idioma que pagará el pato -en la enseñanza, pero eso sólo para empezar- si meten una cuarta lengua extranjera. Por razones obvias: entre inmigrantes y catalanes con el castellano como idioma materno, si a los niños les meten catalán, castellano, inglés y francés y los chavales no llegan a tanto, ¿cuál será el primer idioma que caerá en el rendimiento escolar? Pues eso. Sin contar con que los tres restantes se hablarán aún peor, y mira que, según están ahora, ya es difícil.
Librame, Señor, de los que me protegen, que de los que me putean ya me cuidaré yo.
A primeros de noviembre, con ocasión del encuentro nacional de padres del movimiento juvenil en el que están mis hijas, vino un señor que había sido alto cargo de la Comunidad o del Ayuntamiento de Madrid, sociólogo especializado en políticas de infancia y juventud. Se parecía tanto el hombre a Aznar (físicamente) que metía miedo pero, a diferencia del original, no decía burradas. Al contrario, nos iluminó de manera muy juiciosa sobre varias cuestiones.
Una de ellas, era una descripción de las políticas españolas en materia de juventud. Digo políticas porque el hombre se refería tanto a la estatal como a las autonómicas y locales, y digo españolas porque, además de la necesaria incardinación territorial, el gentilicio es un perfecto sinónimo de la realidad, ¿o sea? eso mismo: olor a pies.
Nos describió las políticas europeas y americanas en materia de juventud en contraposición con las políticas mediterráneas, en relación con la fenomenología sociocultural de los distintos países. Y España (también Portugal, Italia y Grecia, faltaría más) destinan recursos auténticamente paupérrimos. No voy a hacer descripciones espectaculares -por más que ciertas- de cómo tiene de subvencionada la vivienda (a veces, hasta su totalidad) un joven estudiante francés, británico o sueco; ni cómo tiene ordenado su acceso al mercado de trabajo ni sus oportunidades de estudios universitarios de segundo y tercer nivel, por sólo poner un par de ejemplos. Mirar a España es llorar, llorar de verdad.
Saliendo de este especialista, leo por ahí políticas de apoyo a la mujer en Alemania o la propia Francia y no olvidemos que, aún en la Europa del siglo XXI, hablar de políticas de apoyo a la mujer es hablar de políticas de apoyo a la familia. Y no tienen nada que ver con las de aquí, donde aún hay que salir a la calle para que se hagan unas pocas -y todavía insuficientes- guarderías infantiles públicas.
Luego nos quejamos del descenso de la natalidad -de la autóctona, claro- porque, donde en el común de Europa no es ninguna alegría, aquí estamos bajo mínimos. Si no fuera una perogrullada (Josu Mezo me perdone) diría que al ritmo que caen nuestros índices pronto habrá que hablar no de hijos por madre sino de madres por hijo (es una licencia: antes de que Josu me asesine con toda justicia, aclaro que en las estadísticas no se habla de madres sino de mujeres en edad fértil).
Eso sí: dedicamos un presupuestazo a que nuestros ancianitos le den correa al negocio turístico en temporada baja. También es casualidad, vaya hombre (qué mal pensado soy: cada día me odio más), que los ancianitos pensionistas sean, en sensible mayoría, votantes del PSOE. Y tener contenta a la patronal del sector turístico no hace ningún daño (y es útil para que cuando manda el PP la agencia estatal de viajes se mantenga activa).
Así funcionan las cosas en nuestro país, a beneficio del cliente. También en políticas sociales.
Cerramos esto ya hoy y el próximo jueves será 25 y último de enero. Todavía nos saldrían restos de turrón si nos hiciesen la autopsia (previa defunción para la que no hay ninguna prisa, huelga decirlo) y ya nos habremos cargado el primer mes de este séptimo año del XXI. Lo que digo siempre: pasado mañana, Ramos, y en cuatro días, navidades otra vez.
Igual este jueves 25 la gente puede llevar abrigo de pieles y bufanda. Sin hacer el ridículo, quiero decir (llevar abrigo y bufanda ya lo hacen ahora, los muy gilipollas, con temperaturas de 18 y 20 grados al mediodía y de 14 a las diez de la noche). Parece que viene [algo de] frío. Ojalá. Y a ver si nieva; no le tengo ninguna simpatía al sector turístico y menos al de montaña, pero veo venir un panorama de amplias subvenciones -o sea, de dinero de mi bolsillo- para estos tíos si el negocio sigue de capa caída (o de nieve sin caer, vamos). Hoy mismo leía que la cifra de ocupación es del 12 por 100. Por mí, que se jodan; lo malo es que el que se jode soy yo... junto con otro montón de millones de ciudadanos.
A seguir bien (los que puedan).
miércoles, 17 de enero de 2007
Estupefacientes
De la serie: «Correo ordinario»
Llevamos unos días con un importante show mediático -en red y fuera de ella- alrededor del nuevo juguete de don Steve Jobs -el de Apple que ya no es Computers-, el iPhone, algo que se supone que es el no va más, el acabóse, el sursum corda y la Biblia en pasta y así, por lo que llevo leído, resulta que es un terminal de telefonía móvil que reúne, además, todas las virtudes del exitosísimo iPod y que, como todo lo que hace Apple, las cosas como son, tiene un diseño avanzado y, salvando gustos, estupendo, realmente muy bonito.
Es, desde luego, una noticia de cierto alcance para los supertecnómanos, para geeks siempre deseosos de ir a la última en materia de maquinaria, pero no parece que debiera tener, para la gente, en general, tanta trascendencia como se pretende darle.
A veces -y por más que a mí me gusten mucho los trastitos, pero sin exagerar- me acomete con estas cosas una sensación de demasía. Es verdad que los ciudadanos occidentales no somos nada sobrios en materia de consumo y tardamos poco en convertir en necesarias las mayores tonterías, pero una cosa es tolerarse una pequeña locura de vez en cuando y otra vivir en una espiral que obliga, por ejemplo, a cambiarse el ordenador cada seis meses -conozco casos, y no pocos- para poder correr los últimos juegos (los juegos son tremendamente exigentes con los ordenadores). Las videoconsolas han moderado un poco tanta compulsión por el ordenador, aunque, de hecho, sólo la han desviado hacia ellas.
Y hay mucha gente que vive así, por lo menos en lo referente a algún aparato concreto. En España, imagino que será mayoritariamente -masivamente- el móvil, seguido de cerca por el reproductor MP3, ambos por delante -imagino- del televisor, que seguro que sigue sin ser manco; por eso auguro al iPhone un seguro éxito en España. Pero digo «éxito» como concepto opuesto al fracaso, no necesariamente como un éxito en sentido estricto. Los españoles somos europeos extremistas y extremados. Decía Foxá que los españoles siempre vamos detrás de los curas: con un cirio o con un palo. Y así somos con todo: del más nauseabundo subdesarrollo mental felipesegundesco, pasamos en un decenio a ser más progres que los suecos; de amargarle la vida hasta el suicidio al homosexual del ático (¡marica! ¡bujarrón! ¡que la mamas de canto!) a proclamarlo ser humano portador de las máximas virtudes y feliz galardonado por los hados con una orientación sexual privilegiada; de considerar el móvil como un atributo de pijos (cosa que efectivamente fue, en un primer momento) a tenerlo hasta la señora de la limpieza. Y los españoles somos, además, compulsivos: lo que queremos, lo queremos YA. Por eso nunca me canso de decir que, sin unas estructuras logísticas acabadísimas y de una eficiencia inusitada, el comercio electrónico nunca acabará de funcionar, ni por activa ni por pasiva.
Parece que habrá de transcurrir todo este 2007 para que el iPhone llegue a manos hispanas. Qué largo me lo fiáis. En ese tiempo, nuestra ansiedad consumista -la demanda tira que se las pela- habrá provocado mucha y probablemente buena oferta; se habla mucho de los iPods, pero no se habla tanto -y hay para hacerlo- de sus imitaciones y sucedáneos, que proliferan como las setas en otoño; le puede pasar lo mismo al iPhone. Ahora mismo, al socaire de la presentación del nuevo vehículo de Fórmula 1 que pilotará nuestro Alonsísimo, la compañía Vodafone, patrocinadora de la escudería, ha lanzado tres modelos de terminal bajo la gama genérica Vodafone McLaren Mercedes con un diseño en la línea del bólido. Por cierto, muy bonitos ambos, los terminales y el bólido. ¿Habrá gente que se cambiará de operador de telefonía móvil para hacerse con uno de estos aparatos? Seguro. Y seguro que no poca. ¿Habrá gente que adelantará un cambio de terminal que tenía previsto para dentro de un año, quizá, para hacerse ya con una de estas preciosidades? Seguro también. Y seguro que muchísima. ¿Habrá incluso gente que, habiendo estrenado un terminal recientemente, se lance a adquirir un hermoso Vodafone McLaren Mercedes? No menos seguro, aunque imagino -espero- que no será tanta como en los otros dos casos.
En el ínterin, otros fabricantes -y ojo, que en telefonía los hay muy buenos- irán comercializando aparatos atractivos (los operadores tirarán con fuerza en este sentido) e iPhone puede llegar a estos pagos y encontrarse con un mercado bastante desinflado aunque, en la medida en que el trasto resulte carísimo -como todo lo que hace Apple, con computer o sin computer-, siempre tendrá un fondo de incondicionales de lo exclusivo que le garantizará un buen puñado de ventas. Aquí, de lo único que vamos sobrados -además de hijos de puta- es de eso, de sobrados...
Pero bueno, todo eso son elucubraciones comerciales que a mí no me van ni me vienen: ya se apañará Apple, ya se apañarán las operadoras y ya se apañarán los demás fabricantes.
Lo que me importa, para el caso, es esa desagradable sensación de entusiasmo generalizado ante lo que, en definitiva, no es más que un juguete, entendiendo como tal el hecho de que no va a ser adquirido principalmente por su utilidad sino como signo externo de algo que va más allá de la herramienta, del utensilio. Puedo comprender, por ejemplo, la atención que se le presta a Window$ Vi$ta: después de todo es un sistema operativo nuevo cuyas [ficticias] promesas afectan a espacios comerciales, industriales y de trabajo muy serios; además, como va a poder ser adquirido gratis fácilmente (vía piratería), no constituye etiqueta de exclusividad social: cualquier pelagatos puede tenerlo y, de hecho, todos los pelagatos lo tendrán. En este aspecto, es curioso, confiere más exclusividad Linux, tan gratuito -legalmente, en este caso- como W$ pero que otorga a sus usuarios una aureola de usuario experto tan grande como -por suerte- progresivamente injustificada (cada vez es menos necesario ser usuario experto para manejar Linux. Puedo comprender también que el SMP, el sistema múltiple de procesamiento (Intel Core Duo, para entendernos), levante una fuerte espectación porque afecta directamente al rendimiento de la maquinaria que ya se está vendiendo y eso son cifras de costes y beneficios que afectan a las empresas, a sus rendimientos y, por ende, a sus trabajadores y demás profesionales.
Puedo comprender muchas cosas. De hecho, también comprendo esta locura geek en el contexto que vivimos de bulimia consumista que no hay carestía hipotecaria ni tipos de interés usurarios que puedan detener. Más comprensible todavía si consideramos que se trata de un aparato básicamente lúdico y que la gente está -estamos- siendo masivamente empujada al ocio como anestesia de las putadas que nos propinan, una tras otra, incesantemente. Lo decían los romanos: panem et circenses. Pero estos listos de ahora, han descubierto que con el circenses es más que suficiente.
Droga dura barata y sin coste para el sistema sanitario.
Llevamos unos días con un importante show mediático -en red y fuera de ella- alrededor del nuevo juguete de don Steve Jobs -el de Apple que ya no es Computers-, el iPhone, algo que se supone que es el no va más, el acabóse, el sursum corda y la Biblia en pasta y así, por lo que llevo leído, resulta que es un terminal de telefonía móvil que reúne, además, todas las virtudes del exitosísimo iPod y que, como todo lo que hace Apple, las cosas como son, tiene un diseño avanzado y, salvando gustos, estupendo, realmente muy bonito.
Es, desde luego, una noticia de cierto alcance para los supertecnómanos, para geeks siempre deseosos de ir a la última en materia de maquinaria, pero no parece que debiera tener, para la gente, en general, tanta trascendencia como se pretende darle.
A veces -y por más que a mí me gusten mucho los trastitos, pero sin exagerar- me acomete con estas cosas una sensación de demasía. Es verdad que los ciudadanos occidentales no somos nada sobrios en materia de consumo y tardamos poco en convertir en necesarias las mayores tonterías, pero una cosa es tolerarse una pequeña locura de vez en cuando y otra vivir en una espiral que obliga, por ejemplo, a cambiarse el ordenador cada seis meses -conozco casos, y no pocos- para poder correr los últimos juegos (los juegos son tremendamente exigentes con los ordenadores). Las videoconsolas han moderado un poco tanta compulsión por el ordenador, aunque, de hecho, sólo la han desviado hacia ellas.
Y hay mucha gente que vive así, por lo menos en lo referente a algún aparato concreto. En España, imagino que será mayoritariamente -masivamente- el móvil, seguido de cerca por el reproductor MP3, ambos por delante -imagino- del televisor, que seguro que sigue sin ser manco; por eso auguro al iPhone un seguro éxito en España. Pero digo «éxito» como concepto opuesto al fracaso, no necesariamente como un éxito en sentido estricto. Los españoles somos europeos extremistas y extremados. Decía Foxá que los españoles siempre vamos detrás de los curas: con un cirio o con un palo. Y así somos con todo: del más nauseabundo subdesarrollo mental felipesegundesco, pasamos en un decenio a ser más progres que los suecos; de amargarle la vida hasta el suicidio al homosexual del ático (¡marica! ¡bujarrón! ¡que la mamas de canto!) a proclamarlo ser humano portador de las máximas virtudes y feliz galardonado por los hados con una orientación sexual privilegiada; de considerar el móvil como un atributo de pijos (cosa que efectivamente fue, en un primer momento) a tenerlo hasta la señora de la limpieza. Y los españoles somos, además, compulsivos: lo que queremos, lo queremos YA. Por eso nunca me canso de decir que, sin unas estructuras logísticas acabadísimas y de una eficiencia inusitada, el comercio electrónico nunca acabará de funcionar, ni por activa ni por pasiva.
Parece que habrá de transcurrir todo este 2007 para que el iPhone llegue a manos hispanas. Qué largo me lo fiáis. En ese tiempo, nuestra ansiedad consumista -la demanda tira que se las pela- habrá provocado mucha y probablemente buena oferta; se habla mucho de los iPods, pero no se habla tanto -y hay para hacerlo- de sus imitaciones y sucedáneos, que proliferan como las setas en otoño; le puede pasar lo mismo al iPhone. Ahora mismo, al socaire de la presentación del nuevo vehículo de Fórmula 1 que pilotará nuestro Alonsísimo, la compañía Vodafone, patrocinadora de la escudería, ha lanzado tres modelos de terminal bajo la gama genérica Vodafone McLaren Mercedes con un diseño en la línea del bólido. Por cierto, muy bonitos ambos, los terminales y el bólido. ¿Habrá gente que se cambiará de operador de telefonía móvil para hacerse con uno de estos aparatos? Seguro. Y seguro que no poca. ¿Habrá gente que adelantará un cambio de terminal que tenía previsto para dentro de un año, quizá, para hacerse ya con una de estas preciosidades? Seguro también. Y seguro que muchísima. ¿Habrá incluso gente que, habiendo estrenado un terminal recientemente, se lance a adquirir un hermoso Vodafone McLaren Mercedes? No menos seguro, aunque imagino -espero- que no será tanta como en los otros dos casos.
En el ínterin, otros fabricantes -y ojo, que en telefonía los hay muy buenos- irán comercializando aparatos atractivos (los operadores tirarán con fuerza en este sentido) e iPhone puede llegar a estos pagos y encontrarse con un mercado bastante desinflado aunque, en la medida en que el trasto resulte carísimo -como todo lo que hace Apple, con computer o sin computer-, siempre tendrá un fondo de incondicionales de lo exclusivo que le garantizará un buen puñado de ventas. Aquí, de lo único que vamos sobrados -además de hijos de puta- es de eso, de sobrados...
Pero bueno, todo eso son elucubraciones comerciales que a mí no me van ni me vienen: ya se apañará Apple, ya se apañarán las operadoras y ya se apañarán los demás fabricantes.
Lo que me importa, para el caso, es esa desagradable sensación de entusiasmo generalizado ante lo que, en definitiva, no es más que un juguete, entendiendo como tal el hecho de que no va a ser adquirido principalmente por su utilidad sino como signo externo de algo que va más allá de la herramienta, del utensilio. Puedo comprender, por ejemplo, la atención que se le presta a Window$ Vi$ta: después de todo es un sistema operativo nuevo cuyas [ficticias] promesas afectan a espacios comerciales, industriales y de trabajo muy serios; además, como va a poder ser adquirido gratis fácilmente (vía piratería), no constituye etiqueta de exclusividad social: cualquier pelagatos puede tenerlo y, de hecho, todos los pelagatos lo tendrán. En este aspecto, es curioso, confiere más exclusividad Linux, tan gratuito -legalmente, en este caso- como W$ pero que otorga a sus usuarios una aureola de usuario experto tan grande como -por suerte- progresivamente injustificada (cada vez es menos necesario ser usuario experto para manejar Linux. Puedo comprender también que el SMP, el sistema múltiple de procesamiento (Intel Core Duo, para entendernos), levante una fuerte espectación porque afecta directamente al rendimiento de la maquinaria que ya se está vendiendo y eso son cifras de costes y beneficios que afectan a las empresas, a sus rendimientos y, por ende, a sus trabajadores y demás profesionales.
Puedo comprender muchas cosas. De hecho, también comprendo esta locura geek en el contexto que vivimos de bulimia consumista que no hay carestía hipotecaria ni tipos de interés usurarios que puedan detener. Más comprensible todavía si consideramos que se trata de un aparato básicamente lúdico y que la gente está -estamos- siendo masivamente empujada al ocio como anestesia de las putadas que nos propinan, una tras otra, incesantemente. Lo decían los romanos: panem et circenses. Pero estos listos de ahora, han descubierto que con el circenses es más que suficiente.
Droga dura barata y sin coste para el sistema sanitario.
lunes, 15 de enero de 2007
Pelotazo, listos... ¡ya!
De la serie: «Pequeños bocaditos»
Algunos de mis más viejos bravos recordarán la guerra de los trabajadores de MENASA para salvar la empresa, que se prolongó desde julio del 2005 hasta el final de la primavera de 2006. Todo un año aguantando mecha para salvar una empresa viable que querían liquidar para dar un pelotazo inmobiliario. El Ayuntamiento de Langreo dijo que nones, que jamás recalificaría los terrenos de MENASA.
Pero antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
He aquí como queda todo atado y bien atado.
Algunos de mis más viejos bravos recordarán la guerra de los trabajadores de MENASA para salvar la empresa, que se prolongó desde julio del 2005 hasta el final de la primavera de 2006. Todo un año aguantando mecha para salvar una empresa viable que querían liquidar para dar un pelotazo inmobiliario. El Ayuntamiento de Langreo dijo que nones, que jamás recalificaría los terrenos de MENASA.
Pero antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
He aquí como queda todo atado y bien atado.
Red para todos
De la serie: «Correo ordinario»
Al conjuro de la ominosa palabra (¡¡Censura!!) saltamos prestos de nuestros asientos dispuestos a habérnoslas con quien haga falta y poner como chupa de dómine a gobernantes, a empresarios y a factótum de ambos. Y hacemos bien, por supuesto. La libertad de expresión es un concepto universal, no hay una libertad de expresión más válida fuera de la red y otra libertad de expresión de menor cuantía dentro de la red y, por tanto, debemos estar siempre alerta y ser muy sensibles ante cualquier agresión que, en esta materia -y, de hecho, en cualquier otra-, se produzca contra Internet. Le tienen muchas ganas. Y si algo positivo tiene su ignorancia es que, si en un momento dado hubieran sabido lo que la red iba a suponer, a estas alturas no existiría o existiría de una manera muy diferente. Negativamente diferente, por supuesto. Como el mal ya está hecho, intentan reconducirla a ese modelo ideal que no supieron establecer en su momento.
Clamamos -como debe ser- contra la abyección de cubanos y chinos o contra los intentos de gente como Bush o como Zapatero -siempre, claro está, con sus correspondientes adláteres y turiferarios- sobre todo porque la razón de la censura obedece, en todos esos casos, a razones políticas o incluso a inconfesables y oscuros intereses más que nada económicos.
Pero solemos olvidar que la red es un fenómeno más de la globalización (quizá incluso forme parte de sus causas y, en todo caso, la forma de sus instrumentos) y que la globalización es algo que tiene muchos claroscuros. No voy a entrar ahora en discursos como los de Oxfam o los de ATTAC (con los que no me importa nada reconocer que comulgo en importante parte) pero en materia cultural -cultural en grande, no estoy hablando de las piojeces de los de la sopa boba- quizá sí que la red podría conllevar elementos negativos si no aprende a autorregularse.
Me viene esta reflexión a que he leido hoy que en la India hay la gran bronca con YouTube a cuenta de una parodia de Ghandi. Yo, personalmente, tengo muchas críticas hacia Ghandi y no tengo tan claro que fuera el gran benefactor de la India; en todo caso, es un personaje histórico, de carácter político, y, por ello, sujeto a crítica y sujeto también a caricatura, como todo personaje público. Pero, claro, esto lo digo yo como occidental, como ser nacido, desarrollado e inmerso en una determinada cultura que sustenta unos determinados valores. ¿Qué ocurre cuando los valores son otros e, incluso, son contrapuestos e incompatibles? ¿Qué ocurre cuando son compartibles por gentes de diferente cultura, como, por ejemplo, cuando proceden de una religión o de la religión en general?
Nos pusimos como motos con el asunto de las caricaturas de Mahoma, clamando por nuestro occidentalísimo derecho de caricaturizar a quien nos dé la gana; pero... ¿el mundo islámico montó la gran bronca porque una revista danesa publicó esas caricaturas o la montó porque esas caricaturas circularon -obviamente, a toda velocidad- a través de Internet y, consecuentemente, llegaron a sus países? Internet es el conocimiento universal abierto a todos pero... ¿todo el mundo tiene la obligación de soportar todo el conocimiento que se le quiere hacer llegar? ¿No cabría hablar -pregunto, solamente- de una suerte de spam del conocimiento?
Las sociedades occidentales aceptamos -y no unánimemente, ojo- el desnudo femenino en las publicaciones en papel o digitales; ni siquiera nuestros menores se escandalizan por ver a un señor o a una señora desnudos ni sus padres tratamos de impedir que lo vean (siempre que, dentro de la circunstancia gráfica, no haya un plus de procacidad que cambie la cosa); en otras culturas -la musulmana, desde luego, pero creo que no es la única- el simple desnudo, sin más, ya es pornografía pura y dura. Y les llega a casa mismo a través de Internet, a través de los canales de televisión vía satélite, a través, incluso, de la telefonía móvil; a ningún padre occidental le haría ninguna gracia que sus hijos vieran pornografía a edades tempranas: en la cultura islámica, esa posibilidad no es un simple problema, es un sacrilegio o algo parecido.
¿Y no tienen -sigo preguntando- su derecho a pensar y a conducirse así, tanto más que se trata de ideas comúnmente aceptadas en esas sociedades?
La globalización no tiene fronteras, pero las culturas sí, y eso trae consigo un problema que hay que afrontar.
Yo, por ejemplo, me cabreo y me indigno cuando veo en Barcelona (o en Madrid, o en Oviedo... o en Roma, o en París...) a una señora con un trapo en la cabeza. Me cabreo y me indigno porque es -en nuestros términos y modo de vida- anticultural, por tratarse de un signo de sometimiento no a una deidad sino al hombre, una señal de ciudadanía -o de entidad social- secundaria, algo que en nuestros parámetros occidentales está fuera de lugar (aunque quizá no tanto como quisiéramos o como debiéramos, pero ese es otro discurso). Pero... ¿y en su tierra? ¿No tienen derecho a sus propias costumbres y a sus propias creencias sin ser molestados en ellas? Precisamente escribiendo estas líneas me entero de que el ministro de Justicia, López Aguilar, ha suspendido una conferencia que tenía que dar en una universidad árabe porque no permitían la entrada al acto a cuatro periodistas españolas; obviamente, la prohibición era por mujeres, no por españolas. Y me pregunto -me pregunto por afán de saber, de aclarar conceptos, no con sarcasmo- si hay valores vigentes para todo el orbe y valores que sólo son de aplicación en territorios determinados y, en su caso cuáles serían esos valores universales irrenunciables para todos en todo lugar y en todo momento que permitirían a un ministro cometer lo que en ciertas circunstancias -estas podrían serlo o no- constituiría una grosería enorme.
Internet es de todos y para todos. Pero los valores en los que se basa su existencia son de origen occidental y los occidentales parecemos habernos arrogado la función de decidir qué valores son válidos y cuáles no lo son en y para todo el orbe terráqueo. ¿Tenemos ese derecho? No lo sé.
Creo que nos asiste la razón cuando protestamos por la censura -en red y fuera de ella- de dictaduras como la cubana o la china y creo que nos asiste la razón porque se trata de regímenes políticos que ejercen la censura para protegerse de su propio pueblo, no por una cuestión cultural. En los países musulmanes, ciertas cosas que circulan por Internet, por los satélites de televisión o por la red telefónica son censurables no por razones de dictadura política (que también las sufren, la mayoría de ellos) sino por razones de creencias y de cultura generalmente asumidas por todas sus capas sociales.
En fin, dejo ahí la cuestión por si mis lectores quieren debatirla, pero el debate habría de ir más allá -muchísimo más allá- de este modesto espacio. La red tiene que ser un bien para todos y lo que es bueno para uno, solamente uno puede decidirlo. Hay que lograr un acuerdo para intentar impedir que exista un estado de agravio generalizado por parte de alguna comunidad porque, de otra forma, Internet generará grandes masas de enemigos y eso tampoco es bueno.
Creo en la autorregulación; también creo que los que sostienen cualesquiera ideas deben hacer un esfuerzo doctrinal para flexibilizarlas y ampliar su campo de visión y de comprensión. También hoy leía por alguna parte que dos personas pueden tener sueños distintos -incluso opuestos- compartiendo la misma cama. Nuestra cama presencial es el mundo; nuestra cama virtual -pero no menos real- es la red y otras TIC; debemos, pues, hacer que esa cama sea un mueble apto y cómodo... para todos.
¿Seríamos capaces de demostrar que la ciudadanía en red puede llegar -incluso a nivel mundial- más lejos de lo que podrían soñar (y mucho menos, intentar) todos los políticos juntos?
Voy a creer que si. Y a ver qué dice el paso del tiempo...
Al conjuro de la ominosa palabra (¡¡Censura!!) saltamos prestos de nuestros asientos dispuestos a habérnoslas con quien haga falta y poner como chupa de dómine a gobernantes, a empresarios y a factótum de ambos. Y hacemos bien, por supuesto. La libertad de expresión es un concepto universal, no hay una libertad de expresión más válida fuera de la red y otra libertad de expresión de menor cuantía dentro de la red y, por tanto, debemos estar siempre alerta y ser muy sensibles ante cualquier agresión que, en esta materia -y, de hecho, en cualquier otra-, se produzca contra Internet. Le tienen muchas ganas. Y si algo positivo tiene su ignorancia es que, si en un momento dado hubieran sabido lo que la red iba a suponer, a estas alturas no existiría o existiría de una manera muy diferente. Negativamente diferente, por supuesto. Como el mal ya está hecho, intentan reconducirla a ese modelo ideal que no supieron establecer en su momento.
Clamamos -como debe ser- contra la abyección de cubanos y chinos o contra los intentos de gente como Bush o como Zapatero -siempre, claro está, con sus correspondientes adláteres y turiferarios- sobre todo porque la razón de la censura obedece, en todos esos casos, a razones políticas o incluso a inconfesables y oscuros intereses más que nada económicos.
Pero solemos olvidar que la red es un fenómeno más de la globalización (quizá incluso forme parte de sus causas y, en todo caso, la forma de sus instrumentos) y que la globalización es algo que tiene muchos claroscuros. No voy a entrar ahora en discursos como los de Oxfam o los de ATTAC (con los que no me importa nada reconocer que comulgo en importante parte) pero en materia cultural -cultural en grande, no estoy hablando de las piojeces de los de la sopa boba- quizá sí que la red podría conllevar elementos negativos si no aprende a autorregularse.
Me viene esta reflexión a que he leido hoy que en la India hay la gran bronca con YouTube a cuenta de una parodia de Ghandi. Yo, personalmente, tengo muchas críticas hacia Ghandi y no tengo tan claro que fuera el gran benefactor de la India; en todo caso, es un personaje histórico, de carácter político, y, por ello, sujeto a crítica y sujeto también a caricatura, como todo personaje público. Pero, claro, esto lo digo yo como occidental, como ser nacido, desarrollado e inmerso en una determinada cultura que sustenta unos determinados valores. ¿Qué ocurre cuando los valores son otros e, incluso, son contrapuestos e incompatibles? ¿Qué ocurre cuando son compartibles por gentes de diferente cultura, como, por ejemplo, cuando proceden de una religión o de la religión en general?
Nos pusimos como motos con el asunto de las caricaturas de Mahoma, clamando por nuestro occidentalísimo derecho de caricaturizar a quien nos dé la gana; pero... ¿el mundo islámico montó la gran bronca porque una revista danesa publicó esas caricaturas o la montó porque esas caricaturas circularon -obviamente, a toda velocidad- a través de Internet y, consecuentemente, llegaron a sus países? Internet es el conocimiento universal abierto a todos pero... ¿todo el mundo tiene la obligación de soportar todo el conocimiento que se le quiere hacer llegar? ¿No cabría hablar -pregunto, solamente- de una suerte de spam del conocimiento?
Las sociedades occidentales aceptamos -y no unánimemente, ojo- el desnudo femenino en las publicaciones en papel o digitales; ni siquiera nuestros menores se escandalizan por ver a un señor o a una señora desnudos ni sus padres tratamos de impedir que lo vean (siempre que, dentro de la circunstancia gráfica, no haya un plus de procacidad que cambie la cosa); en otras culturas -la musulmana, desde luego, pero creo que no es la única- el simple desnudo, sin más, ya es pornografía pura y dura. Y les llega a casa mismo a través de Internet, a través de los canales de televisión vía satélite, a través, incluso, de la telefonía móvil; a ningún padre occidental le haría ninguna gracia que sus hijos vieran pornografía a edades tempranas: en la cultura islámica, esa posibilidad no es un simple problema, es un sacrilegio o algo parecido.
¿Y no tienen -sigo preguntando- su derecho a pensar y a conducirse así, tanto más que se trata de ideas comúnmente aceptadas en esas sociedades?
La globalización no tiene fronteras, pero las culturas sí, y eso trae consigo un problema que hay que afrontar.
Yo, por ejemplo, me cabreo y me indigno cuando veo en Barcelona (o en Madrid, o en Oviedo... o en Roma, o en París...) a una señora con un trapo en la cabeza. Me cabreo y me indigno porque es -en nuestros términos y modo de vida- anticultural, por tratarse de un signo de sometimiento no a una deidad sino al hombre, una señal de ciudadanía -o de entidad social- secundaria, algo que en nuestros parámetros occidentales está fuera de lugar (aunque quizá no tanto como quisiéramos o como debiéramos, pero ese es otro discurso). Pero... ¿y en su tierra? ¿No tienen derecho a sus propias costumbres y a sus propias creencias sin ser molestados en ellas? Precisamente escribiendo estas líneas me entero de que el ministro de Justicia, López Aguilar, ha suspendido una conferencia que tenía que dar en una universidad árabe porque no permitían la entrada al acto a cuatro periodistas españolas; obviamente, la prohibición era por mujeres, no por españolas. Y me pregunto -me pregunto por afán de saber, de aclarar conceptos, no con sarcasmo- si hay valores vigentes para todo el orbe y valores que sólo son de aplicación en territorios determinados y, en su caso cuáles serían esos valores universales irrenunciables para todos en todo lugar y en todo momento que permitirían a un ministro cometer lo que en ciertas circunstancias -estas podrían serlo o no- constituiría una grosería enorme.
Internet es de todos y para todos. Pero los valores en los que se basa su existencia son de origen occidental y los occidentales parecemos habernos arrogado la función de decidir qué valores son válidos y cuáles no lo son en y para todo el orbe terráqueo. ¿Tenemos ese derecho? No lo sé.
Creo que nos asiste la razón cuando protestamos por la censura -en red y fuera de ella- de dictaduras como la cubana o la china y creo que nos asiste la razón porque se trata de regímenes políticos que ejercen la censura para protegerse de su propio pueblo, no por una cuestión cultural. En los países musulmanes, ciertas cosas que circulan por Internet, por los satélites de televisión o por la red telefónica son censurables no por razones de dictadura política (que también las sufren, la mayoría de ellos) sino por razones de creencias y de cultura generalmente asumidas por todas sus capas sociales.
En fin, dejo ahí la cuestión por si mis lectores quieren debatirla, pero el debate habría de ir más allá -muchísimo más allá- de este modesto espacio. La red tiene que ser un bien para todos y lo que es bueno para uno, solamente uno puede decidirlo. Hay que lograr un acuerdo para intentar impedir que exista un estado de agravio generalizado por parte de alguna comunidad porque, de otra forma, Internet generará grandes masas de enemigos y eso tampoco es bueno.
Creo en la autorregulación; también creo que los que sostienen cualesquiera ideas deben hacer un esfuerzo doctrinal para flexibilizarlas y ampliar su campo de visión y de comprensión. También hoy leía por alguna parte que dos personas pueden tener sueños distintos -incluso opuestos- compartiendo la misma cama. Nuestra cama presencial es el mundo; nuestra cama virtual -pero no menos real- es la red y otras TIC; debemos, pues, hacer que esa cama sea un mueble apto y cómodo... para todos.
¿Seríamos capaces de demostrar que la ciudadanía en red puede llegar -incluso a nivel mundial- más lejos de lo que podrían soñar (y mucho menos, intentar) todos los políticos juntos?
Voy a creer que si. Y a ver qué dice el paso del tiempo...
domingo, 14 de enero de 2007
Sentimientos y trapitos
De la serie. «Pequeños bocaditos»
Llevo ya mucho tiempo observando un fenómeno curioso -y quizá indeseable- como consecuencia de la apropiación partidista de símbolos que son comunes, que son de todos. He vuelto a ver -de lejos, claro, vivo en Barcelona- este fenómeno reproducido en la manifestación anti-ETA que ayer se llevó a cabo en Madrid: el uso de símbolos cuyo significado no se pretendería que fuera el estricto sino que se exhiben como una alternativa para significar lo que en su origen -ahora bastardeado- fue el símbolo genuino. Me refiero a la proliferación de banderas republicanas que se observa últimamente en manifestaciones masivas no convocadas ni monopolizadas por la derecha.
La manifestación de ayer en Madrid reunió, según cifras bastante unánimes, a unas 175.000 personas y, en medio de ese gentío, brillaba por su casi total ausencia la bandera española. La bandera española oficial, quiero decir, la rojigualda; en cambio, como destaca «Libertad Digital» (obviamente rasgándose las vestiduras), proliferaron las republicanas.
¿Era, propiamente hablando, republicano todo ese personal? Yo creo que no. Es verdad que la monarquía nunca ha sido aquí tan popular como se ha pretendido (al contrario, creo que los monárquicos son una exigua y polvorienta minoría) pero que tampoco existe un sentimiento republicano fuerte, serio y mucho menos estructurado; todavía habran de pasar años para que la palabra república no suponga reminiscencias traumáticas en ningún sentido, hasta que sea adulta la actual generación de escolares y eso sólo si conseguimos amordazar de una puta vez a los cabrones de todo bando e ideología que no callan ni acaban ya con la jodida guerra civil. Por lo demás, la inmensa mayoría de ciudadanos no tiene ganas de líos y aunque no trague a la vigente corona, si su sustitución por un régimen republicano ha de suponer algún riesgo para la molicie en que vive, mejor no meneallo. Y, sin embargo, banderas republicanas a manta en cualquier manifestación...
La clave me la dieron hace tiempo unos muchachos jóvenes, creo recordar que en Asturias: les gustaba ostentar su españolidad -me dijeron- pero no podían con la bandera facha. Ciertos son los toros. La bandera rojigualda tiene el sambenito de haber sido la bandera del franquismo y eso fue un problema cuando lo de ahora tuvo que mantenerla, por más que le cambiara el escudo y por más que se insistiera en que su implantación como bandera nacional fuera muy anterior al franquismo (de hecho, la bandera republicana sólo fue la nacional durante la II República, pues la Primera no cambió los colores monárquicos); por si fuera poco, la derecha tomó la bandera como propia -recordemos, como simple anécdota, los tirantes de Fraga- y en los últimos tiempos, en ese estado de crispación permanente en que vivimos, la cosa es aún más sangrante y nadie, salvo la derecha cerril, quiere parecer de derechas y es tanta la ostentación que la derecha ha hecho de la rojigualda como si fuera la bandera de la derecha que, sencillamente, lo ha conseguido. Y, ahora, cualquiera que quiera hacer alarde de su españolidad sin verse asociado a la derecha, recurre a la tricolor. Sea republicano consciente y consecuente... o no.
Con el toro coñaquero me sucedió -personalmente- un poco lo mismo. Encontré muy normal que se le reconociera como distintivo rutero: había dejado de ser el símbolo de una marca para ser una seña de identidad... de nuestras carreteras, no de otra cosa. Luego vino el ultranacionalismo catalán y la tomó con el toro. Consecuentemente, el toro fue utilizado para tocar los cojones a los ultranacionalistas... hasta que poco a poco, fue derivando en el símbolo de otro ultranacionalismo y entonces fue cuando yo rechacé el toro definitivamente. Antes me gustaba verlos por las carreteras; ahora me pongo malo cada vez que lo veo (y llegando a Zaragoza desde Lleida -en los últimos cuarenta o cincuenta kilómetros- hay nada menos que tres). Eso por no hablar de ciertas cuestiones de apropiacionismo intelectual alrededor del toro dichoso, pero ya hablaremos de ellas otro día.
Cualquier cosa es posible en esta España de desorden ideológico -entre otros muchísimos desórdenes-, en esta España mediocre regida por mediocres y sinvergüenzas. Y cuando digo regida por mediocres y sinvergüenzas me refiero a todos los que, de alguna manera, participan del poder del Sistema.
Eso incluye a la oposición.
Llevo ya mucho tiempo observando un fenómeno curioso -y quizá indeseable- como consecuencia de la apropiación partidista de símbolos que son comunes, que son de todos. He vuelto a ver -de lejos, claro, vivo en Barcelona- este fenómeno reproducido en la manifestación anti-ETA que ayer se llevó a cabo en Madrid: el uso de símbolos cuyo significado no se pretendería que fuera el estricto sino que se exhiben como una alternativa para significar lo que en su origen -ahora bastardeado- fue el símbolo genuino. Me refiero a la proliferación de banderas republicanas que se observa últimamente en manifestaciones masivas no convocadas ni monopolizadas por la derecha.
La manifestación de ayer en Madrid reunió, según cifras bastante unánimes, a unas 175.000 personas y, en medio de ese gentío, brillaba por su casi total ausencia la bandera española. La bandera española oficial, quiero decir, la rojigualda; en cambio, como destaca «Libertad Digital» (obviamente rasgándose las vestiduras), proliferaron las republicanas.
¿Era, propiamente hablando, republicano todo ese personal? Yo creo que no. Es verdad que la monarquía nunca ha sido aquí tan popular como se ha pretendido (al contrario, creo que los monárquicos son una exigua y polvorienta minoría) pero que tampoco existe un sentimiento republicano fuerte, serio y mucho menos estructurado; todavía habran de pasar años para que la palabra república no suponga reminiscencias traumáticas en ningún sentido, hasta que sea adulta la actual generación de escolares y eso sólo si conseguimos amordazar de una puta vez a los cabrones de todo bando e ideología que no callan ni acaban ya con la jodida guerra civil. Por lo demás, la inmensa mayoría de ciudadanos no tiene ganas de líos y aunque no trague a la vigente corona, si su sustitución por un régimen republicano ha de suponer algún riesgo para la molicie en que vive, mejor no meneallo. Y, sin embargo, banderas republicanas a manta en cualquier manifestación...
La clave me la dieron hace tiempo unos muchachos jóvenes, creo recordar que en Asturias: les gustaba ostentar su españolidad -me dijeron- pero no podían con la bandera facha. Ciertos son los toros. La bandera rojigualda tiene el sambenito de haber sido la bandera del franquismo y eso fue un problema cuando lo de ahora tuvo que mantenerla, por más que le cambiara el escudo y por más que se insistiera en que su implantación como bandera nacional fuera muy anterior al franquismo (de hecho, la bandera republicana sólo fue la nacional durante la II República, pues la Primera no cambió los colores monárquicos); por si fuera poco, la derecha tomó la bandera como propia -recordemos, como simple anécdota, los tirantes de Fraga- y en los últimos tiempos, en ese estado de crispación permanente en que vivimos, la cosa es aún más sangrante y nadie, salvo la derecha cerril, quiere parecer de derechas y es tanta la ostentación que la derecha ha hecho de la rojigualda como si fuera la bandera de la derecha que, sencillamente, lo ha conseguido. Y, ahora, cualquiera que quiera hacer alarde de su españolidad sin verse asociado a la derecha, recurre a la tricolor. Sea republicano consciente y consecuente... o no.
Con el toro coñaquero me sucedió -personalmente- un poco lo mismo. Encontré muy normal que se le reconociera como distintivo rutero: había dejado de ser el símbolo de una marca para ser una seña de identidad... de nuestras carreteras, no de otra cosa. Luego vino el ultranacionalismo catalán y la tomó con el toro. Consecuentemente, el toro fue utilizado para tocar los cojones a los ultranacionalistas... hasta que poco a poco, fue derivando en el símbolo de otro ultranacionalismo y entonces fue cuando yo rechacé el toro definitivamente. Antes me gustaba verlos por las carreteras; ahora me pongo malo cada vez que lo veo (y llegando a Zaragoza desde Lleida -en los últimos cuarenta o cincuenta kilómetros- hay nada menos que tres). Eso por no hablar de ciertas cuestiones de apropiacionismo intelectual alrededor del toro dichoso, pero ya hablaremos de ellas otro día.
Cualquier cosa es posible en esta España de desorden ideológico -entre otros muchísimos desórdenes-, en esta España mediocre regida por mediocres y sinvergüenzas. Y cuando digo regida por mediocres y sinvergüenzas me refiero a todos los que, de alguna manera, participan del poder del Sistema.
Eso incluye a la oposición.
jueves, 11 de enero de 2007
Miscelánea tardía
De la serie: «Los jueves, paella»
Ante todo, mil disculpas por la tardanza de esta paella. Mis parroquianos saben que este plato me gusta mucho más en el almuerzo que en la cena (aunque algunos buenos degustadores opinan lo contrario), pero aunque ya volví al trabajo el lunes, la verdadera rentrée postnavideña se me ha caído encima hoy -y sin avisar- y voy de cráneo. En fin, ya se dice que nunca es tarde si la dicha es buena, de modo que vamos allá...
____________________
El alcalde de Barcelona, el insigne heredero Hereu, ha decidido que ahora los okupas son mala gente. Si hasta hace poco la muchachada squatter era un signo de buen rollito y de transversalidad (tener okupas hace como de Amsterdam, oig, qué europeo y qué guay), ahora se ha acabado el cuento y venga, basta de dar por el culo y a la puta calle todos.
¿Qué habrá ocurrido?
Si uno fuera bien pensado, imaginaría que, bueno, la acción política debe ir en paralelo y, en el presente caso, junto a sólidas y consolidadas acciones públicas de promoción de vivienda y de espacio cultural libre y abierto (libre y abierto quiere decir, por ejemplo, hacer teatritos, pero no para regalárselos a la $GAE sino para que cualquiera disponga de un espacio en el que crear y recrear su obra sin tener que recurrir a los habituales y mafiosos circuitos de financiación y producción), también habría que ponerse duro porque, mirad, chicos, dadme tiempo y yo os hago casales y hoteles culturales, pero no me andéis okupando porque, aunque quede bonito y, en muchos casos, no sea moralmente del todo injusto, resulta que no es legal y esta sociedad funciona -hasta donde cabe decir que funciona- gracias al imperio de la ley.
Pero como veo que, de pronto, les ha entrado un amor loco por el imperio de la ley sin que exista el correspondiente y simétrico amor loco por la promoción de vivienda pública y asequible y de espacios culturales libres y abiertos, pues pienso mal. Además, no necesito tantas razones para pensar mal de los políticos: pienso mal por omisión. Lo malo es que, encima, acierto.
Así, pues, pongo el conmutador en automático, o sea, en «pensar mal ON» y vuelvo a preguntarme: ¿qué habrá ocurrido?
Pues lo que probablemente haya ocurrido es que el mundo inmobiliario ande sumido en temores. Los grandes tiburones, habiendo dejado la tierra quemada por estos pagos, han puesto sus ojos en los países europeos del antiguo telón de acero (que no se amarguen, pobres) y aquí se quedan los mafiosos de menor cuantía, los que sólo pueden aspirar a roer los huesos mal apurados y a mojar pan en la salsa ya un tanto gélida del festín de los gordos.
Y claro, entre las pequeñas pirañas cunde el pánico: se está hablando... demasiado... de este tema de la carestía de la vivienda; a los tiburones les intimidaba menos, porque ellos funcionaban en base a recalificaciones masivas y a adueñarse de barrios enteros, hectáreas y más hectáreas de rico suelo urbano a saco, magníficamente combinado todo ello con la megalomanía closística que abrió de nuevo la puerta a los edificios singulares (los rascacielos, para entendernos). Pero las pirañejas funcionan al detall y que se hable tanto del asunto les preocupa. Y encima, los greñudos estos que con una simple patada en la puerta le pueden fastidiar a uno la producción de muchos años de casa abandonada sobre jugoso solar.
Y ahí lo tienes: el Achuntamén es perfectamente sensible a las necesidades y cuitas de sus ciudadanos más afectos. Además, coñes, estamos ya prácticamente en campaña electoral y la gente esta de las rastas es que da mala imagen, no hace cool. Por lo tanto, hay que idear medios no sólo para echarles, sino para hacerlo rápidamente, antes de que se dé cuenta nadie. Y es que este asunto de jueces, abogados, juicios y tal, queda muy bonito para enseñarlo a los observadores de las entidades de vigilancia y promoción de los derechos humanos pero, oye, es la mar de incordiante y poco operativo. Así que vamos a hacer como bwana Zapatero con la Internet y nada de togas: desahucios exprés. Nada por aquí, nada por allá, patá en la puerta y guarros a la calle con toda su chatarra. Diez minutos, quince porrazos, doce o quince mil euros de movida y cuestión resuelta. La fiel piraña afecta habrá recuperado su inversión y su producto.
No, si ya decía yo...
Pero es que, además, ja, ja, ja, al heredero le crecen los enanos. Los resistentes franceses (en materia inmobiliaria se llaman Hijos del Quijote, es que hasta ellos manejan mejor que nosotros nuestra propia mitología literaria) han puesto sus ojos en Barcelona y ¡ostras! quieren montarle al Hereu un campamento en el corazón de la ciudad, en plena plaza Catalunya, como el que han organizado en París en apoyo de los clochards y los sin techo diversos. La cosa parece que está prevista para próximas fechas.
Seguiremos informando...
____________________
Hace pocos días leía en «El Periódico» la reseña de un libro (el enlace caducará muy pronto) realizado en base a entrevistas con presos convictos de terrorismo islámico. El libro se titula «Cuando Al Qaeda habla» y su autor es Farhad Josrojavar, un investigador iraní radicado en Francia, donde el libro ha sido publicado.
A falta de leer el libro, el artículo-reseña confirma mis temores de hace ya mucho tiempo: el islamismo constituido en nueva barbarie (entiéndase el término en su sentido histórico-etimológico) que se enfrenta, probablemente para vencerlo, al imperio en decadencia. Imperio -debería ser innecesario decirlo- que no es solamente Estados Unidos (el Gran Satán) aunque, indudablemente, lo lidera y controla, sino el entero mundo occidental, la civilización judeocristiana.
Al igual que en la antigüedad, sin prisa y sin pausa, pueblos enteros, dueños de una moral férrea manejada por un conjunto de creencias religiosas que tienden a la animosidad, justificados, además, por la abyecta injusticia que el poderoso comete ancestralmente sobre ellos, desafían primero y combaten seguidamente el orden imperial establecido.
El imperio, contrariamente, revolcándose en sus riquezas pero también en el vómito de sus orgías, se ha entregado, atado de pies y manos, al hedonismo, al materialismo y al individualismo; ha abandonado la vieja moral y declarado caducos a los dioses de sus antepasados y a las doctrinas que le llevaron -no sin esfuerzo y sin sacrificio- por el camino de la grandeza. Entrega su defensa a mercenarios; normaliza aberraciones y depravación en nombre de libertades falsas y de igualdades abyectas; eleva al poder a los mediocres y a gentes bajas, bajas en sentimientos, en cultura, en objetivos, en ética; hace de la virtud escarnio, de las masas objeto y del discrepante vituperio. La lista es inacabable.
Frente al abandono en la molicie, en la irresponsabilidad y en la ceguera, la férrea voluntad del sacrificio. Ya sabemos quién vencerá ¿verdad?
Y que nadie piense, como el Tenorio, «¡qué largo me lo fiáis!». Esta misma semana decía que el curso de la Historia se ha acelerado muchísimo y sigue acelerando sin parar. Desde su apogeo con Trajano hasta su derrumbamiento en occidente depuesto su último emperador, Rómulo Augústulo (que ya era hijo del bárbaro), a finales de siglo V, tuvieron que pasar casi trescientos años. Este proceso, hoy habrá de ser necesariamente mucho más breve. ¿Bastará una generación? O dos, todo lo más. Estamos hablando de nuestros hijos y de nuestros nietos.
Nos enfrentamos a la peor arma que se nos podía oponer. ¿Estamos perdidos?
____________________
Una amiga segoviana (un beso, Marina) ha tenido la santa paciencia de conservar y recopilar todos los SMS que le han enviado con ocasión de las fiestas de la VISA y muy especialmente con el cambio del año. Después ha seleccionado los mejores y los ha distribuido entre sus amigos por medio del inevitable pogüerpoin. Los hay muy buenos. He seleccionado unos cuantos -de entre esa selección de mejores- y cedo a la tentación de participaros de ellos (en un formato asequible, eso sí). Los hay de todo tipo: cariñosos, simpáticos, gorrinos... Apuntáoslos para dentro de un año. Ahí van...
Dios está enviando 1 sms navideño a todas las santas, ¿te ha llegado? A mi tampoco... ¡¡¡¡La jodimos por putas!!!!
Hay 20 pequeños ángeles. 10 hacen la siesta sobre su nube,9 juegan y 1 nena muy dulce está leyendo este sms.
...Cuando un sueño se cumple, un pequeño duende esboza una sonrisa. Que el 2007 sea el tiempo en que tu duende aprende a sonreir. Y si no sonríe con su tierna carita, sin dudar... Dale unas buenas hostias en los morros y retuércele los cojones hasta que sonría el cabrón del duende, que al fin y al cabo es el único favor de mierda que le pides en todo el año. ¡¡¡¡Feliz Año porque Si o por Cojones!!!!
Que la lluvia de la Felicidad te pille con el paraguas roto. Te empape y salpique a todos los que están a tu alrededor...
He leído tu horóscopo para el 2007:
Salud.- Los astros te sonríen.
Dinero.- Los astros te sonríen.
Sexo.- ¡Los astros se descojonan!
Abre la mano, espera... Ahora ciérrala. Póntela en la mejilla y ábrela... ¿Lo sentiste? Era un beso deseándote !!Feliz Año!!
Feliz Semana Santa, de parte de la asociación de alzeimer y nuestros mejores deseos para 1964 y que viva Franco!! Un abrazo
En estas navidades ZP te recuerda:
Si fumas... a la puta calle.
Si bebes... sin puntos.
Si corres... a la cárcel.
Si eres gordo... a régimen.
Las corridas... sin toros.
El fútbol... del Barça.
La Navidad... sin belen.
Solo gobernamos pensando cómo darte por el culo, que para eso lo hemos legalizado ¡Feliz Año Nuevo!
Brindo por ti. Brindo por la amistad. Brindo por el amod. Brindo pod mi. Bdindo poo todios. Bindo po binda. Buedísimo. Yuhuu, bindo odra ved. Grindo borgue dengabos essito y guidadin gon la garrederaaa, busashos, zi gebes do gonduzgass. Oye ¿Tú guién edes? Hic Geliz cía e Deyed hip...
Bueno, seguro que conoceréis alguno que otro. La red es larga y ancha.
____________________
Y hasta aquí hemos llegado, no muy lejana ya la hora de irse a la cama, pero jueves aún, eso sí. El próximo será 18 y, según todos los pronósticos, no vendrá el frío ni a tiros. En casa hemos quitado la funda nórdica -y eso que mi santa es friolerísima- porque más que dormir, nos cocíamos.
Cuando yo era jovencito y pasaban cosas así, se solía decir que el tiempo estaba loco. Ahora se dice que es el calentamiento global. Lo malo es que mientras lo primero era una forma de hablar, lo segundo parece que es verdad de la buena. Me parece a mí que la venganza última y anticipada del imperio va a ser no dejar a los bárbaros ni rastro de lo que antes fue un planeta.
Nos vemos en una semana. Y seguiremos de manga corta (al menos yo: no tengo camisas de manga larga).
Ante todo, mil disculpas por la tardanza de esta paella. Mis parroquianos saben que este plato me gusta mucho más en el almuerzo que en la cena (aunque algunos buenos degustadores opinan lo contrario), pero aunque ya volví al trabajo el lunes, la verdadera rentrée postnavideña se me ha caído encima hoy -y sin avisar- y voy de cráneo. En fin, ya se dice que nunca es tarde si la dicha es buena, de modo que vamos allá...
El alcalde de Barcelona, el insigne heredero Hereu, ha decidido que ahora los okupas son mala gente. Si hasta hace poco la muchachada squatter era un signo de buen rollito y de transversalidad (tener okupas hace como de Amsterdam, oig, qué europeo y qué guay), ahora se ha acabado el cuento y venga, basta de dar por el culo y a la puta calle todos.
¿Qué habrá ocurrido?
Si uno fuera bien pensado, imaginaría que, bueno, la acción política debe ir en paralelo y, en el presente caso, junto a sólidas y consolidadas acciones públicas de promoción de vivienda y de espacio cultural libre y abierto (libre y abierto quiere decir, por ejemplo, hacer teatritos, pero no para regalárselos a la $GAE sino para que cualquiera disponga de un espacio en el que crear y recrear su obra sin tener que recurrir a los habituales y mafiosos circuitos de financiación y producción), también habría que ponerse duro porque, mirad, chicos, dadme tiempo y yo os hago casales y hoteles culturales, pero no me andéis okupando porque, aunque quede bonito y, en muchos casos, no sea moralmente del todo injusto, resulta que no es legal y esta sociedad funciona -hasta donde cabe decir que funciona- gracias al imperio de la ley.
Pero como veo que, de pronto, les ha entrado un amor loco por el imperio de la ley sin que exista el correspondiente y simétrico amor loco por la promoción de vivienda pública y asequible y de espacios culturales libres y abiertos, pues pienso mal. Además, no necesito tantas razones para pensar mal de los políticos: pienso mal por omisión. Lo malo es que, encima, acierto.
Así, pues, pongo el conmutador en automático, o sea, en «pensar mal ON» y vuelvo a preguntarme: ¿qué habrá ocurrido?
Pues lo que probablemente haya ocurrido es que el mundo inmobiliario ande sumido en temores. Los grandes tiburones, habiendo dejado la tierra quemada por estos pagos, han puesto sus ojos en los países europeos del antiguo telón de acero (que no se amarguen, pobres) y aquí se quedan los mafiosos de menor cuantía, los que sólo pueden aspirar a roer los huesos mal apurados y a mojar pan en la salsa ya un tanto gélida del festín de los gordos.
Y claro, entre las pequeñas pirañas cunde el pánico: se está hablando... demasiado... de este tema de la carestía de la vivienda; a los tiburones les intimidaba menos, porque ellos funcionaban en base a recalificaciones masivas y a adueñarse de barrios enteros, hectáreas y más hectáreas de rico suelo urbano a saco, magníficamente combinado todo ello con la megalomanía closística que abrió de nuevo la puerta a los edificios singulares (los rascacielos, para entendernos). Pero las pirañejas funcionan al detall y que se hable tanto del asunto les preocupa. Y encima, los greñudos estos que con una simple patada en la puerta le pueden fastidiar a uno la producción de muchos años de casa abandonada sobre jugoso solar.
Y ahí lo tienes: el Achuntamén es perfectamente sensible a las necesidades y cuitas de sus ciudadanos más afectos. Además, coñes, estamos ya prácticamente en campaña electoral y la gente esta de las rastas es que da mala imagen, no hace cool. Por lo tanto, hay que idear medios no sólo para echarles, sino para hacerlo rápidamente, antes de que se dé cuenta nadie. Y es que este asunto de jueces, abogados, juicios y tal, queda muy bonito para enseñarlo a los observadores de las entidades de vigilancia y promoción de los derechos humanos pero, oye, es la mar de incordiante y poco operativo. Así que vamos a hacer como bwana Zapatero con la Internet y nada de togas: desahucios exprés. Nada por aquí, nada por allá, patá en la puerta y guarros a la calle con toda su chatarra. Diez minutos, quince porrazos, doce o quince mil euros de movida y cuestión resuelta. La fiel piraña afecta habrá recuperado su inversión y su producto.
No, si ya decía yo...
Pero es que, además, ja, ja, ja, al heredero le crecen los enanos. Los resistentes franceses (en materia inmobiliaria se llaman Hijos del Quijote, es que hasta ellos manejan mejor que nosotros nuestra propia mitología literaria) han puesto sus ojos en Barcelona y ¡ostras! quieren montarle al Hereu un campamento en el corazón de la ciudad, en plena plaza Catalunya, como el que han organizado en París en apoyo de los clochards y los sin techo diversos. La cosa parece que está prevista para próximas fechas.
Seguiremos informando...
Hace pocos días leía en «El Periódico» la reseña de un libro (el enlace caducará muy pronto) realizado en base a entrevistas con presos convictos de terrorismo islámico. El libro se titula «Cuando Al Qaeda habla» y su autor es Farhad Josrojavar, un investigador iraní radicado en Francia, donde el libro ha sido publicado.
A falta de leer el libro, el artículo-reseña confirma mis temores de hace ya mucho tiempo: el islamismo constituido en nueva barbarie (entiéndase el término en su sentido histórico-etimológico) que se enfrenta, probablemente para vencerlo, al imperio en decadencia. Imperio -debería ser innecesario decirlo- que no es solamente Estados Unidos (el Gran Satán) aunque, indudablemente, lo lidera y controla, sino el entero mundo occidental, la civilización judeocristiana.
Al igual que en la antigüedad, sin prisa y sin pausa, pueblos enteros, dueños de una moral férrea manejada por un conjunto de creencias religiosas que tienden a la animosidad, justificados, además, por la abyecta injusticia que el poderoso comete ancestralmente sobre ellos, desafían primero y combaten seguidamente el orden imperial establecido.
El imperio, contrariamente, revolcándose en sus riquezas pero también en el vómito de sus orgías, se ha entregado, atado de pies y manos, al hedonismo, al materialismo y al individualismo; ha abandonado la vieja moral y declarado caducos a los dioses de sus antepasados y a las doctrinas que le llevaron -no sin esfuerzo y sin sacrificio- por el camino de la grandeza. Entrega su defensa a mercenarios; normaliza aberraciones y depravación en nombre de libertades falsas y de igualdades abyectas; eleva al poder a los mediocres y a gentes bajas, bajas en sentimientos, en cultura, en objetivos, en ética; hace de la virtud escarnio, de las masas objeto y del discrepante vituperio. La lista es inacabable.
Frente al abandono en la molicie, en la irresponsabilidad y en la ceguera, la férrea voluntad del sacrificio. Ya sabemos quién vencerá ¿verdad?
Y que nadie piense, como el Tenorio, «¡qué largo me lo fiáis!». Esta misma semana decía que el curso de la Historia se ha acelerado muchísimo y sigue acelerando sin parar. Desde su apogeo con Trajano hasta su derrumbamiento en occidente depuesto su último emperador, Rómulo Augústulo (que ya era hijo del bárbaro), a finales de siglo V, tuvieron que pasar casi trescientos años. Este proceso, hoy habrá de ser necesariamente mucho más breve. ¿Bastará una generación? O dos, todo lo más. Estamos hablando de nuestros hijos y de nuestros nietos.
Nos enfrentamos a la peor arma que se nos podía oponer. ¿Estamos perdidos?
Una amiga segoviana (un beso, Marina) ha tenido la santa paciencia de conservar y recopilar todos los SMS que le han enviado con ocasión de las fiestas de la VISA y muy especialmente con el cambio del año. Después ha seleccionado los mejores y los ha distribuido entre sus amigos por medio del inevitable pogüerpoin. Los hay muy buenos. He seleccionado unos cuantos -de entre esa selección de mejores- y cedo a la tentación de participaros de ellos (en un formato asequible, eso sí). Los hay de todo tipo: cariñosos, simpáticos, gorrinos... Apuntáoslos para dentro de un año. Ahí van...
Dios está enviando 1 sms navideño a todas las santas, ¿te ha llegado? A mi tampoco... ¡¡¡¡La jodimos por putas!!!!
Hay 20 pequeños ángeles. 10 hacen la siesta sobre su nube,9 juegan y 1 nena muy dulce está leyendo este sms.
...Cuando un sueño se cumple, un pequeño duende esboza una sonrisa. Que el 2007 sea el tiempo en que tu duende aprende a sonreir. Y si no sonríe con su tierna carita, sin dudar... Dale unas buenas hostias en los morros y retuércele los cojones hasta que sonría el cabrón del duende, que al fin y al cabo es el único favor de mierda que le pides en todo el año. ¡¡¡¡Feliz Año porque Si o por Cojones!!!!
Que la lluvia de la Felicidad te pille con el paraguas roto. Te empape y salpique a todos los que están a tu alrededor...
He leído tu horóscopo para el 2007:
Salud.- Los astros te sonríen.
Dinero.- Los astros te sonríen.
Sexo.- ¡Los astros se descojonan!
Abre la mano, espera... Ahora ciérrala. Póntela en la mejilla y ábrela... ¿Lo sentiste? Era un beso deseándote !!Feliz Año!!
Feliz Semana Santa, de parte de la asociación de alzeimer y nuestros mejores deseos para 1964 y que viva Franco!! Un abrazo
En estas navidades ZP te recuerda:
Si fumas... a la puta calle.
Si bebes... sin puntos.
Si corres... a la cárcel.
Si eres gordo... a régimen.
Las corridas... sin toros.
El fútbol... del Barça.
La Navidad... sin belen.
Solo gobernamos pensando cómo darte por el culo, que para eso lo hemos legalizado ¡Feliz Año Nuevo!
Brindo por ti. Brindo por la amistad. Brindo por el amod. Brindo pod mi. Bdindo poo todios. Bindo po binda. Buedísimo. Yuhuu, bindo odra ved. Grindo borgue dengabos essito y guidadin gon la garrederaaa, busashos, zi gebes do gonduzgass. Oye ¿Tú guién edes? Hic Geliz cía e Deyed hip...
Bueno, seguro que conoceréis alguno que otro. La red es larga y ancha.
Y hasta aquí hemos llegado, no muy lejana ya la hora de irse a la cama, pero jueves aún, eso sí. El próximo será 18 y, según todos los pronósticos, no vendrá el frío ni a tiros. En casa hemos quitado la funda nórdica -y eso que mi santa es friolerísima- porque más que dormir, nos cocíamos.
Cuando yo era jovencito y pasaban cosas así, se solía decir que el tiempo estaba loco. Ahora se dice que es el calentamiento global. Lo malo es que mientras lo primero era una forma de hablar, lo segundo parece que es verdad de la buena. Me parece a mí que la venganza última y anticipada del imperio va a ser no dejar a los bárbaros ni rastro de lo que antes fue un planeta.
Nos vemos en una semana. Y seguiremos de manga corta (al menos yo: no tengo camisas de manga larga).
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